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martes, 2 de mayo de 2017

Guerra de España ( 1936 - 1939 ) " 3ª Parte "



Diciembre de 1937- noviembre de 1938, de la batalla de Teruel a la batalla del Ebro.

El 12 de diciembre de 1937, la 11 División republicana al mando del jefe miliciano comunista Enrique Líster corta las vías de comunicación de la ciudad de Teruel con la retaguardia nacional. Así da comienzo la batalla de Teruel, cuya estrategia ha sido diseñada por el Jefe del Estado Mayor republicano, el coronel Vicente Rojo. El objetivo es conquistar este saliente que en las líneas enemigas representaba Teruel además de impedir el ataque de los nacionales, contra Madrid previsto para el día 18 de diciembre, y alcanzar un éxito militar como era tomar una capital de provincia en manos de los sublevados desde el inicio de la guerra para fortalecer la confianza interior y exterior en la causa republicana tras la derrota de la Campaña del Norte en un momento en que la llegada de material bélico de la Unión Soviética estaba reduciéndose a causa de las dificultades que estaba encontrando para pasar la frontera francesa por la caída del gobierno del socialista Leon Blum. El general Franco reaccionó inmediatamente para romper el cerco de Teruel pero como no pudo conseguirlo en el primer intento tuvo que enviar más fuerzas y suspender el ataque previsto sobre Madrid, con lo que uno de los objetivos estratégicos republicanos de la ofensiva sobre Teruel se había conseguido. Las bajas temperaturas y las nevadas dificultaron las acciones de los dos ejércitos e impidieron que los nacionales, rompieran el cerco, a pesar de gozar de superioridad aérea y artillera, por lo que el coronel Domingo Rey d'Harcourt decidió rendirse el 8 de enero, y las fuerzas republicanas, la 46.ª División al mando del miliciano Valentín González El Campesino, ocuparon la ciudad. A partir de entonces las fuerzas nacionales, redoblaron sus ataques para reconquistar Teruel lanzando varias ofensivas que fueron minando las defensas y la moral de las fuerzas republicanas. El 7 de febrero de 1938, alcanzaron la línea del río Alfambra y el 21 de febrero la ciudad estaba cercada. La División 46 mandada por el Campesino, escapó o huyó, según las diferentes versiones, y la ciudad fue reconquistada por los nacionales. El valor de unos soldados bisoños mal conducidos, armados y vestidos y enfrentados por rencores políticos anarquistas frente a comunistas poco podía hacer contra tropas experimentadas y bien equipadas y, sobre todo, contra los bombardeos. El coronel Vicente Rojo le escribió al ministro de Defensa de la República Indalecio Prieto sobre la retirada de Teruel de la División 46.

La batalla de Teruel mostró las debilidades del ejército republicano lo que indujo al Generalísimo Franco a posponer definitivamente el ataque a Madrid para en su lugar lanzar la ofensiva de Aragón contra Cataluña y Valencia. El ataque, que iba a extenderse por todo el frente de Aragón, comenzó al sur del río Ebro el 9 de marzo, donde el frente se derrumbó ante la gran concentración de fuego artillero y de aviación. El día 14 el CTV tomaba Alcañiz y el 17 los nacionales, tomaban Caspe, después de haber reconquistado Belchite. Lo mismo sucedió al norte del Ebro donde tomaron Fraga el 27 de marzo, y a principios de abril llegaron a Lérida, donde la 101.ª Brigada Mixta mandada por el jefe miliciano Pedro Mateo Merino impidió que cruzaran el río Segre por allí. Al norte de Lérida avanzaron hasta el Noguera Pallaresa y establecieron cabezas de puente en Balaguer y Tremp. Una vez alcanzadas esas posiciones el Generalísmo Franco descartó dirigirse hacia Barcelona y optó por avanzar hacia el Mediterráneo al sur de la desembocadura del Ebro, objetivo que alcanzaron el 15 de abril al llegar a Vinaroz, con lo que la zona republicana quedó dividida en dos.

El fracaso de la batalla de Teruel y el derrumbe del frente de Aragón provocaron la crisis de marzo de 1938 en el bando republicano cuando el presidente del gobierno Juan Negrín intentó que Indalecio Prieto cambiara de ministerio y dejara el de Defensa ya que, como el presidente de la República Manuel Azaña, Prieto consideraba que lo que había sucedido mostraba que el ejército republicano nunca podría ganar la guerra y que había que negociar una rendición con apoyo franco - británico. Pero al no conseguirlo Negrín le pidió a Prieto que abandonara al gobierno, recomponiendo a continuación su gabinete el 6 de abril, y asumiendo Negrín personalmente el Ministerio de Defensa, con el coronel comunista Antonio Cordón como subsecretario de Guerra, que procedió a la reorganización de las fuerzas republicanas agrupadas en dos grandes grupos de ejércitos, en consonancia con la división de la zona republicana provocada por la llegada de los nacionales, al Mediterráneo: el GERC, Grupo de Ejércitos de la Región Centro-Sur y el GERO, Grupo de Ejércitos de la Región Oriental. Las posiciones del nuevo gobierno de Negrín con vistas a unas posibles negociaciones de paz quedaron fijadas en su Declaración de los 13 puntos, hecha pública en la significativa fecha del 1º de mayo de 1938.



Una vez alcanzado el Mediterráneo el Generalísimo Franco decidió dirigir sus tropas contra Valencia en lugar de contra Barcelona, sede del gobierno republicano, no porque temiera, según el historiador Michael Alpert, que Cataluña fuera un bocado difícil, sino porque la presencia de fuerzas alemanas e italianas en España hacía que un posible acercamiento de Franco a la frontera francesa pudiera suscitar tensiones internacionales. Se inicia así la ofensiva del Levante cuyo plan consistía en converger sobre Sagunto, a unos 20 kilómetros al norte de Valencia, avanzado por la costa desde Vinaroz y por el interior desde Teruel, para desde allí tomar Valencia. La resistencia republicana fue dura especialmente cuando las fuerzas nacionales, tras conquistar Castellón de la Plana el 13 de junio, alcanzaron la línea de fortificaciones llamada línea XYZ que se extendía desde Almenara, unos kilómetros al norte de Sagunto, en la costa hasta el río Turia en el interior. Allí las tropas nacionales, tuvieron que detener su avance.

El 25 de julio de 1938, el republicano Ejército del Ebro, uno de los dos grandes cuerpos del ejército de que se componía el recién creado GERO, cruza en barcazas por sorpresa el río Ebro entre Mequinenza y Amposta con el objetivo de atacar desde el norte al ejército nacional, que se acercaba a Valencia. Fue el inicio de la batalla del Ebro que se convirtió para ambos bandos en una dura lucha de desgaste. Aunque el paso del Ebro por Amposta en la costa fue pronto liquidado por las fuerzas nacionales, el grueso del Ejército republicano llegó a las puertas de Gandesa en el interior pero no logró tomar esta localidad debido a la fuerte resistencia que opusieron las unidades de regulares y de legionarios que la defendían y sobre todo porque inexplicablemente la aviación republicana no protegió el avance y la Legión Cóndor enviada rápidamente por el general Franco dominó los aires y bombardeó y ametralló constantemente las posiciones republicanas. Así que hacia el 2 o el 3 de agosto, la maniobra republicana había fracasado ya que no se iba a producir ninguna irrupción de unidades republicanas en el territorio dominado por los sublevados. A partir de ese momento las operaciones se centraron en la bolsa de territorio ganado por los republicanos al sur del Ebro, que estos defendieron a toda costa mientras que los nacionales, intentaban desalojarlos de allí, a pesar de que algunos de los colaboradores del general Franco le aconsejaron que abandonara el frente del Ebro una vez detenido el avance republicano y reemprendiera la campaña contra Valencia, pero Franco pensó, sin embargo, que con la ayuda constante que recibía desde Alemania e Italia en aviación y artillería pesada, con su mayor flexibilidad logística, frente a un enemigo que no podía llevar refuerzos a sus tropas por estar cerrada la frontera francesa, y con el virtual bloqueo marítimo de las costas, podría destruir lentamente lo mejor de las fuerzas de la República. Después de tres meses de duros combates, que causaron más de 60.000 bajas por cada bando, los republicanos tuvieron que retirarse y volver a cruzar el Ebro en sentido contrario. El 16 de noviembre, lo hacían las últimas unidades poniendo fin así a la batalla del Ebro, la más larga de la guerra y que supuso una nueva victoria para el bando sublevado.

