lunes, 2 de abril de 2018

Batalla de las Termópilas


Batalla de las Termópilas
La Batalla de las Termópilas, tuvo lugar durante la Segunda Guerra Médica, donde una alianza de Polis Griegas lideradas por Esparta, por tierra, y Atenas, por mar, se unieron para detener la invasión del Imperio persa de Jerjes I. El lapso de la batalla se extendió siete días, siendo tres los días de los combates. Se desarrolló en el estrecho paso de las Termópilas en agosto o septiembre del año 480 a. C. Enormemente superados en número, los Griegos detuvieron el avance persa, situándose estratégicamente en la parte más angosta del desfiladero, por donde no pasaría la totalidad del poderío Persa. En esas mismas fechas tenía lugar la Batalla de Artemisio, donde por mar los Atenienses combatían a la flota de provisiones Persas. La invasión Persa fue una respuesta tardía a la derrota sufrida en el año 490 a.C. en la Primera Guerra Médica, que había finalizado con la victoria de Atenas en la Batalla de Maratón. Jerjes reunió un ejército y una armada inmensa para conquistar la totalidad de Grecia, que conforme a las estimaciones modernas estaría compuesto por unos 250.000 hombres. Ante la inminente invasión, el General Ateniense Temístocles, propuso que los aliados Griegos bloquearan el avance del ejército Persa en el paso de las Termópilas, a la vez que detenían a la armada Persa en el estrecho de Artemisio. Un ejército aliado formado por unos 7.000 hombres aproximadamente, marchó al norte para bloquear el paso en el verano del año 480 a. C. El ejército Persa llegó al paso de las Termópilas a finales de agosto o a comienzos de septiembre. Durante tres días completos de combate, la pequeña fuerza comandada por el Rey Leónidas I de Esparta, bloqueó el único camino que el inmenso ejército Persa podía utilizar para acceder a Grecia, en un ancho que no superaba los veinte metros. Las bajas persas fueron considerables, no así el ejército espartano. Al sexto día, un residente local llamado Efialtes traicionó a los Griegos mostrando a los invasores un pequeño camino que podían usar para acceder a la retaguardia de las líneas Griegas. Sabiendo que sus líneas iban a ser sobrepasadas, Leónidas despidió a la mayoría del Ejército Griego, permaneciendo allí para proteger su retirada junto con 300 Espartanos, 700 Tespios, 400 Tebanos y posiblemente algunos cientos de soldados más, la mayoría de los cuales cayeron en los combates. Tras el enfrentamiento, la armada aliada recibió en Artemisio las noticias de la derrota en las Termópilas. Dado que su estrategia requería mantener tanto las Termópilas como Artemisio, y ante la pérdida del paso, la armada aliada decidió retirarse a Salamina. Los persas atravesaron Beocia y capturaron la Ciudad de Atenas, que previamente había sido evacuada. Con el fin de alcanzar una victoria decisiva sobre la flota Persa, la flota aliada atacó y derrotó a los invasores en la Batalla de Salamina a finales de año.

Batalla de Salamina

Temiendo quedar atrapado en Europa, Jerjes se retiró con la mayor parte de su ejército a Asia, dejando al General Mardonio al mando de las tropas restantes para completar la conquista de Grecia. Al año siguiente, sin embargo, los aliados consiguieron la victoria decisiva en la Batalla de Platea, que puso fin a la invasión Persa. La expansión constante de los Griegos por el Mediterráneo, tanto hacia Oriente como Occidente, llevó a crear colonias y ciudades importantes como Mileto, Halicarnaso, Pérgamo, en las costas de Asia Menor hoy Turquía. Estas ciudades pertenecían a la denominada Jonia Helénica, la cual fue tomada totalmente por los Persas tras la caída del Reino Griego de Lidia. Tras varias rebeliones de estas ciudades contra los Persas, se logró un equilibrio, donde finalmente el Imperio Aqueménida les concedió un grado de autonomía a cambio de duros tributos,​ a pesar de lo cual los Colonos Helenos siguieron aspirando a la libertad absoluta. Se sublevaron contra el poder Imperial y obtuvieron algunas victorias iniciales, pero conocían su inferioridad ante el coloso asiático, por lo que pidieron ayuda a los Griegos Continentales. Los Espartanos se negaron en un principio, pero los Atenienses sí los apoyaron, dando comienzo a las Guerras Médicas.
Revuelta de Jonia (499-494 a. C.)
Las ciudades Estados de Atenas y Eretria apoyaron la Revuelta Jónica contra el Imperio Persa de Darío I, la cual tuvo lugar entre los años 499 y 494 a. C. Por aquella época, el Imperio Persa era todavía relativamente joven y, por tanto, más susceptible de sufrir revueltas entre sus súbditos. Además, Darío no había accedido al trono pacíficamente, sino tras asesinar a Gaumata, su predecesor, lo que había supuesto la necesidad de extinguir un serie de levantamientos en su contra.​ Por todo ello, la revuelta Jónica no era un tema menor, sino una verdadera amenaza a la integridad del Imperio, y por ese motivo Darío, juró castigar no sólo a los Jonios, sino también a todos aquellos que hubiesen estado involucrados en la rebelión, especialmente a aquellos pueblos que no eran parte del Imperio. Además, Darío vio la ocasión de expandir su poder hacia el fraccionado Mundo de la Antigua Grecia.​ Por ello, envió una expedición preliminar bajo el mando del General Mardonio en el año 492 a. C. para asegurar el acercamiento a tierra Griega reconquistando Tracia y obligando al Reino de Macedonia Cuna de Alejandro Magno, a convertirse en Vasallo de Persia.