Mientras se desarrollaba la batalla del Ebro estalló la crisis de los Sudetes de Checoslovaquia que podía conducir a la guerra en Europa. Negrín decidió entonces retirar las Brigadas Internacionales para conseguir una actitud favorable hacia la República de las potencias democráticas Francia y Gran Bretaña y lo mismo hizo el general Franco al reducir la presencia de tropas italianas, aunque conservando lo que realmente le interesaba de la ayuda fascista italiana, la artillería, la aviación y los carros de combate, y garantizar a Gran Bretaña y Francia que se mantendría neutral si estallara la guerra en Europa. Sin embargo el cierre de la crisis con los acuerdos de Múnich del 29 de septiembre de 1938, según los cuales Checoslovaquia debería entregar los Sudetes a Hitler, supuso una nueva derrota para la República en el plano internacional porque el acuerdo significaba que las potencias democráticas, Francia y Gran Bretaña, continuaban con su política de apaciguamiento respecto de la Alemania nazi, y si no intervenían para defender a Checoslovaquia menos lo harían para ayudar a la República española.


Diciembre de 1938-marzo de 1939: ofensiva sobre Cataluña.

Los dos ejércitos salieron muy quebrantados de la batalla del Ebro, pero los nacionales lograron rehacerse rápidamente, estando, a principios de diciembre de 1938, preparados para comenzar la ofensiva de Cataluña, que sería la última significativa de la guerra, en un momento en que tras los acuerdos de Múnich atacar Cataluña ya no implicaba el peligro de una reacción francesa, Francia y Gran Bretaña habían aceptado, al menos tácitamente, la continuación de la presencia italiana en España, y solo deseaban el fin del conflicto. Por su parte, Franco había garantizado su neutralidad en caso de una guerra general.

El ataque a Cataluña se retrasó a causa del mal tiempo y finalmente comenzó el 23 de diciembre, avanzando desde el sur y desde el oeste, encontrando una fuerte resistencia durante las dos primeras semanas. Sobre el día 6 de enero, los restos del Ejército del Ebro habían quedado casi completamente diezmados, mientras que el otro grupo de ejércitos del GERO, el Ejército del Este, se batía en retirada. El jefe del Estado Mayor republicano, el general Vicente Rojo, proyectó una maniobra de diversión en la zona centro-sur para aliviar la presión sobre Cataluña, pero fracasó hubo que desistir del desembarco en Motril por la debilidad de la flota republicana, minada por la desidia, la indisciplina y la falta de una clara dirección político-estratégica, la ofensiva en el frente de Extremadura tuvo escaso éxito dada la baja moral y la falta de material y de medios de transporte que padecían los ejércitos de la zona centro-sur GERC al mando del general Miaja.

Así pues, a partir de la primera semana de enero de 1939 el avance de las tropas nacionales fue prácticamente imparable, gracias de nuevo a la mejor preparación de sus mandos intermedios -comandantes, tenientes y coroneles, a su superioridad artillera y aérea por la presencia permanente de la Legión Cóndor y de la aviación italiana y a que la flota sublevada bombardeó los puertos impidiendo la llegada de material para las fuerzas republicanas. Los nacionales en su avance hacían cada vez mayor número de prisioneros, lo que siempre constituye un indicio de la descomposición de un ejército. Artesa de Segre fue tomada el 4 de enero, Tárrega, el 21 Villafranca del Panadés, el 22 Igualada y el 24 alcanzaron el río Llobregat. Los destrozados ejércitos republicanos se retiraron hacia la frontera francesa acompañados por una inmensa muchedumbre de civiles y de funcionarios y de autoridades que colapsaba las carreteras. El 26 de enero los nacionales sin encontrar apenas resistencia entraban en Barcelona, abandonada por el gobierno y las autoridades militares que cruzaron la frontera francesa el 5 de febrero después de celebrar la última reunión de lo que quedaba de las Cortes republicanas en el castillo de Figueras. Un día antes, el 4 de febrero, los nacionales habían ocupado Gerona. El general Vicente Rojo Lluch comparó un año después desde el exilio lo que había sucedido en Madrid en noviembre de 1936 y lo que había pasado en Barcelona en enero de 1939.

¡Qué ambiente tan distinto! ¡Qué entusiasmo entonces! ¡Y qué decaimiento ahora! Barcelona cuarenta y ocho horas antes de la entrada del enemigo era una ciudad muerta... Se perdió lisa y llanamente porque no hubo voluntad de resistencia, ni en la población civil, ni en algunas tropas contaminadas por el ambiente

Entre el 5 y el 11 de febrero los últimos restos de los dos ejércitos republicanos del GERO cruzaron ordenadamente la frontera deponiendo sus armas y siendo internados a continuación en campamentos improvisados situados en las playas francesas a la intemperie.

Mientras las tropas republicanas cruzaban la frontera francesa, se producía la ocupación de Menorca por los nacionales gracias a la intervención británica, la única que se produjo en la Guerra de España. Para impedir que la estratégica isla de Menorca, que durante toda la guerra había permanecido bajo soberanía republicana, pudiera caer bajo dominio italiano o alemán, el gobierno británico aceptó la propuesta del jefe franquista de la Región Aérea de las Baleares, Fernando Sartorius, conde de San Luis, para que un barco de la Royal Navy lo trasladara a Mahón y negociar allí la rendición de la isla a cambio de que las autoridades civiles y militares republicanas pudieran abandonarla bajo protección británica. El gobierno británico puso en marcha la operación sin informar al embajador republicano en Londres, Pablo de Azcárate, que cuando más tarde se enteró presentó una protesta formal por haber prestado un buque británico a un emisario de las autoridades rebeldes españolas. Así pues, en la mañana del 7 de febrero arribaba al puerto de Mahón el crucero Devonshire con el conde de San Luis a bordo, donde se entrevistó con el gobernador republicano el capitán de navío Luis González de Ubieta, quien tras intentar infructuosamente contactar con Negrín, aceptó las condiciones de la rendición al día siguiente. A las 5 de la madrugada del 9 de febrero el Devonshire partía de Mahón rumbo a Marsella con 452 refugiados a bordo. Inmediatamente Menorca fue ocupada por los nacionales sin que participara ningún contingente ni italiano ni alemán. La intervención británica dio lugar a un acalorado debate en la Cámara de los Comunes el 13 de febrero durante el cual la oposición laborista acusó al gobierno conservador de Neville Chamberlain de haber comprometido al Reino Unido en favor de Franco. Al día siguiente el representante oficioso del general Franco en Londres, el Duque de Alba, hizo llegar al secretario del Foreign Office Lord Halifax la gratitud del Generalísmo y del gobierno nacional" por colaborar en "reconquistar Menorca.

El día 9 de febrero cruzó la frontera francesa el presidente del gobierno, Juan Negrín, pero en Toulouse cogió un avión para regresar a Alicante al día siguiente acompañado de algunos ministros con la intención de reactivar la guerra en la zona centro-sur, el último reducto de la zona republicana. Allí se desató una última batalla entre los que consideraban inútil seguir combatiendo y los que todavía pensaban que resistir es vencer esperando que las tensiones en Europa acabaran estallando y Gran Bretaña y Francia, por fin, acudirían en ayuda de la República española, o que al menos impondrían a Franco una paz sin represalias, pero el cansancio de la guerra y el hambre y la crisis de subsistencias que asolaba la zona republicana estaban minando la capacidad de resistencia de la población. El problema para Negrín, que instaló su cuartel general en una finca cercana a la localidad alicantina de Elda cuyo nombre en clave era Posición Yuste era cómo terminar la guerra sin combatir de manera distinta a la de entrega sin condiciones. Su posición fue prácticamente insostenible cuando el 27 de febrero, Francia y Gran Bretaña reconocieron al gobierno de Franco en Burgos como el gobierno legítimo de España, y al día siguiente el presidente de la República Manuel Azaña que se encontraba en la embajada española en París renunció a su cargo.

El día 24 de febrero, Negrín abandonó Madrid tras celebrar un consejo de ministros e instaló su cuartel general en una finca cercana a la localidad alicantina de Elda la Posición Yuste, que era su nombre en clave. Tres días después, el 27 de febrero, Francia y Gran Bretaña reconocían al gobierno de Franco en Burgos como el gobierno legítimo de España, y el día 28 de febrero, ante este reconocimiento internacional, se hacía oficial la renuncia a la Presidencia de la República de Manuel Azaña y su sustitución provisional por el presidente de las Cortes, Diego Martínez Barrio ambos se encontraban en Francia. Después de todos estos hechos la posición de Negrín era insostenible.

Mientas tanto estaba muy avanzada la conspiración militar y política contra el gobierno Negrín dirigida por el jefe del Ejército del Centro, el coronel Segismundo Casado, convencido de que sería más fácil liquidar la guerra a través de un entendimiento entre militares por lo que había entrado en contacto a través de la quinta columna con el Cuartel General del Generalísimo Franco para una rendición del ejército republicano sin represalias al modo del abrazo de Vergara de 1839, que puso fin a la primera guerra carlista con la conservación de los empleos y cargos militares, incluida. Algo a lo que los emisarios del general Franco nunca se comprometieron. Casado consiguió el apoyo de varios jefes militares, entre los que destacaba el anarquista Cipriano Mera, jefe del IV Cuerpo de Ejército, y de algunos políticos importantes, como el socialista Julián Besteiro, que también había mantenido contacto con los quintacolumnistas de Madrid. Todos ellos criticaban la estrategia de resistencia de Negrín y su dependencia de la Unión Soviética y del PCE, que eran los únicos que apoyaban ya la política de Negrín.


Probablemente en conexión con la conjura casadista, el 4 de marzo se produjo la sublevación de la base naval de Cartagena encabezada por militares profranquistas alentados por la quinta columna que había desplegado una intensa actividad en la base y en la ciudad. Durante el día 4 y el 5 tienen lugar combates entre los sublevados y los resistentes republicanos. Y en medio de ellos, el almirante Miguel Buiza ordena a la flota republicana que abandone el puerto y la dirige a la base naval de Bizerta en el protectorado francés de Túnez, a pesar de que la sublevación había sido dominada en Cartagena por las fuerzas republicanas el día 7 de marzo.

Marzo de 1939, derrota de la República.

El 5 de marzo, al día siguiente del inicio de la sublevación de Cartagena, comenzó el golpe de Casado apoderándose sus partidarios de los puntos neurálgicos de Madrid y anunciando a continuación la formación de un Consejo Nacional de Defensa presidido por el general Miaja. El Consejo emitió un manifiesto por radio dirigido a la España antifascista en el que se deponía al gobierno de Negrín, pero no hablaba para nada de las negociaciones de paz. Las unidades militares controladas por los comunistas opusieron resistencia en Madrid y sus alrededores pero fueron derrotados hubo cerca de 2000 muertos. Al día siguiente Negrín y su gobierno, junto con los principales dirigentes comunistas, abandonaron España en avión para evitar ser apresados por los casadistas.

Consumado el golpe de Casado, el general Franco se negó a aceptar un nuevo abrazo de Vergara, como Mola también lo había rechazado en el primer día del golpe de 1936, y no concedió a Casado ninguna de las garantías imploradas casi de rodillas por sus emisarios que solo se entrevistaron con miembros de baja graduación del Cuartel General, y contestó a británicos y franceses, deseosos de actuar como intermediarios en la rendición de la República para así contener la influencia alemana e italiana sobre el nuevo régimen, que no los necesitaba y que el espíritu de generosidad de los vencedores constituía la mejor garantía para los vencidos.

 Comunicado emitido por el Cuartel General del Generalísimo anunciando el fin de la guerra
Franco únicamente aceptaba una rendición sin condiciones por lo que solo restaba preparar la evacuación de Casado y el Consejo Nacional de Defensa. Estos embarcaron con sus familias el 29 de marzo, en el destructor británico que los trasladó a Marsella el socialista Julián Besteiro decidió quedarse. Un día antes las tropas nacionales hicieron su entrada en Madrid y rápidamente los sublevados en su ofensiva final ocuparon prácticamente sin lucha toda la zona centro-sur que había permanecido bajo la autoridad de la República durante toda la guerra el 29 de marzo, Cuenca, Albacete, Ciudad Real, Jaén, Almería y Murcia, el 30 de marzo, Valencia y Alicante, y el 31 de marzo la ciudad de Cartagena. En Alicante desde el día 29 de marzo unas 15.000 personas, entre jefes militares, políticos republicanos, combatientes y población civil que habían huido de Madrid y de otros lugares se apiñaban en el puerto a la espera de embarcar en algún barco británico o francés, pero la mayoría no lo lograron y fueron apresados por las tropas italianas de la División Littorio, al mando del general Gastone Gambara. Muchos de los capturados fueron ejecutados allí mismo.

El 1 de abril de 1939 la radio del bando rebelde Radio Nacional de España, difundía el último parte de la guerra civil española, que decía lo siguiente:

En el día de hoy, cautivo y desarmado el ejército rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado. Burgos, 1º de abril de 1939, año de la victoria. El Generalísimo. Fdo. Francisco Franco Bahamonde.


La guerra naval. Guerra Civil Española en el mar.

En la guerra civil española predominaron las acciones terrestres sobre las marítimas, y las marinas de ambos bandos evitaron las grandes acciones de guerra por motivos políticos y estratégicos. Así, después de los combates por el control del estrecho de Gibraltar de 1936, las dos flotas no tuvieron encuentros decisivos en el mar y sus estrategias se movieron en contextos muy conservadores, tendentes sobre todo a la conservación de sus efectivos. El historiador Michael Alpert, en su estudio titulado La guerra civil española en el mar, afirma que las dos marinas de guerra españolas tuvieron que rehacerse, pero que la gubernamental no consiguió estar a la altura del momento y, a pesar de contar con la mayoría de las unidades de la flota, desempeñó un papel defensivo durante la mayor parte de la contienda. En cambio la Marina de los sublevados aprovechó al máximo sus exiguos recursos y la ayuda que recibió del extranjero.

Desde principios del siglo XX, la función primordial de la marina de guerra ya no era destruir los barcos del enemigo, sino bloquear sus rutas marítimas y sus puertos e impedir sus movimientos en la costa. Esto es lo que realizó cada vez con más éxito la marina del bando sublevado, mientras que la marina que permaneció fiel al gobierno abandonó ese objetivo después de las primeras semanas y adoptó una posición defensiva cuyo objetivo era proteger las comunicaciones marítimas propias, mientras los nacionales se esforzaban en interferirlas.