Batalla de Maratón

Batalla de Maratón (490 a. C.)
En el año 491 a. C. Darío, envió emisarios a todas las Polis de Grecia, solicitando la entrega del agua y la tierra, como símbolo de sumisión hacia él​ y tras la demostración del poder Persa del año anterior, la mayoría de las ciudades Griegas se sometieron. Sin embargo, Atenas juzgó a los Embajadores Persas y los ejecutó lanzándoles a un foso. En Esparta, simplemente fueron arrojados a un pozo.​ Esto provocó que Esparta también estuviera, oficialmente, en guerra con Persia.​ Darío comenzó a preparar en el año 490 a. C. una misión anfibia bajo el mando de Datis y de Artafernes, la cual comenzó con un ataque sobre Naxos y la posterior sumisión de las Cícladas. La fuerza invasora se trasladó luego a Eretria, Ciudad de la Isla de Eubea, que asedió y destruyó.​ Finalmente, se dirigió hacia Atenas y desembarcó en la Bahía de Maratón, en donde se encontró con un ejército Ateniense al que superaba en número. Sin embargo, en el enfrentamiento de los dos ejércitos en la Batalla de Maratón, los Atenienses obtuvieron una victoria decisiva que supuso la retirada del ejército Persa de Europa y su retorno a Asia.​ Para esa ocasión, los Persas habrían contado con un ejército que triplicaba al Ateniense, pero sufrió un duro revés. Esparta no participó en la Batalla contra los Persas. Atenas, con la finalidad de hacer frente a la invasión, solicitó ayuda a los Espartanos para luchar pero, como se ha dicho, el origen del problema residía en las Colonias Griegas en Asia, y Esparta no había fundado ninguna ni tampoco las había ayudado en la rebelión. Por tanto, los Lacedemonios no se sentían implicados. Tanto es así que no acudieron a la Batalla de Maratón, por estar celebrando las fiestas de Apolo Carneo, llamadas Carneas. En cualquier caso, y tras la derrota, Darío reaccionó comenzando a reclutar un nuevo ejército de inmenso tamaño, que doblara o quintuplicara al que fue derrotado en Maratón, para poder invadir Grecia. Sin embargo, sus planes se vieron interrumpidos cuando, en el año 486 a. C., se produjo una revuelta en Egipto que obligó a posponer la expedición.​ Darío murió durante los preparativos contra Egipto y el Trono de Persia pasó a su hijo, Jerjes I,​ quien aplastó la Rebelión Egipcia.
Preludio
Jerjes, rápidamente retomó los preparativos para la invasión de Grecia que, al tratarse de una invasión a gran escala, necesitaba una larga planificación que permitiese acumular las provisiones necesarias y para reclutar, equipar y entrenar a los soldados.
Alianza Esparta - Atenas
Los Atenienses, por su parte, también se habían estado preparando para afrontar una Guerra contra Persia, desde mediados de la década de los años 480 a. C. Finalmente, en el año 482 a. C. se tomó la decisión, bajo la guía del estadista Ateniense Temístocles, de construir una masiva flota de Trirremes, imprescindible para que los Griegos pudiesen enfrentarse a los Persas.​ Sin embargo, los Atenienses carecían de la capacidad y la población suficiente para enfrentarse al enemigo a un mismo tiempo en tierra y en el mar, por lo que para combatir a los persas necesitaban llegar a una alianza con otras Polis de Grecia. En el año 481 a. C. el Emperador Jerjes envió embajadores por toda Grecia solicitando de nuevo la tierra y el agua, pero omitiendo deliberadamente a Atenas y a Esparta.​ Sin embargo, algunas ciudades fueron alineándose con estos dos Estados líderes, para lo cual se celebró un Congreso de Polis Griegas en Corinto a finales del otoño del año 481 a. C.,​ del que surgió una confederación aliada de Ciudades Estado. Esta Confederación tenía el poder de enviar emisarios solicitando ayuda y de enviar tropas desde los Estados Miembros hasta los puntos de defensa tras haberlo consultado conjuntamente. Este hecho en sí mismo era de gran trascendencia en atención a la desunión que había existido históricamente entre las Ciudades Estado, y en especial si se tiene en cuenta que muchas de ellas estaban todavía técnicamente en guerra unas con otras.​
El Oráculo de Delfos
La leyenda de las Termópilas, tal y como la cuenta Heródoto, dice que los Espartanos consultaron al Oráculo de Delfos, ese mismo año sobre el resultado de la guerra. Se dice que el Oráculo dictaminó que, o bien la ciudad de Esparta sería saqueada por los Persas, o bien debían sufrir la pérdida de un Rey descendiente de Heracles.​ Heródoto dice que Leónidas, en línea con la profecía, estaba convencido que se dirigía a una muerte segura, y que por eso eligió como soldados solo a Espartanos que contaran con hijos vivos.

La Estrategia Griega

La Confederación volvió a reunirse en la primavera del año 480 a. C. Una delegación Tesalia sugirió que los aliados se reunieran en el angosto Valle de Tempe, en las fronteras de Tesalia, para bloquear el avance de Jerjes.​ Se envió una fuerza compuesta por 10.000 Hoplitas al Valle, considerando que el ejército Persa iba a verse obligado a atravesarlo. Sin embargo, una vez ahí fueron avisados por Alejandro I de Macedonia de que el Valle podía ser atravesado y rodeado por el paso Sarantoporo, y de que el ejército Persa era de un tamaño inmenso, por lo que los griegos se retiraron. Poco después recibieron la noticia de que Jerjes había atravesado el Helesponto. Temístocles sugirió entonces una segunda estrategia a los aliados. La ruta hacia el sur de Grecia, Beocia, Ática y el Peloponeso, exigía que el ejército de Jerjes atravesase el estrechísimo paso de las Termópilas. Este paso podía bloquearse fácilmente con los Hoplitas Griegos a pesar del abrumador número de soldados Persas. Además, y para evitar que los Persas superaran la posición Griega por mar, los navíos Atenienses y aliados podrían bloquear el estrecho de Artemisio. Esta estrategia dual fue finalmente aceptada por la Confederación.​ Sin embargo, las ciudades del Peloponeso prepararon planes de emergencia para defender el Istmo de Corinto en el caso de que fuera necesario, a la vez que las mujeres y niños de Atenas fueron evacuados en masa hacia la ciudad Peloponesia de Trecén.




Temístocles



Persia Cruza el Helesponto
Jerjes, decidió construir puentes sobre el Helesponto para permitir a su ejército atravesar desde Asia hasta Europa, y cavar un canal a través del Istmo del Monte Athos, Canal de Jerjes, para que lo atravesasen sus naves, una flota Persa había sido destruida en el año492 a. C. mientras rodeaba ese cabo.​ Estas obras de ingeniería eran operaciones de una gran ambición que estaban fuera del alcance de cualquier otro estado contemporáneo.​ Finalmente, a comienzos del año 480 a. C., se completaron los preparativos para la invasión, el ejército que Jerjes había reunido en Sardes, marchó en dirección a Europa, cruzando el Helesponto sobre dos Puentes Flotantes.​ El Ejército Persa se desplazó a través de Tracia y Macedonia, llegando en agosto a Grecia, las noticias de la inminente invasión de los Persas.
Preparativos de Esparta
En aquella época los Espartanos, líderes Militares de Facto de la alianza, estaban celebrando la festividad religiosa de las Carneas. Durante ese festival la actividad militar estaba prohibida por la Ley Espartana y, de hecho, los Espartanos no llegaron a tiempo a la Batalla de Maratón por estar celebrando el festival. También se estaban celebrando los Juegos Olímpicos, por lo que debido a la tregua imperante durante su celebración habría sido doblemente sacrílego para los Espartanos si marchasen en su totalidad a la guerra.​ En esta ocasión, sin embargo, los Éforos decidieron que la urgencia era lo suficientemente importante como para justificar el envío de una expedición avanzada para bloquear el paso, expedición que estaría comandada por uno de los dos Reyes Espartanos, Leónidas I. Leónidas llevó consigo a 300 hombres, de la Guardia Real, los Hippeis, así como a un número mayor de tropas de apoyo procedentes de otros lugares de Lacedemonia, incluyendo Ilotas.​ La expedición debería intentar agrupar el mayor número posible de aliados sobre la marcha y esperar a la llegada del Ejército Espartano principal.​ En el camino hacia las Termópilas el Ejército Espartano fue reforzado por contingentes procedentes de diversas ciudades, llegando a alcanzar una cifra superior a los 5.000 soldados, en el momento en que llegaron a su destino.​ Leónidas eligió acampar y defender la parte más estrecha del paso de las Termópilas, en un lugar en el que los habitantes de Fócida habían levantado una muralla defensiva algún tiempo atrás. También le llegaron noticias a Leónidas, desde la cercana ciudad de Traquinia, de la existencia de un camino montañoso que podía ser utilizado para rodear el paso de las Termópilas. En respuesta, Leónidas envió a 1.000 soldados Focidios para que se estacionaran en las alturas y evitasen esa maniobra. Finalmente el ejército Persa fue avistado atravesando el Golfo Maliaco y acercándose a las Termópilas a mediados de agosto,​ y ante este hecho los aliados mantuvieron un Consejo de Guerra en el que algunos Peloponesios sugirieron retirarse hasta el Istmo de Corinto para bloquear el paso al Peloponeso. Sin embargo, los habitantes de Fócida y Lócrida, regiones cercanas a las Termópilas, se indignaron por la sugerencia, y aconsejaron defender el paso a la vez que enviaban emisarios a pedir más ayuda. Leónidas se mostró de acuerdo con defender las Termópilas.