Al principio de la Guerra Civil, la marina republicana era muy superior a la que quedó en manos de los sublevados, pues estaba integrada por la práctica totalidad de la Armada española de aquel entonces, el acorazado Jaime I botado en 1914, los cruceros ligeros Libertad botado en 1925, Miguel de Cervantes botado en 1928 y Méndez Núñez botado en 1923, dieciséis destructores en servicio o a punto de entregar; siete torpederos; doce submarinos del submarino Isaac Peral C-1 al submarino C-6 y del submarino B-1 al submarino B-6, un cañonero, cuatro guardacostas y la casi totalidad de la Aeronáutica Naval.

A pesar de contar con una flota tan importante, el problema residió en que a lo largo de la guerra no se consiguieron superar los efectos de la represión que tuvo lugar en el momento del golpe de estado de julio de 1936, cuando la marinería y los suboficiales se rebelaron para impedir que los barcos se sumaran a la sublevación, ya que la inmensa mayoría de la oficialidad era partidaria del golpe. En una fecha tan avanzada como mayo de 1938, un informe presentado al presidente Juan Negrín sobre la situación de la flota señalaba la ausencia de eficacia y de disciplina. En general la moral ofensiva de los mandos es pequeña y la moral de combate de las dotaciones es baja. Además, apuntaba la presencia de la quinta columna franquista tanto en la Flota como en la base naval de Cartagena Moral derrotista. Mucho fascista con entera libertad de acción, se decía. Informes posteriores indicaban que la situación no había mejorado.

A diferencia de lo que ocurrió con el bando sublevado, que fue apoyado por las armadas italiana y alemana, la República solo recibió de la URSS cuatro lanchas torpederas de clase G-5, además de unos pocos mandos y especialistas en submarinos que, según un informe reservado y confidencial presentado al presidente Negrín, eran considerados -dentro de la Flota- como huéspedes molestos a los que hay soportar con amabilidad. Lo mismo ocurre en la base naval de Cartagena. Por su parte, Francia y Gran Bretaña solo participaron en alguna ocasión puntual para evitar el apresamiento de buques propios por la flota nacional.

Así pues, por encima de alguna victoria ocasional, como el hundimiento del Baleares a principios de marzo de 1938, en la batalla del cabo de Palos, la realidad era que la marina republicana se había centrado en el servicio de protección del tráfico mercante, en el mantenimiento de un canal suministrador de pertrechos de guerra y de alimentos. Pero ni siquiera esa función de escolta la desempeñó con pleno éxito, como se señalaba en un informe del servicio secreto republicano SIM de enero de 1939, en el que después de afirmar la notoria inferioridad de la marina de guerra republicana respecto de la Marina de los nacionales se decía:

Lo cierto es que la Marina de Guerra facciosa se ha incrementado sin hostilización por nuestra parte... y que su Marina Mercante navega sin contratiempos por todos los mares, en tanto la nuestra, perseguida y prácticamente indefensa, es presa fácil de los facciosos.



La flota republicana y la base naval de Cartagena fueron aumentando su importancia estratégica para la causa del bando republicano a media que aumentaban las dificultades para el abastecimiento procedente del exterior por vía terrestre, como consecuencia de los cierres frecuentes de la frontera francesa, por lo que el mantenimiento del "cordón umbilical" marítimo con la Unión Soviética era vital para los republicanos. También cobraron cada vez más importancia a medida que las derrotas republicanas se fueron acumulando y el territorio de la zona republicana se redujo porque, especialmente tras la caída de Cataluña a principios de febrero de 1939, para los combatientes republicanos la Base y la Flota eran una especie de salvaguarda para el caso de una evacuación organizada o de última hora.

Al principio de la Guerra Civil, la marina del bando sublevado era muy inferior a la marina gubernamental pues solo contaba con el acorazado España botado en 1913 y que en julio de 1936, se encontraba en dique seco, los cruceros ligeros República, rebautizado como Navarra, botado en 1920, pero que se encontraba en reparaciones y no entró en servicio hasta muy avanzada la guerra, en agosto de 1938, y el Almirante Cervera botado en 1928, el destructor Velasco botado en 1923, cinco torpederos; tres cañoneras y cinco guardacostas. Pero esta inferioridad se vio compensada muy pronto gracias al control de los sublevados del principal astillero de la marina en Ferrol donde estaba prácticamente terminado el crucero pesado Canarias -que entró en servicio en septiembre de 1936 y otro, el Baleares, a punto de ser entregado entró en servicio en diciembre de 1936, junto con los dos únicos dragaminas de España el dragaminas Júpiter, que entró en servicio a principios de 1937, y el dragaminas Vulcano, que entró en servicio a finales de ese mismo año.

La inferioridad inicial de los sublevados se vio compensada también con el apoyo con que contaron prácticamente desde el inicio de la guerra de la Armada Italiana, que participó con cruceros auxiliares y submarinos en el bloqueo de los envíos de armamento de la Unión Soviética, y de la alemana. El escándalo producido al hundir un submarino italiano por error un destructor británico, hizo que la Italia Fascista dejara de participar directamente en acciones de guerra navales, cediendo cuatro submarinos legionarios a los nacionales y vendiéndoles cuatro destructores y dos submarinos.

Por su parte la Alemania nazi envió al Mediterráneo dos submarinos en la llamada Operación Úrsula, hundiendo un U 34 alemán el submarino republicano C3 frente a Málaga. Los alemanes aportaron cruceros, pero estos no intervinieron, salvo en el bombardeo de Almería por el Admiral Scheer el 31 de mayo de 1937, efectuado en represalia por el ataque aéreo que había sufrido el 28 de mayo de 1937, el acorazado de bolsillo Deutschland en Ibiza. Este llamado incidente del Deutschland fue efectuado probablemente por tripulaciones rusas, sin conocimiento por parte del mando republicano. Pero el escándalo internacional que provocó hizo que la República dijese que era un error y que se trataba de aviones republicanos que creían atacar al crucero pesado Canarias. El bombardeo de Almería, que se había producido abiertamente exhibiendo el pabellón alemán, llegó a ser considerado como un posible motivo para que la República declarara la guerra a Alemania posición defendida por el coronel Rojo e Indalecio Prieto, en búsqueda de la generalización del conflicto a toda Europa, pero finalmente se impuso la postura contraria de Negrín y Azaña.

Un informe del servicio secreto republicano SIM de enero de 1939, señalaba la desventaja de la marina republicana respecto de la marina de guerra facciosa, que contaba con un total de cerca de 100 unidades contando entre ellas un gran número de cruceros auxiliares perfectamente artillados.

La guerra aérea y los bombardeos sobre poblaciones. Bombardeos en la Guerra Civil Española.

 Bombardeo de la Estación del Norte de Valencia por aviones italianos en 1937.
La principal novedad en el campo de la guerra aérea de la contienda española de 1936 a 1939, fue que por primera vez en la historia la aviación fue utilizada intensamente en misiones de bombardeo sobre la retaguardia. Así a partir de la guerra civil española las víctimas podían estar a centenares de kilómetros de los lugares del enfrentamiento bélico y ser sencillamente población civil indefensa. Dado que la aviación militar española en julio de 1936, estaba obsoleta esto solo fue posible porque ambos bandos recibieron ayuda de potencias extranjeras que aportaron sus modernos bombarderos: el bando sublevado los Savoia-Marchetti S.M.81 y los Savoia-Marchetti S.M.79 de la Aviación Legionaria de la Italia fascista y los Junkers Ju 52 y Heinkel He 111 de la Legión Cóndor de la Alemania nazi; el bando republicano los Katiuskas de la Unión Soviética.