Leonidas

La Batalla -Primer Día

A su llegada a las Termópilas, los persas enviaron a un explorador a caballo para reconocer la zona. Los Griegos, que habían acampado a orillas de las termas, le permitieron llegar hasta el campamento, observarles, y partir. Cuando el explorador reportó a Jerjes el diminuto tamaño del ejército Griego y que los Espartanos, en lugar de estar entrenando rigurosamente, por el contrario realizaban ejercicios de Calistenia, relajación, y peinando sus largos cabellos, Jerjes consideró el informe digno de risa. Buscando el consejo de Demarato, un Rey Espartano exiliado que pretendía territorios en Lacedemonia, este le indicó que los Espartanos estaban preparándose para la Batalla, y que era su costumbre adornar su pelo cuando estaban a punto de arriesgar sus vidas. Demarato les calificó como los hombres más valientes de Grecia y avisó al Rey Persa de que pretendían disputarles el paso. Enfatizó que había intentado advertir a Jerjes anteriormente en la campaña, pero que el Rey se había negado a creerle, y añadió que si Jerjes lograba sojuzgar a los Espartanos, no hay ninguna otra nación en el mundo que se atreva a levantar la mano en su defensa. Jerjes envió un emisario para negociar con Leónidas. Ofreció a los aliados su libertad y el título de Amigos del Pueblo Persa, indicándoles que serían asentados en tierras más fértiles que las que ocupaban en ese momento.​ Cuando Leónidas rechazó los términos, el Embajador le volvió a solicitar que depusiera las armas, a lo que Leónidas respondió con la famosa frase. Ven a buscarlas tú mismo, literalmente significa ven y cógelas. Heródoto, cuenta de la Batalla, a propósito del gran tamaño del ejército persa, es famosa la anécdota según la cual, en palabras del autor, el más valiente de los Griegos fue el Espartano Dienekes, pues antes de entablarse el combate dijo a los suyos que le habían dado buenas noticias, que le habían dicho que los arqueros de los Persas eran tantos que sus flechas cubrían el sol y volvían el día en noche, teniendo entonces que luchar a la sombra. Dienekes, y los Espartanos en general, consideraban el arco como un arma poco honorable, ya que evadía el enfrentamiento cuerpo a cuerpo. El enfrentamiento se vio prolongado por una milagrosa lluvia torrencial. Y al fracasar la negociación con los Espartanos, la Batalla se volvió inevitable. Sin embargo, Jerjes retrasó el ataque durante cuatro días, esperando que los aliados se dispersasen ante la gran diferencia de tamaño entre los dos ejércitos, hasta que se decidió finalmente a avanzar.


Quinto Día

En el quinto día a partir de la llegada de los Persas a las Termópilas, Jerjes finalmente decidió lanzar un ataque sobre los aliados Griegos. Primero envió a los soldados de Media y a los del Juzestán contra los aliados, con instrucciones de capturarlos y llevarlos ante él. Estos contingentes lanzaron un ataque frontal contra la posición Griega,​ que se había situado delante de la muralla focidia, en la parte más estrecha del paso.​ Sin embargo, se trataba de tropas de infantería ligera, numerosas pero en franca desventaja de armamento y armadura frente a los Hoplitas Griegos. Al parecer iban armados con escudos de mimbre, espadas cortas y lanzas arrojadizas, poco efectivas contra la muralla de escudos y lanzas largas de los Espartanos. La táctica normal del Imperio Aqueménida era lanzar una primera oleada que abrumara al enemigo por su número y, si no funcionaba, lanzar a los Inmortales, esta táctica era efectiva en las Batallas en Medio y Lejano Oriente, pero no funcionaba igual de bien contra los Griegos, cuyas tácticas, técnicas y armamento eran muy diferentes.

Los detalles sobre las tácticas empleadas son escasos. Diodoro comenta que los hombres se mantuvieron hombro con hombro, y que los Griegos fueron superiores en valor y en el gran tamaño de sus escudos, lo cual probablemente describe el funcionamiento de la Falange Griega estándar, en la que los hombres formaban una muralla de escudos y de puntas de lanza y que habría sido altamente efectiva si era capaz de cubrir toda la anchura del paso. Los escudos más débiles y las lanzas más cortas de los Persas les impidieron enfrentarse cuerpo a cuerpo y en igualdad de condiciones con los Hoplitas Griegos.​ Heródoto afirma también que las unidades de cada ciudad se mantuvieron juntas, y que rotaban hacia el frente de la Batalla y hacia la retaguardia buscando con ello prevenir la fatiga, lo cual implica que los Griegos contaban con más hombres de los que eran estrictamente necesarios para bloquear el paso.​ Según Heródoto, los Griegos mataron a tantos Persas que se dice que Jerjes se levantó del asiento desde el que observaba la Batalla hasta en tres ocasiones. Según Ctesias, la primera oleada fue hecha pedazos con tan sólo dos o tres bajas entre los Espartanos. Según Heródoto y Diodoro, el Rey Persa, tras haber tomado la medida del enemigo, envió a sus mejores tropas en un segundo asalto ese mismo día, los Inmortales, un cuerpo de soldados de élite formado por 10.000 hombres.​ Sin embargo, los Inmortales no lograron más de lo que habían hecho los soldados enviados con anterioridad, fracasando en abrir una brecha en las líneas de los aliados.​ Los Espartanos parece que emplearon una táctica de fingir una retirada para después darse la vuelta y matar a los desorganizados soldados Persas que corrían en su persecución.