El bando sublevado utilizó en repetidas ocasiones el bombardeo de terror, como lo llaman Solé i Sabaté y Villarroya, cuyo único objetivo era la población civil para desmoralizarla y empujarla a la rendición. Esta estrategia la inició en Madrid cuando en noviembre de 1936 fracasó el ataque frontal contra la ciudad y la continuó con el bombardeo de Durango, el bombardeo de Guernica, el bombardeo de Lérida, los bombardeos aéreos de Barcelona en enero de 1938, los bombardeos aéreos de Barcelona en marzo de 1938, el bombardeo del mercado central de Alicante, el bombardeo de Granollers y los bombardeos sobre diversas poblaciones catalanas en los meses finales de la guerra, especialmente los de Figueras, y cuyas víctimas principales fueron mujeres y niños en un momento en que el ejército republicano ya no existía en Cataluña. El único posible caso de bombardeo de terror por parte del bando republicano fue el de Cabra en noviembre de 1938, pero todo parece indicar que se trató de un terrible error cometido por los pilotos que confundieron el mercadillo de la ciudad con un campamento de tiendas de campaña de una unidad italiana que, según la orden que habían recibido, había que buscar y destruir.


Así en cuanto a las ciudades más devastadas por los bombardeos la lista la encabezan las tres principales ciudades republicanas, Barcelona, Madrid y Valencia, seguidas por Tarragona, Reus, Lérida, Badalona, Granollers, Gerona, San Feliu de Guíxols, Palamós, Figueras, Colera, Portbou y Perelló en Cataluña; Alicante, Sagunto, Gandía, Denia y Cartagena en la costa de Valencia y Murcia; y en Vizcaya Durango y Guernica, esta última convertida en el símbolo de las atrocidades de los bombardeos del bando sublevado, y que tuvo un enorme impacto a nivel internacional. En cuanto al número de víctimas también existe una enorme diferencia entre las causadas por los bombardeos republicanos, unas 1100, y las causadas por los bombardeos del bando franquista, alrededor de 9000 Barcelona 2500 muertos, Madrid, 2000; Valencia, cerca de 1000; Alicante cerca de 500, Durango, Guernica, Lérida, Tarragona, Granollers, Figueras y Cartagena más de doscientos muertos cada una; Bilbao, Reus, Badalona y Alcañiz cerca de 200, Játiva más de 100 muertos, y pequeños pueblos cuyos muertos fueron inferiores a este número.

Así fue como la aviación se convirtió en un arma decisiva y la actuación de la aviación italiana y alemana fue determinante en la victoria del ejército franquista.

Otros hitos de la guerra aérea durante la guerra civil española son que durante la misma probablemente se efectuó el primer puente aéreo de la historia; que en los aviones de caza empezó a primar el techo y la velocidad lo que supuso el fin de los biplanos y además se demostró su importancia para el dominio del aire y evitar así los bombardeos enemigos incluso por la noche, que se realizaron ataques aéreos a unidades navales, en puerto y en el mar, que se emplearon aviones de bombardeo en picado para lanzar víveres y mensajes de ánimo a posiciones sitiadas, como el Alcázar de Toledo o el Santuario de Santa María de la Cabeza, y para los bombardeos ideológicos, mediante el lanzamiento de octavillas y soflamas a las ciudades que estaban en la retaguardia, como el bombardeo del pan sobre Alicante.

Evolución de la zona sublevada.

Tras la etapa de cierta provisionalidad que representó la Junta de Defensa Nacional formada tras la muerte en accidente de aviación del general Sanjurjo, quien debía encabezar el Directorio militar que gobernaría el país tras derribar al gobierno del Frente Popular, los generales y jefes sublevados decidieron nombrar un mando único militar y político. Desde el 1 de octubre de 1936, el general Franco fue el Generalísimo de las fuerzas sublevadas y el Jefe del Gobierno del Estado. Después del fracaso de la toma de Madrid entre noviembre de 1936 y marzo de 1937, y con la perspectiva de que la guerra iba a ser larga, el Generalísmo Franco, con la ayuda de su cuñado, Ramón Serrano Suñer, comenzó a configurar la organización política del Nuevo Estado. El primer paso fue el Decreto de Unificación de abril de 1937, por el que todas las fuerzas políticas que apoyaban el alzamiento nacional, y singularmente los falangistas y los carlistas, que eran quienes con sus milicias más habían contribuido a la guerra y fueron integradas bajo un único partido denominado Falange Española Tradicionalista y de las JONS. El paso siguiente fue la organización del Nuevo Estado que fue la tarea encomendada por el Generalísmo a su primer gobierno nombrado el 30 de enero de 1938, y que sustituyó a la Junta Técnica del Estado.

La construcción del Nuevo Estado fue acompañada de la destrucción de todo lo que tuviera que ver con la República. Así en la zona sublevada, al contrario de lo que estaba sucediendo en la otra zona en la que se había desencadenado la revolución, se procedió a una contrarrevolución, llevándose a cabo una sistemática represión de las personas, las organizaciones y las instituciones que en alguna forma, real o, incluso, imaginaria, pudieran entenderse ligadas a esa República revolucionaria, o en manos de revolucionarios, a la que se decía combatir.

La Junta de Defensa Nacional.

 Mola junto al General Franco en una aparición en Burgos el 27 de agosto de 1936, recogida por el periódico alemán Berliner Illustrierte Zeitung. Mola es el que sobresale por la derecha.
La muerte el 20 de julio del general Sanjurjo, exiliado en Estoril, a causa del accidente que tuvo nada más despegar el avión en el que tenía que dirigirse desde Lisboa hacia Pamplona para ponerse al frente de la sublevación, dejó a los generales sublevados sin el jefe que iba a encabezar el levantamiento. Para suplir en parte la carencia de un mando único los generales y jefes sublevados constituyeron en Burgos el 24 de julio una Junta de Defensa Nacional presidida por el general de más graduación y más antiguo, Miguel Cabanellas. Su Decreto número 1 establecía que asumía todos los poderes del Estado y en sucesivos decretos extendió el estado de guerra que los sublevados habían proclamado en cada sitio a toda España lo que sirvió de base para someter a consejos de guerra sumarísimos a todos los que se opusieran a la rebelión militar, ilegalizó los partidos y sindicatos del Frente Popular y prohibió todas las actuaciones políticas y sindicales obreras y patronales mientras duren las actuales circunstancias Decreto del 25 de septiembre.

Pero lo más urgente era lograr la unidad de mando militar. Así el 21 de septiembre de 1936, tuvo lugar en una finca de los alrededores de Salamanca la primera reunión a la que asistieron los generales de la Junta de Defensa Nacional, con el añadido de los generales Orgaz, Gil Yuste y Kindelán. Allí los reunidos discutieron sobre la necesidad del mando único de las fuerzas sublevadas y nombraron para el cargo al general Franco pues era quien mandaba el ejército que estaba a punto de conseguir la entrada en Madrid el Ejército de África estaba cerca de Maqueda a solo 100 kilómetros de la capital y el que había obtenido la ayuda de la Alemania nazi y de la Italia fascista, y que venía tratando con ellos. Pero una vez decidido el mando único en el terreno militar aún quedaba por dilucidar el mando político.

Entonces el general Franco realizó una jugada maestra, ordenar que las columnas que avanzaban hacia Madrid se desviaran hacia Toledo para liberar el Alcázar y así levantar el cerco de dos meses al que llevaban sometidos un millar de guardias civiles y falangistas además de algunos cadetes de la Academia de Infantería al mando de su director, el coronel Moscardó, y que tenían retenidos como rehenes a mujeres y niños de conocidos militantes de izquierda. La toma del Alcázar agrandó la leyenda del general Franco. La famosa frase de Moscardó sin novedad en el Alcázar, repetida ante Franco y numerosos periodistas dos días después de su liberación, fue adecuadamente propagada. Franco era el salvador de los héroes sitiados, el símbolo de un ejército dispuesto a ganar la guerra a cualquier precio.