Sexto Día
En el sexto día, Jerjes envió de nuevo a su infantería para atacar el paso, suponiendo que sus enemigos, siendo tan pocos, estaban ya incapacitados por las heridas recibidas y no podrían resistir más. Sin embargo, los Persas no lograron ningún progreso y el Rey Persa finalmente detuvo el asalto y se retiró a su campamento, totalmente perplejo. A finales del segundo día de Batalla, y mientras el Rey Persa estaba valorando qué hacer, recibió la visita de un traidor Griego de Tesalia, llamado Efialtes, que le informó de la existencia del paso montañoso que rodeaba las Termópilas, ofreciéndose a guiarles.​ Efialtes actuó motivado por el deseo de una recompensa. El nombre Efialtes, tras los hechos relatados, quedó estigmatizado durante muchos años. El nombre se tradujo por pesadilla, y se convirtió en el arquetipo de traidor en Grecia, al igual que ocurre con Judas en el caso de los Cristianos. Heródoto comenta que Jerjes envió a su comandante Hidarnes, esa misma noche junto con los hombres bajo su mando, los Inmortales, para que rodeasen a los aliados a través del paso, partiendo de noche. Sin embargo, no dice nada más sobre los hombres que comandaba.​ Los Inmortales habían sufrido duras bajas durante el primer día de Batalla, por lo que es posible que Hidarnes recibiera el mando sobre una fuerza incrementada, en la que estuvieran los Inmortales supervivientes y otros soldados. Según Diodoro, Hidarnes contó con una fuerza de 20.000 hombres para esta misión.​ El paso, dirigía desde el este del campamento Persa a lo largo de la Colina del Monte Anopea, lindante al Eta, por detrás de los acantilados que flanqueaban el paso y tenía una ramificación que dirigía a Fócida, y otra que bajaba hasta el Golfo Maliaco en Alpeno, la primera ciudad de Lócrida.​ Diodoro añade que Tirrastíadas, un hombre de Cime, escapó de noche del campamento Persa y reveló a Leónidas la trama del traquinio.​ Dicho personaje no es mencionado por Heródoto, para quien los Griegos fueron advertidos de la maniobra envolvente de los Persas por desertores y por sus propios vigías. Relata Diodoro que los soldados Griegos se lanzaron a un ataque nocturno sobre el campamento Persa, en el que causaron una matanza y que Jerjes habría encontrado la muerte de haber estado en su tienda.​ Heródoto no menciona ese episodio. La fuente de Diodoro tal vez fue Éforo de Cime.
Séptimo Día
Al amanecer del séptimo día, tercer día de batalla, los Focidios que guardaban el paso sobre las Termópilas se dieron cuenta de la llegada de la columna persa por el crujido de sus pisadas sobre las hojas de los robles. Heródoto dice que se incorporaron de un salto y ciñeron sus armas. Los Persas quedaron sorprendidos al verles correr rápidamente para armarse, pues no esperaban encontrarse con ningún ejército en ese lugar. Hidarnes temió que se tratase de los Espartanos, pero fue informado por Efialtes de que no lo eran. Los Focidios se retiraron a una colina próxima para preparar su defensa asumiendo que los Persas habían venido a atacarles, pero los Persas, que no querían retrasarse, les acosaron con flechas mientras continuaban su camino, buscando su principal objetivo de rodear al ejército aliado.​ Cuando un mensajero comunicó a Leónidas que los Focidios no habían podido defender el paso, convocó un Consejo de Guerra al amanecer.​ Algunos aliados defendieron la retirada, pero el Monarca Espartano decidió permanecer en el paso con sus guerreros.​ Muchos de los contingentes aliados eligieron en ese momento retirarse o fueron ordenados a hacerlo por Leónidas.​ El contingente de 700 soldados de Tespias, liderados por Demófilo, se negó a retirarse con los demás Griegos, y se quedaron para luchar. También permanecieron los 400 Tebanos, así como probablemente los Ilotas que acompañaban a los Espartanos.​ Las acciones de Leónidas han sido objeto de muchas discusiones. Una afirmación habitual es la que indica que los Espartanos estaban obedeciendo las leyes de Esparta al no retirarse, pero parece que fue precisamente la no retirada en las Termópilas lo que hizo nacer la creencia de que los Espartanos no se retiraban nunca. También es posible que, recordando las palabras del Oráculo de Delfos, Leónidas estuviese decidido a sacrificar su vida para salvar a Esparta. La respuesta que recibieron de labios de la Pitia fue que Lacedemón sería devastada por los bárbaros o que su Rey moriría.
Mirad, habitantes de la Extensa Esparta, o bien vuestra poderosa y eximia ciudad es arrasada por los descendientes de Perseo, o no lo es, pero, en ese caso, la tierra de Lacedemón llorará la muerte de un Rey de la estirpe de Heracles. Pues al invasor no lo detendrá, la fuerza de los toros o de los leones, ya que posee la fuerza de Zeus. Proclamo, en fin, que no se detendrá hasta haber devorado a una u otro hasta los huesos.
Sin embargo, dado que la profecía no hacía mención específica a Leónidas, parece una débil razón como para justificar que cerca de 1500 hombres luchasen también hasta la muerte. La teoría que quizá ofrece más credibilidad es aquella que afirma que Leónidas eligió formar una retaguardia con el fin de proteger la retirada del resto de los contingentes aliados. Si todas las tropas se hubiesen retirado al mismo tiempo, los Persas habrían podido atravesar el paso de las Termópilas rápidamente con su caballería para luego dar caza a los soldados en retirada. Por otro lado, si todos hubieran permanecido en el paso habrían sido rodeados y eventualmente habrían muerto todos.​ Con la decisión de una retirada parcial, Leónidas podría salvar a más de 3000 hombres, que podrían continuar la lucha más adelante. También ha sido objeto de discusión la decisión de los Tebanos. Heródoto sugiere que fueron llevados a la Batalla en calidad de rehenes para asegurar el buen comportamiento de Tebas en la guerra. Sin embargo, y como ya Plutarco apuntó, eso no explicaría por qué no se les envió de vuelta con el resto de los aliados. Lo más probable es que se tratase de Tebanos leales que, contrariamente a la mayoría de Tebanos, se opusiesen a la dominación Persa.​ Es probable que, por ello, acudieran a las Termópilas por su propia voluntad y permanecieron hasta el final porque no podían volver a Tebas si los persas conquistaban Beocia. Los Tespios, por su parte, que no estaban dispuestos a someterse a Jerjes, se enfrentaban a la destrucción de su ciudad si los Persas tomaban Beocia, aunque este hecho por sí solo tampoco explica que permanecieran ahí, teniendo en cuenta que Tespias había sido evacuada con éxito antes de que los Persas llegaran. Parece que los Tespios se ofrecieron voluntarios como un simple acto de sacrificio, lo cual es todavía más asombroso si se tiene en cuenta que su contingente representaba a todos los soldados Hoplitas que su ciudad podía reunir.​ Esto parece un rasgo de los Tespios, en al menos otras dos ocasiones en la historia un ejército Tespio se sacrificaría en una lucha a muerte.


Final
Al amanecer Jerjes realizó una Libación Religiosa, esperó para dar a los Inmortales tiempo suficiente para finalizar el descenso por la montaña, y luego comenzó su avance.​ Los aliados en esta ocasión avanzaron más allá de la muralla para hacer frente a los Persas en la zona más ancha del paso, intentando con ello incrementar las bajas que pudieran infligir al ejército Persa. Lucharon con sus lanzas hasta que todas ellas estuvieron rotas por el uso y luego utilizaron sus Xifos, espadas cortas. Heródoto cuenta que en la lucha cayeron dos hermanos de Jerjes, Abrocomes e Hiperantes. Leónidas también murió en la lucha y los dos bandos pelearon por hacerse con su cuerpo, consiguiéndolo finalmente los Griegos. A medida que se aproximaban los Inmortales, los aliados se retiraron y se hicieron fuertes en una colina tras la muralla. Los tebanos, se alejaron de sus compañeros, y con las manos levantadas, avanzaron hacia los bárbaros, pero todavía mataron a algunos antes de aceptar su rendición.​ El Rey persa más tarde haría que los prisioneros Tebanos recibieran la marca Real.​ Del resto de defensores, Heródoto dice. 
Aquí se mantuvieron hasta el final, aquellos que todavía tenían espadas usándolas, y los otros resistiendo con sus manos y sus dientes. 
Derribando parte del muro, Jerjes ordenó rodear la colina y los Persas hicieron llover flechas sobre los defensores hasta que todos los Griegos estuvieron muertos. Cuando los Persas se hicieron con el cuerpo de Leónidas, Jerjes, furioso, ordenó que se cortase la cabeza al cadáver y que su cuerpo fuese Crucificado. Heródoto hace la observación de que este trato era muy poco común entre los Persas, que tenían el hábito de tratar con gran honor a los soldados valientes. Tras la partida de los Persas, los aliados recuperaron los cadáveres de sus soldados y los enterraron en la colina. Casi dos años después cuando finalizó la invasión Persa, se erigió una estatua en forma de león en las Termópilas, para conmemorar a Leónidas. Cuarenta años después de la Batalla los huesos de Leónidas fueron llevados de vuelta a Esparta, en donde fue enterrado de nuevo con todos los honores. Se celebraron Juegos Funerarios anuales en su memoria.
En el año 1939, el arqueólogo Spyridon Marinatos descubrió excavando en las Termópilas un gran número de puntas de flecha de bronce de estilo Persa en la colina Kolonos, lo que hizo que se modificaran las teorías acerca de la colina en la que habían muerto los aliados, puesto que antes de la excavación se creía que se trataba de otra más pequeña y cercana a la muralla. Finalmente, el paso de las Termópilas quedó abierto para el ejército Persa.


Consideraciones Estratégicas y Tácticas
Desde un punto de vista estratégico, la defensa de las Termópilas suponía para los aliados la mejor forma posible de emplear sus fuerzas. Si lograban evitar que el ejército persa se internara dentro de Grecia, no tendrían necesidad de buscar una Batalla decisiva, y podrían simplemente permanecer a la defensiva. Además, y con la defensa de dos pasos estrechos como las Termópilas y Artemisio, la inferioridad numérica de los aliados era menos problemática.​ Por su parte, los Persas se enfrentaban al problema de aprovisionamiento de un ejército tan grande, lo que significaba que no podían permanecer en un mismo lugar durante mucho tiempo.​ Los Persas, por tanto, se veían obligados a retirarse o avanzar, y avanzar implicaba atravesar las Termópilas por la fuerza. Tácticamente, el paso de las Termópilas era ideal para el tipo de lucha del Ejército Griego,​ la estrechez del paso anulaba la diferencia numérica, y la formación de Falange Hoplita de los Helenos podría ser capaz de bloquear el estrecho paso con facilidad, y al tener los flancos cubiertos, no se veía amenazada por la caballería enemiga. En esas circunstancias la falange supondría un enemigo muy difícil de superar para la infantería ligera Persa, equipada con una Panoplia mucho más ligera y por tanto menos protectora.​ Además, las largas Dory de la falange, lanzas de falange, no tan largas como las Sarissas utilizadas por el ejército de Alejandro Magno, podrían ensartar a los enemigos antes incluso de que estos pudieran tocarlos, tal y como había sucedido en la confrontación de la Batalla de Maratón. Por consiguiente, la lucha no tenía inicialmente por qué ser suicida, dado que había posibilidades reales de aguantar la posición. Por otro lado, el principal punto débil que ofrecía el Campo de Batalla elegido por los aliados era el pequeño paso montañoso que transcurría en paralelo a las Termópilas, y que permitía que el ejército fuese sobrepasado por el flanco, y por lo tanto, rodeado. Aunque probablemente este flanco no era practicable para la caballería, la infantería Persa podría atravesarlo con facilidad, y más cuando buena parte de los soldados Persas estaban familiarizados con la lucha en terreno montañoso.​ Leónidas, era consciente de la existencia de este paso gracias al aviso de los habitantes de Traquinia, por lo que posicionó a un destacamento de soldados Focenses para que lo bloquearan.
Topografía del Campo de Batalla
En la época en la que tuvo lugar la Batalla, el paso de las Termópilas consistía en un desfiladero a lo largo de la costa del Golfo Maliaco tan estrecho que no podían atravesarlo dos carros al mismo tiempo. Al sur el paso lindaba con unos grandes acantilados, mientras que al norte se encontraba el propio Golfo Maliaco. A lo largo del paso había tres pasos más estrechos o puertas, y en la puerta central se erigía una muralla que había sido construida por los Focidios en el Siglo anterior para defenderse de las invasiones procedentes de Tesalia. El lugar recibía el nombre de Puertas Calientes, debido a los manantiales de agua caliente que se podían encontrar en ese lugar. Hoy en día el paso ya no se encuentra cerca del mar, sino varios kilómetros tierra adentro, lo cual se debe a la sedimentación que se ha ido produciendo en el Golfo Maliaco. El viejo camino se encuentra al pie de las colinas que rodean la llanura, flanqueada por una carretera moderna. No obstante, se han tomado muestras de la composición del terreno que indican que en la época en la que tuvieron lugar los hechos el paso sólo tenía unos 100 metros de ancho y que el agua alcanzaba el nivel de las puertas.​ Por otro lado, el paso ha seguido siendo utilizado como posición defensiva natural por ejércitos modernos, como por ejemplo durante la Batalla de las Termópilas de 1941.
Después de Termópilas: Bloqueo Griego en Corinto
Con las Termópilas abiertas al paso del ejército Persa, resultó ya innecesario continuar el bloqueo de Artemisio. Por lo tanto, finalizó la Batalla Naval que transcurría ahí de forma simultánea y que se había quedado en tablas, y la flota aliada pudo retirarse en orden hasta el Golfo Sarónico, en donde ayudaron a transportar a la población ateniense que quedaba hasta la Isla de Salamina. Tras atravesar las Termópilas, el Ejército Persa prosiguió su avance, saqueando e incendiando Platea y Tespias, ciudades de Beocia que no se habían sometido a los Persas, para luego marchar sobre la ciudad de Atenas, que ya había sido evacuada por aquel entonces.​ Mientras tanto, los aliados, en su mayoría del Peloponeso, prepararon la defensa del Istmo de Corinto, demoliendo la única carretera que lo atravesaba y construyendo una muralla que lo cruzaba.​ Corinto era el último bastión estratégico para resistir, y allí estaban los aliados de todas las Ciudades Griegas del Peloponeso y ciudades evacuadas, arrasadas por los Persas. Como en el caso de las Termópilas, para que esta estrategia fuese efectiva se requería que la armada aliada bloquease simultáneamente a la flota Persa, impidiéndole el paso a través del Golfo Sarónico, para evitar que las tropas Persas simplemente desembarcaran pasado el Istmo, en el Peloponeso. Sin embargo, en lugar de un mero bloqueo, Temístocles persuadió a los aliados para que buscaran una victoria decisiva contra la flota Persa. Engañaron a los Persas para que llevasen su armada hacia los estrechos de Salamina, en donde los aliados consiguieron destruir gran parte de sus naves en la Batalla de Salamina, que acabó con la amenaza sobre el Peloponeso.​ Jerjes, temiendo que los Griegos atacasen los Puentes del Helesponto y que pudieran dejar atrapado a su ejército en Europa, se retiró con gran parte del mismo de vuelta a Asia. Dejó un ejército de unos 150.000 hombres de fuerzas escogidas al mando de Mardonio, para que completaran la conquista a lo largo del año siguiente. Los Persas tomaron estratégicamente el principal abastecimiento de agua de los Griegos. Y ofrecieron propuestas de negociación, utilizando al macedonio Alejandro I, como Rehén Diplomático, quien algunas fuentes coinciden que informó a los Griegos el momento justo para atacar en Platea. La negativa de rendición era absoluta, y los Griegos rechazaron todo tipo de propuestas, los aliados finalmente llevaron a Mardonio a una Batalla, por lo que marcharon sobre el Ática. Mardonio se retiró a Beocia para llevar a los Griegos a terreno abierto y los dos bandos se acabaron enfrentando cerca de la Ciudad de Platea.​ Allí tuvo lugar la Batalla de Platea, en la que los Griegos obtuvieron una victoria decisiva, matando a Mardonio, y destruyendo al ejército Persa, finalizando con esto la invasión de Grecia.​ Mientras tanto, en la casi simultánea Batalla Naval de Mícala, los Griegos destruyeron también lo que quedaba de la flota Persa, reduciendo con ello la amenaza de futuras invasiones.​ No obstante, durante el transcurso de la invasión los ejércitos de Jerjes causaron serios daños a las ciudades Griegas y muchas de ellas fueron quemadas y arrasadas, como le sucedió a la propia Atenas, que fue pasto de las llamas, incluyendo los principales templos de su Acrópolis.