El 28 de septiembre de 1936, el mismo día en que el Alcázar de Toledo fue liberado, se celebró la segunda reunión de los generales en Salamanca para decidir quién ostentaría el mando político. El elegido fue el general Franco al que sus compañeros de sublevación nombraban no solo Generalísimo de las fuerzas nacionales de tierra, mar y aire, sino también Jefe del Gobierno del Estado español, mientras dure la guerra. Pero cuando fue publicado al día siguiente el decreto nº 138 de la Junta de Defensa Nacional con su nombramiento se había introducido un importante cambio en el texto, se había suprimido la coletilla mientras dure la guerra, y al nombramiento del general Franco como Jefe del Gobierno del Estado Español se le añadía quien asumirá todos los poderes del nuevo Estado. Este decreto de 29 de septiembre de 1936, sería el fundamento de la legitimidad del poder del Generalísimo durante los siguientes 39 años.

El general Franco, Generalísimo y Caudillo.
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El 1 de octubre de 1936, en el salón del trono de la Capitanía General de Burgos, Francisco Franco tomaba posesión de su nuevo cargo, como Generalísimo del ejército sublevado y Jefe del Gobierno del Estado.

Un día antes el obispo de Salamanca Enrique Pla y Deniel había hecho pública una pastoral en la que presentaba la guerra como una cruzada por la religión, la patria y la civilización, dando una nueva legitimidad a la causa de los sublevados: la religiosa. Así el Generalísmo, no era solo el jefe y salvador de la Patria, sino también el Caudillo de una nueva Cruzada en defensa de la fe católica y del orden social.

La primera ley que promulgó el Generalísimo Franco fue la que creaba la Junta Técnica del Estado en sustitución de la Junta de Defensa Nacional, presidida por el general Dávila que en el verano de 1937, sería sustituido por el general monárquico Francisco Gómez-Jordana, mucho más eficiente que su antecesor y que contaba con una Secretaría General del Jefe del Estado, cargo que desempeñó Nicolás Franco, el hermano mayor del Generalísmo. Su ocupación fue rectificar toda la legislación republicana volviendo las cosas a su punto anterior.

La sede de la Junta Técnica del Estado se estableció en Burgos aunque la capital política de la España nacional era Salamanca donde residía el poder militar, pues allí se encontraba el Cuartel General del Generalísimo Franco.


El Decreto de Unificación de abril de 1937.

El siguiente paso en el afianzamiento del poder del nuevo Caudillo se produjo cuando tras el fracaso de la toma de Madrid,entre noviembre de 1936, y marzo de 1937, se planteó la necesidad de crear un partido único, siguiendo el modelo de la Dictadura de Primo de Rivera, a partir de la fusión de los carlistas y falangistas.

Desde el Cuartel General del Generalísimo el nuevo asesor de Franco Ramón Serrano Súñer cuñado del Caudillo y antiguo diputado de la CEDA que había llegado a Salamanca evadido de la zona roja propició un acercamiento entre la Comunión Tradicionalista y Falange Española y de las JONS con vistas a su fusión, pero las diferencias ideológicas y políticas que les separaban eran casi insalvables pues eran las que separaban el tradicionalismo del fascismo, y además había otro obstáculo que era innegociable, que al frente del partido único se situara el propio general Franco. Es decir, que ambas partes tenían que aceptar que la nueva formación política quedaría supeditada al poder personal del Generalísmo, vértice del poder militar y político. Para apoyar esta idea se difundió desde el Cuartel General de Salamanca el lema Una patria, un Estado, un Caudillo, copia del lema nazi Ein Volk, ein Reich, ein Führer un pueblo, un Estado, un caudillo.

Se produjeron contactos entre falangistas y carlistas pero no fructificaron y todo el proceso no dejó de crear tensiones en el seno de ambos partidos que se tradujeron en el caso de los falangistas en los sucesos de Salamanca de abril de 1937, durante los cuales varios falangistas murieron en los enfrentamientos entre los partidarios de la fusión y de la supeditación al poder militar encabezados por Sancho Dávila y Agustín Aznar y los contrarios a ella encabezados por Manuel Hedilla.

Finalmente, el Cuartel General de Franco decidió actuar, y el mismo día en que los falangistas contrarios a la fusión celebraron un Consejo Nacional en el que eligieron a Manuel Hedilla como jefe nacional, el domingo 18 de abril, el propio general Franco anunció que se iba a promulgar al día siguiente un Decreto de Unificación de Falange y la Comunión Tradicionalista, que pasaban a estar ahora bajo su jefatura directa como jefe nacional del mismo.

Franco una semana después mandó detener a Manuel Hedilla junto con otros falangistas disidentes cuando se negó a integrarse en la Junta Política del nuevo partido como simple vocal y además comunicó a sus jefes provinciales que obedecieran únicamente sus propias órdenes. Para que no quedara duda sobre la ubicación del poder en lo que ya comenzaba a llamarse Nuevo Estado, Hedilla fue juzgado y condenado a muerte por su manifiesta actuación de indisciplina y de subversión frente al Mando y el Poder únicos e indiscutibles de la España nacional. A todos debía quedar claro que la unidad de mando militar sería en el futuro unidad de mando político. Pero el Generalísimo Franco siguió los consejos de la hermana del Ausente Pilar Primo de Rivera líder del sector puro de Falange, de Serrano Suñer y del embajador alemán e indultó a Hedilla, aunque este pasó cuatro años en la cárcel y cuando salió de ella quedó apartado de la vida política.

En los estatutos del partido único, publicados el 4 de agosto, se estableció que el caudillo solo sería responsable ante Dios y ante la Historia, y ante nadie más.

Dos meses antes, el 3 de junio, en plena Campaña del Norte el general Mola, el director de la conspiración militar que había dado el golpe de estado de julio de 1936, con el que comenzó la Guerra Civil, moría cuando el avión en el que viajaba se estrelló en una colina del pueblo de Alcocero, cerca de Burgos. Mola solía emplear el avión con frecuencia en sus desplazamientos y no existen pruebas de que hubiera sabotaje, aunque la muerte favorecía claramente a Franco al eliminar al director como rival. El embajador alemán escribió poco después. Sin duda Franco se siente aliviado por la muerte del general Mola.

En octubre de 1937, fueron nombrados por el Generalísmo Franco los 50 miembros del Consejo Nacional de FET y de las JONS, pero no pasó de ser un órgano meramente consultivo. Lo mismo se podía decir de la FET y de las JONS, cuya única actividad quedaba reducida en la práctica a efectuar propaganda. Sin embargo, los dirigentes de Falange ocuparon muchos de los puestos más importantes en la administración del Nuevo Estado y en el partido.

El nacimiento del Nuevo Estado. Primer Gobierno de Francisco Franco.

En enero de 1938, mientras tenía lugar la batalla de Teruel, se da el primer paso para la configuración definitiva del Nuevo Estado con la promulgación por el Generalísmo de la Ley de la Administración Central del Estado por la que se creaba una estructura administrativa que adoptaba la forma ministerial, y con el nombramiento el 30 de enero de su primer gobierno en el que el propio Franco asume la Presidencia, mientras que Francisco Gómez-Jordana hasta entonces presidente de la Junta Técnica del Estado era el Vicepresidente y Ministro de Asuntos Exteriores. Sin embargo, el personaje más destacado del gabinete era Ramón Serrano Súñer, ministro de Gobernación y el cuñadísimo de Franco. En este gobierno se prefiguró ya la amalgama ideológica que sería siempre en el futuro el franquismo, su conservadurismo tradicional, y su derechismo reaccionario.