Batalla de Platea

Significación Histórica

Desde el punto de vista militar, aunque la Batalla no fue demasiado significativa en el contexto de la invasión Persa, sí que tiene algún significado especial, basándose en lo acontecido durante los dos primeros días de lucha. En efecto, la capacidad de los defensores se usa como ejemplo de las ventajas que aporta el entrenamiento, el equipamiento y el buen uso del terreno como multiplicadores de la fuerza militar de un ejército. La Batalla de las Termópilas, es una de las Batallas más famosas de la antigüedad, referida repetidamente tanto en la cultura antigua, como en la reciente y contemporánea. En Occidente, al menos, son los Griegos los que reciben las alabanzas por su actitud en la Batalla.​ Sin embargo, y dentro del contexto de la invasión Persa, las Termópilas fue sin ningún género de dudas una grave derrota para los aliados, que supuso desastrosas consecuencias para los Griegos. Cualquiera que hubiese sido el objetivo de los aliados, es presumible que su estrategia no fuese la rendición de toda Beocia y Ática a los Persas. Por ello, probablemente no se puedan sostener las lecturas de la Batalla de las Termópilas en las que se considera un intento exitoso de retrasar la acción Persa, dando tiempo suficiente a los aliados para prepararse para la Batalla de Salamina, ni aquellas que sugieren que las bajas Persas fueron tantas que supuso un gran golpe moral para ellos, sugiriendo que los Persas obtuvieron una victoria pírrica.

La teoría según la cual la Batalla de las Termópilas, dio tiempo suficiente a los aliados para prepararse para Salamina, ignora el hecho de que la armada aliada se encontraba al mismo tiempo luchando y sufriendo bajas en la Batalla de Artemisio. Es más, comparado con el tiempo probable que transcurrió entre las Termópilas y Salamina, que el tiempo durante el cual los aliados fueron capaces de mantener la posición en las Termópilas frente a los persas, no es particularmente significativo.​ Parece claro que la estrategia aliada era mantener bloqueados a los Persas en las Termópilas y en Artemisio, y que al fallar en su objetivo, sufrieron una dura derrota.​ La posición Griega en las Termópilas, a pesar de encontrarse en una gran inferioridad numérica, era casi inexpugnable.​ Si hubiesen sido capaces de mantener la posición durante más tiempo, es posible que los Persas hubiesen tenido que retirarse por falta de agua y comida.​ Por ello, y a pesar de las bajas, forzar el paso por las Termópilas, fue una clara victoria Persa, tanto desde el punto de vista táctico como estratégico.​ La retirada con éxito de la mayor parte de las tropas Griegas, pese a ser una inyección de moral, no fue de ningún modo una victoria, aunque redujo un poco la magnitud de la derrota.La fama de las Termópilas deriva por lo tanto no de su efecto en el resultado final de la guerra, sino en el ejemplo inspirador que supuso.​ La Batalla es famosa por causa del heroísmo de los soldados que se quedaron en la retaguardia pese a saber que su posición estaba perdida y que se enfrentaban a una muerte segura.​ Desde entonces, los eventos que tuvieron lugar en las Termópilas han sido objeto de alabanzas desde multitud de fuentes. Una segunda razón que sirvió como un ejemplo histórico de un grupo de hombres libres luchando por su País y su Libertad.

Por ello, casi inmediatamente, los Griegos contemporáneos vieron las Termópilas como una lección moral y cultural crítica. En términos universales, un pequeño grupo de hombres libres habían luchado contra un inmenso número de enemigos Imperiales que luchaban bajo el látigo. Más especialmente, la idea Occidental de que los soldados decidían dónde, cómo y contra quién luchaban contrastaba con la noción Oriental del despotismo y la monarquía, probándose la libertad como la idea más fuerte ante la mayor valentía mostrada por los Griegos en las Termópilas, atestiguada por las posteriores victorias en Salamina y Platea   

Consecuencias
  Luego de la expulsión de los Persas, las ciudades Griegas tuvieron un arduo y costoso trabajo de reconstrucción.​ Y pese a la lección del trabajo militar en conjunto, a los pocos años volvieron a estar enfrentadas entre sí Atenas y Esparta. Después de 130 años de esta Batalla, las Polis Griegas consideraron retomar la idea de un plan de acción para liberar a las ciudades en Jonia y varias islas, en manos de Persia. la Liga de Corinto año 337 a. C.. Como continuación de las Guerras Médicas, fue una venganza de los Griegos por la destrucción sufrida, bajo el liderazgo de Macedonia, donde emergió Alejandro Magno, para poner en marcha este plan, no solo liberando a Jonia, sino también Egipto, arrebatándole la totalidad del Imperio a la poderosa Persia hasta los confines de la India  año 334 al 323 a. C.. Así fue como Persia dejó de existir como Imperio definitivamente en manos de los Griegos, sus antiguos vasallos. Este es el período llamado Helenístico.


Batalla de Maratón


Batalla de Maratón 
La batalla de Maratón, fue un enfrentamiento armado que definió el desenlace de la Primera Guerra Médica. Ocurrió en el año 490 a. C. y tuvo lugar en los campos y la playa de la ciudad de Maratón, situada a pocos kilómetros de Atenas, en la costa este de Ática. Enfrentó por un lado al Rey Persa Darío I, que deseaba invadir y conquistar Atenas por su participación en la revuelta Jónica, y, por otro lado, a los Atenienses y sus aliados. Una proeza recordada en esta batalla fue la de Filípides, que recorrió, diferente a lo que se cree, el camino de Atenas a Esparta para pedir ayuda al ejército espartano, pues la amenaza persa se cernía sobre el mundo griego. Esparta rehusó ayudar a los atenienses, alegando encontrarse en fechas de celebraciones religiosas. Tras la revuelta de Jonia, Darío decidió castigar a la ciudad griega que había prestado ayuda a sus súbditos rebeldes. Después de tomar Naxos y Eretria, la expedición persa, con el consejo de Hipias, que esperaba recuperar el poder en Atenas, desembarcó en la playa de Maratón. Tras cinco días cara a cara, las falanges ateniense y platense, aplastaron a la infantería persa que huyó y se embarcó de nuevo con fuertes bajas. El ejército griego se retiró rápidamente a Atenas para impedir el desembarco de la otra parte del cuerpo expedicionario persa en Falero, uno de los puertos de la ciudad. Esta victoria puso fin a la Primera Guerra Médica. Diez años después, tuvo lugar un nuevo ataque por orden de Jerjes I. La batalla de Maratón, desempeñó un papel político importante mediante la afirmación del modelo democrático ateniense y el inicio de grandes carreras militares para los generales atenienses como Milcíades o Arístides el Justo. Maratón sigue siendo una de las batallas más famosas de la Antigüedad, sobre todo a través de las conmemoraciones que suscitó, como la carrera de maratón en los Juegos Olímpicos de 1896 en Atenas.


Fuentes Históricas
Los autores antiguos remontaban los orígenes de la Primera Guerra Médica a la ya mencionada Revuelta Jónica,​ inscrito de hecho en el vasto movimiento expansionista del Imperio Aqueménida.​ Darío I, ya había puesto el pie en Europa, con la conquista de Tracia y la sumisión del Reino de Macedonia, que fue forzado a sumarse a la alianza persa.​ Sin embargo, la revuelta Jónica llevaba una amenaza directa sobre la integridad del Imperio, y Darío tomó la decisión de castigar a todos aquellos que se encontraban implicados, como las ciudades del Egeo y de la Grecia Continental. Atenas y la ciudad Eubea de Eretria enviaron veinticinco Trirremes en ayuda de las ciudades de Asia Menor,​ mientras un cuerpo expedicionario arrasaba Sardes antes de replegarse y de ser vencido en Éfeso por el sátrapa Artafernes, hermano de Darío. En el año 494 a. C., después de seis años de conflicto, Darío terminó aplastando las ciudades rebeldes. Después, los persas sometieron por la fuerza o la Diplomacia las islas del mar Egeo. Numerosas ciudades continentales recibieron embajadas del Rey Aqueménida pidiendo su sumisión y su doblegamiento. Atenas y Esparta se negaron e incluso, según Heródoto, asesinaron a los emisarios.​Anteriormente, en el año 511 a. C., con la ayuda de Cleómenes I, el Rey de Esparta, el pueblo ateniense expulsó a Hipias,​ tirano de Atenas.​ Éste huyó a Sardes, a la Corte del Sátrapa más cercano, Artafernes, le prometió el control de Atenas si lograba restaurarlo en el poder,​ cuya familia lo había detentado en Atenas durante 36 años. Cuando Atenas exigió a Persia que entregara a Hipias para ser enjuiciado, los persas se negaron, lo que provocó que la ciudad Ática se enemistara abiertamente con los persas,​ y que en vísperas de la Revuelta Jónica  año 499-494 a. C., enviara 20 Trirremes en ayuda de los Jonios. ​El tirano ateniense huyó probablemente a la Corte del Rey Darío durante la revuelta.La ciudad de Eretria, también había enviado ayuda, cinco Trirremes,​ aunque no sirvió de mucho ya que la rebelión fue subyugada. Esto alarmó a Darío, que deseaba castigar a las dos ciudades. En el año 492 a. C., envió un ejército bajo el mando de su yerno, Mardonio, a Grecia Continental. Empezó con la conquista de Macedonia y obligó a Alejandro I, a abandonar su reino, mientras que en el camino al sur, hacia las ciudades Estado Griegas, la flota persa fue diezmada por una tormenta al costear el promontorio del Monte Athos, perdiendo 300 naves y 20.000 hombres. Mardonio fue forzado a retirarse a Asia. Los ataques de los Tracios infligieron pérdidas al ejército Aqueménida en retirada.​ Darío aprendió, quizás a través de Hipias, que los Alcmeónidas, una poderosa familia ateniense, se opusieran a Milcíades, quien en ese momento era el político más prominente de Atenas. Si bien ellos rehusaron ayudar a restablecer a Hipias, puesto que habían contribuido a derrocarlo, según Heródoto, puesto que eran enemigos declarados de la tiranía.​ 