Será este gobierno el que inicie el proceso de institucionalización del Nuevo Estado, con la promulgación del Fuero del Trabajo, basado en la Carta del lavoro del fascismo italiano, y que constituyó la primera de las siete Leyes Fundamentales de la Dictadura Franquista que funcionaron a modo de constitución del nuevo régimen, la derogación del Estatuto de Autonomía de Cataluña de 1932, y la promulgación de una serie de órdenes y decretos que prohibían el uso del catalán en los documentos públicos y en la conversación privada, la Ley de Prensa que sometía a los periódicos a la censura previa y atribuía al gobierno el nombramiento de los directores de periódicos, la reintroducción de la pena de muerte que había abolido la República, la aprobación de una Ley de Enseñanza Media que garantizaba a la Iglesia católica una absoluta autonomía en la educación secundaria.

Según Julián Casanova el fascismo y el catolicismo fueron las dos ideologías sobre cuya amalgama se construyó el Nuevo Estado. El proceso de fascistización era evidente por la exaltación del líder, el Caudillo, como el Führer o el Duce; el saludo brazo en alto establecido como saludo nacional, los uniformes y la simbología falangista, etc. Y al mismo tiempo proliferaban los ritos y manifestaciones religiosas católicas como las procesiones, las misas de campaña o las ceremonias político-religiosas que imitaban supuestas formas medievales.

El 19 de abril de 1939, diecinueve días después del último parte en el que el Generalísimo Franco declaraba "la guerra ha terminado, se celebró en Madrid el desfile de la Victoria presidido por el Caudillo. Antes de empezar la parada militar el general Varela le impuso en nombre de la Patria a Franco la Gran Cruz Laureada de San Fernando, que tanto había ambicionado desde sus campañas africanas y que tuvo que acabar autootorgándosela en un decreto firmado por él mismo y que fue leído por el general conde de Jordana al inicio del acto. Al día siguiente el diario ABC de Madrid titulaba su crónica: España, en el gran desfile militar ante el Caudillo, muestra al mundo el poderío de las armas forjadoras del nuevo Estado. Un mes después el general Franco ofrendaba su espada de caudillo victorioso a Dios en una ceremonia celebrada el 20 de mayo en la iglesia madrileña de Santa Bárbara y presidida por el cardenal primado de Toledo Isidro Gomá.

Evolución de la zona republicana. La reacción del gobierno a la sublevación militar.

En la tarde del viernes 17 de julio se conocía en Madrid que en el Protectorado de Marruecos se había iniciado una sublevación militar. Al día siguiente la sublevación se extendió a la península y las organizaciones obreras CNT y UGT reclamaron armas para el pueblo para acabar con ella, a lo que el gobierno de Santiago Casares Quiroga se negó.

Por la noche de ese sábado 18 de julio Casares Quiroga presentó su dimisión al presidente de la República Manuel Azaña y este encargó a Diego Martínez Barrio, presidente de las Cortes y líder de Unión Republicana, que formara un gobierno que consiguiera detener la rebelión sin recurrir al apoyo armado de las organizaciones obreras. Martínez Barrio incluyó en su gabinete a políticos moderados y dispuestos a llegar a algún tipo de acuerdo con los militares sublevados y en la madrugada del sábado 18 al domingo 19 de julio, habló por teléfono con el general Emilio Mola, El Director de la sublevación, pero este se negó rotundamente a cualquier tipo de transacción. Así el gobierno de conciliación de Martínez Barrio dimitió y Azaña nombró el mismo domingo 19 de julio nuevo presidente del gobierno a un hombre de su partido José Giral, que formó un gobierno únicamente integrado por republicanos de izquierda, aunque con el apoyo explícito de los socialistas, que tomó la decisión de entregar armas a las organizaciones obreras, algo a lo que también se había negado Martínez Barrio porque, al igual que Casares Quiroga, consideraba que ese hecho traspasaba el umbral de la defensa constitucional y legal de la República.

A causa de esta decisión de entregar armas al pueblo el Estado republicano perdió el monopolio de la coerción, por lo que no pudo impedir que se iniciara una revolución social, ya que las organizaciones obreras no salieron a la calle exactamente para defender la República... sino para hacer la revolución. Un golpe de estado contrarrevolucionario, que intentaba frenar la revolución, acabó finalmente desencadenándola.

La revolución social de 1936 y el gobierno de José Giral (julio-septiembre de 1936).

La entrega de armas a los partidos y organizaciones obreras hizo que estas constituyeran rápidamente milicias armadas para hacer frente a la rebelión en el terreno militar y para proceder a una profunda revolución social desentendiéndose de las autoridades republicanas, a las que no derribaron, incautaron y colectivizaron explotaciones agrarias y empresas industriales y mercantiles para asegurar la continuidad de la producción y distribución de bienes, y se hicieron cargo del mantenimiento de las principales funciones competencia del Estado. La producción, el abastecimiento de la población, la vigilancia, la represión, las comunicaciones y el transporte, la sanidad, quedaron en manos de comités sindicales, que en no pocas localidades suprimieron la moneda para sustituirla por vales. Ante el hundimiento de los mecanismos del poder público un gobierno que reparte armas es un gobierno que se ha quedado sin instrumentos para garantizar el orden público e imponer su autoridad, surgió en el verano de 1936, un nuevo poder obrero, que era a la vez militar, político, social, económico.197 En el País Vasco, sin embargo, donde el PNV había rechazado la coalición con la CEDA en las elecciones de febrero de 1936, y apoyado a la izquierda en la tramitación del Estatuto de Autonomía, finalmente aprobado el 1 de octubre de 1936, no hubo revolución social y un partido católico y nacionalista se mantuvo hasta junio de 1937, al frente de un gobierno autónomo con poder sobre poco más que el territorio de Vizcaya.

Los comités que surgieron por todas partes eran autónomos y no reconocían límites a sus actuaciones, pero la paradoja fue que al mismo tiempo la revolución no acabó con el Estado republicano, sino que simplemente lo ignoró y lo redujo a la inoperancia. En Cataluña se constituyó el Comité Central de Milicias Antifascistas, pero el gobierno de la Generalidad no fue destituido y continuó en su puesto. En Valencia apareció el Comité Ejecutivo Popular. En Málaga y Lérida surgieron sendos Comités de Salud Pública. En Cantabria, Gijón y Jaén, comités provinciales del Frente Popular Comité de Guerra de Gijón, Comité Popular de Sama de Langreo, etc. En Vizcaya, una Junta de Defensa. En Madrid se constituyó un Comité Nacional del Frente Popular, que organizaba milicias y la vida de la ciudad, pero junto a él seguía existiendo el gobierno de José Giral formado solo por republicanos de izquierda.

Pero el gobierno Giral, a pesar de que el poder real no estaba en sus manos, no dejó de actuar, especialmente en el plano internacional. Fue este gobierno el que pidió la venta de armas al gobierno del Frente Popular de Francia, y al no conseguirla, luego a la Unión Soviética, para lo cual dispuso de las reservas del oro del Banco de España. En el plano interior destituyó a los funcionarios sospechosos de apoyar la sublevación y dictó las primeras medidas para intentar controlar las ejecuciones indiscriminadas, arbitrarias y extrajudiciales de fascistas que llevaban a cabo decenas de tribunales revolucionarios, también conocidos como "checas", montadas por las organizaciones y partidos obreros que habían impuesto el terror rojo en Madrid y en otros lugares. Así el gobierno Giral creó los tribunales especiales para juzgar los delitos de rebelión y sedición y los cometidos contra la seguridad del Estado. Sin embargo estos tribunales populares no acabaron con las actividades de las checas que siguieron asesinando fascistas mediante los paseos detenciones ilegales que acababan con el asesinato del detenido y cuyo cadáver eran arrojado en una cuneta o junto a la tapia de un cementerio o las sacas excarcelaciones de presos que supuestamente iban a ser puestos en libertad pero que en realidad eran llevados al paredón.

Cuando el 3 de septiembre de 1936, el Ejército de África sublevado tomó Talavera de la Reina ya en la provincia de Toledo, después de haber ocupado Extremadura, y además también caía Irún en manos de los sublevados con lo que el norte quedaba aislado del resto de la zona republicana, José Giral presentó la dimisión al presidente de la República Manuel Azaña.


El gobierno de Largo Caballero (septiembre de 1936-mayo de 1937).

Tras la dimisión de Giral, el presidente de la República Manuel Azaña encargó la formación de un gobierno de coalición a Francisco Largo Caballero, el líder socialista de UGT, una de las dos centrales sindicales que estaban protagonizando la revolución. Largo Caballero, que además de la presidencia asumió el ministerio clave de Guerra, entendió este gobierno como una gran alianza antifascista, y así dio entrada en el gabinete al mayor número posible de representaciones de los partidos y sindicatos que luchaban contra la rebelión fascista como llamaban las organizaciones obreras a la sublevación militar de julio. Pero el gobierno no se completó realmente hasta dos meses después, cuando el 4 de noviembre en el momento en que las tropas sublevadas ya estaban a las afueras de Madrid se integraron en él cuatro ministros de la CNT, entre ellos la primera mujer que fue ministra en España, Federica Montseny.

El nuevo gobierno de Largo Caballero, autoproclamado gobierno de la victoria, enseguida concluyó que había que dar prioridad a la guerra, y de ahí el programa político que puso en marcha inmediatamente, cuya principal medida fue la creación de un nuevo ejército y la unificación de la dirección de la guerra que incluía la incorporación de las milicias a las Brigadas Mixtas y la creación del cuerpo de comisarios. Así pues, los dirigentes sindicales de UGT y CNT al aceptar e impulsar este programa estuvieron de acuerdo en que la implantación del comunismo libertario, a que aspiraba la CNT, o de la sociedad socialista, que pretendía la UGT, debía esperar al triunfo militar.

Pero todas estas medidas no consiguieron paralizar el avance hacia Madrid del Ejército de África y el 6 de noviembre ya estaba a punto de entrar en la capital. Ese día el gobierno decidió abandonar Madrid y trasladarse a Valencia, encomendando la defensa de la ciudad al general Miaja que debería formar una Junta de Defensa de Madrid. "Una salida precipitada, mantenida en sigilo, sobre la que no se dio explicación pública alguna. Quienes se quedaron en Madrid no pudieron interpretar estos hechos sino como una vergonzosa huida... sobre todo porque los madrileños fueron capaces de organizar su defensa. Madrid resistió el primer embate y rechazó los siguientes, deteniendo así el avance del ejército rebelde.

El segundo gran objetivo del gobierno de Largo Caballero fue restablecer la autoridad del gobierno y de los poderes del Estado. Pero no se resolvieron las tensiones con los gobiernos de las regiones autónomas de Cataluña y el País Vasco, ni con los consejos regionales que habían surgido en otros sitios. En Cataluña, el gobierno de la Generalidad, que el 26 de septiembre incorporó a varios consejeros de la CNT y del POUM por lo que el Comité de Milicias Antifascistas quedó disuelto, organizó su propio ejército y el 24 de octubre aprobó el decreto de colectividades, cuestiones ambas que excedían el ámbito de sus competencias. En cuanto al País Vasco, el 1 de octubre las Cortes aprobaban el Estatuto de Autonomía de Euskadi y el nacionalista vasco José Antonio Aguirre fue investido lehendakari del gobierno vasco, entre cuyos miembros no incluyó a ningún representante de la CNT en el País Vasco no había habido revolución social ni apenas violencia anticlerical y las iglesias continuaron abiertas. Aguirre construyó un Estado casi soberano sobre el territorio vasco que todavía no había sido ocupado por el bando sublevado y que prácticamente se reducía a Vizcaya. Además de una policía vasca, la Ertzaina, creó un ejército propio y no aceptó el mando del general que envió el gobierno de Madrid para ponerse al frente del Ejército del Norte. En cuanto al Consejo de Aragón, dominado por los anarquistas, el gobierno de Largo Caballero no tuvo más remedio que legalizarlo.

En la primavera de 1937, tras la decisión del generalísimo Franco de poner fin por el momento a la toma de Madrid después de la victoria republicana en la batalla de Guadalajara, se abría la perspectiva de una guerra larga y pronto estalló la crisis entre las fuerzas políticas que apoyaban a la República.206 El conflicto fundamental fue el que enfrentó a los anarquistas de la CNT, que defendían la compatibilidad de la revolución con la guerra,207 208 y a los comunistas del Partido Comunista de España PCE y del PSUC en Cataluña, que entendían que la mejor forma de frenar la sublevación militar era restablecer el Estado republicano y aglutinar a todas las fuerzas de la izquierda política, incluidos los partidos de la pequeña y mediana burguesía, por lo que debía paralizarse la revolución social y dar prioridad a la guerra. Sin embargo, Santos Juliá afirma, en contra de la opinión de otros historiadores, que en la primavera de 1937, entre las fuerzas que apoyaban al gobierno de Largo Caballero la divisora no corría entre guerra y revolución sino entre partidos y sindicatos porque la prioridad dada a la guerra ya se había decidido el 4 de septiembre cuando se formó el gobierno de Largo Caballero, al que dos meses después se sumaron los cuatro ministros anarquistas.

La crisis estalló por los enfrentamientos iniciados en Barcelona el lunes 3 de mayo de 1937, cuando un destacamento de la Guardia de Asalto por orden de la Generalidad intentó recuperar el control sobre el edificio de la Telefónica en la plaza de Cataluña, en poder de la CNT desde las jornadas gloriosas de julio de 1936. Varios grupos anarquistas respondieron con las armas y el POUM se sumó a la lucha. En el otro bando, la Generalidad y los comunistas y socialistas unificados en Cataluña bajo un mismo partido el PSUC hicieron frente a la rebelión, que ellos mismos habían provocado, y la lucha se prolongó varios días. El viernes 7 de mayo la situación pudo ser controlada por las fuerzas de orden público enviadas por el gobierno de Largo Caballero desde Valencia, ayudadas por militantes del PSUC, aunque la Generalidad pagó el precio de que le fueron retiradas sus competencias sobre orden público. El enfrentamiento en las calles de Barcelona fue relatado por el británico George Orwell en su Homenaje a Cataluña.

Los sucesos de mayo de 1937, en Barcelona tuvieron una repercusión inmediata en el gobierno de Largo Caballero. La crisis la provocaron el día 13 de mayo los dos ministros comunistas que amenazaron con dimitir si Largo Caballero no dejaba el Ministerio de la Guerra el PCE especialmente desde la caída de Málaga el 8 de febrero le hacía responsable de las continuas derrotas republicanas, y que disolviera el POUM. En este ataque a Largo Caballero contaban con el apoyo de la fracción socialista de Indalecio Prieto, que controlaba la dirección del PSOE, que como los comunistas querían eliminar del gobierno a las organizaciones sindicales, UGT y CNT, y reconstruir el Frente Popular. Largo Caballero se negó a aceptar las dos condiciones de los comunistas y al no encontrar los apoyos suficientes para su gobierno dimitió el 17 de mayo. El presidente Manuel Azaña, que también estaba en desacuerdo con la presencia de las dos centrales sindicales en el gobierno, nombró a un socialista prietista, Juan Negrín, nuevo jefe de gobierno. Al día siguiente el órgano de la CNT Solidaridad Obrera declaraba en su editorial. Se ha constituido un gobierno contrarrevolucionario.