Algunas Polis, creyeron que una victoria persa era inevitable y necesitaban asegurar una posición mejor en el nuevo régimen político surgido tras la conquista persa de Atenas.​ Darío, deseando aprovecharse de esta situación para conquistarla, lo que aislaría a Esparta, conquistaría al resto de los griegos del Egeo y consolidaría su control sobre Jonia. Para esto Darío pensaba en hacer dos cosas. Sacar al ejército de sus murallas y derrotarlo en campo abierto. Y lograr la rebelión de la ciudad para rendirse a los persas.A finales del año 491 o inicios del año 490 a. C., una expedición naval de seiscientos Trirremes zarpó de Cilicia rumbo a Jonia al mando de Artafernes, hijo del Sátrapa de Lidia, el que hizo trato con Hipias, y del Almirante Medo Datis, enviada para aplastar a los insumisos.​ Mardonio, había sido relevado del mando por el gran número de naves perdidas en la tempestad que se abatió sobre ellas al costear el Athos.​Ahora bien, desde Cilicia no arrumbaron las naves a lo largo de la costa asiática en dirección al Helesponto y Tracia, sino que a partir de Samos, costearon Icaria, rebasaron el mar Icario,​ y navegaron entre las islas Cícladas, pues no se atrevían a circunnavegar el Monte Athos, dado que dos años antes sufrieron un desastre mientras surcaban dichas aguas, y además para tomar la isla de Naxos​ y la fuerza de Eretria y Atenas para someterse al Gran Rey o ser destruida, debían seguir esa ruta.​ Naxos fue saqueada, sus Templos quemados, y los Naxios que pudieron escapar huyeron a la zona central de la isla, que era montañosa.​ Después la flota izó velas y tras recorrer las Cícladas septentrionales, situadas entre Delos y Eubea, desembarcaron en la ciudad Eubea de Caristo, la sitiaron y saquearon, tras lo cual se dirigieron hacia Eretria, situada a 65 km de Caristo. Fue conquistada tras siete días de asedio, incendiada y su población reducida a la esclavitud. Los 4000 clerucos atenienses que habitaban las tierras de la ciudad Eubea de Calcis, que fueron enviados a socorrerlos tuvieron que darse a la fuga. Según se desprende del texto Herodoteo, se trataba de una expedición para castigar a atenienses y eretrieos, y los persas enviaron una flota que carecía de naves destinadas al transporte de caballos y sin apoyo de un ejército de tierra. El número de barcos probablemente no superaría el centenar y como todos los contingentes persas iban embarcados, su número oscilaría sobre los 30.000 hombres.​ Mientras los persas asolaban Naxos, los Delios, abandonaron su isla y emprendieron la huida hacia Tenos.​ Datis, sin embargo dio orden de no atracar en Delos y ordenó que las naves fondearan en Rinia.​ Según Heródoto, Datis tenía órdenes de Darío de respetar la isla sagrada donde habían nacido Apolo y Artemisa.​ La flota persa viró acto seguido hacia Atenas, siguiendo los consejos de Hipias, el viejo tirano ateniense depuesto veinte años antes, esperaba recuperar el poder merced a sus partidarios en el seno de la ciudad. Aconsejó a los persas atracar en la playa que orilla la llanura de Maratón, situada a 38 kilómetros de distancia de Atenas, de alrededor de unos cuatro km de larga y apropiada para maniobras de caballería.
Preludio 
El ejército ateniense, capitaneado por Milcíades el Joven, el strategos ateniense más experimentado en la lucha contra los persas, fue enviado a bloquear las salidas de la llanura de Maratón para impedir el avance del ejército aqueménida por tierra.​ Paralelamente, Fidípides, un corredor mensajero, fue despachado para solicitar refuerzos a Esparta. Es posible que Atenas tuviera un pacto previo de ayuda militar mutua epimaquia, y por consiguiente despachara a dicho mensajero.​ Según Georg Busolt, los atenienses enviaron al correo cuando ya habían decidido salir al encuentro de los persas. ​Pero la ciudad de laconia celebraba la Carneas, fiestas que implicaban una tregua militar hasta el plenilunio siguiente. Las tropas espartanas, no podían partir más que al cabo de diez días. Los atenienses que habían recibido el refuerzo de un pequeño contingente de Platea estaban casi solos.​ Los persas navegaron por la costa de Ática, y anclaron en la bahía de Maratón, a unos 40 kilómetros de Atenas, con el asesoramiento del tirano exiliado ateniense Hipias, que había acompañado a la expedición.​ Los dos ejércitos estuvieron frente a frente durante cinco días. La espera favorecía a Atenas, ya que cada jornada que pasaba se acercaba al día en que los refuerzos espartanos llegarían.​



Fuerzas enfrentadas y tácticas
 El armamento de los griegos era el propio de una infantería pesada: los Hoplitas atenienses y sus aliados platenses se protegían con un casco, un escudo, una coraza, cnémidas y brazales de bronce. Blandían una espada, una larga lanza y asían un escudo de piel con láminas de metal. Los Hoplitas combatían en filas cerradas, de modo acorde a la formación de la falange, sus escudos formaban delante de ellos una muralla.​ Los esclavos atenienses fueron liberados poco antes de la batalla para servir de infantería ligera,​ honderos y lanzadores de jabalina.​ Su número y su papel durante la batalla son desconocidos, debido a que los hechos y gestas de esclavos no eran juzgados dignos de ser relatados por los autores antiguos.​ Las tropas atenienses estaban dirigidas por diez stratogoi, uno por cada tribu, bajo la autoridad militar y religiosa de un polemarca, Calímaco. Cada estratego mandaba en el ejército durante un día. No obstante, parece que cada vez, los estrategos confiaban el mando a uno solo de ellos, entre quienes se contaba Milcíades.​ Este general conocía la debilidad del ejército Aqueménida por haber luchado con ellos durante la campaña de Darío contra los Escitas. El ejército persa estaba bajo el mando de Artafernes, un sobrino de Darío, a la cabeza del ejército de tierra, y Datis era el almirante de la flota.​​ La flota aqueménida estaba compuesta de 600 trirremes, Stecchini la estima en 300 trirremes y 300 barcos de transporte,​ mientras que Peter Green la cifra en 200 trirremes y 400 buques de transporte.​ Diez años antes, probablemente en la primavera del año 499 a. C. con 200 trirremes no pudieron someter Naxos,​ por lo que quizás una flota de 200 o 300 trirremes era insuficiente.​ El ejército estaba compuesto de soldados de diferentes procedencias, no hablaban las mismas lenguas y no tenían la costumbre de combatir juntos. Además, el armamento persa, con escudos de mimbre y lanzas cortas, convertía a la infantería persa vulnerable en el combate cuerpo a cuerpo.


Estrategia
Las estrategias de los ejércitos griego y persa no se conocen con certeza, los escritos de los autores antiguos son en ocasiones contradictorios, y varias hipótesis son posibles. Los mecanismos de desencadenamiento de la batalla que se derivan de estas diferentes posibilidades, también son especulaciones. Los atenienses no esperaron tras las murallas de su ciudad, sino que fueron al encuentro del enemigo. A ellos se unieron sus aliados de Platea. Estaban en desventaja en Maratón, debieron movilizar a todos los Hoplitas disponibles, y pese ello estaban en inferioridad numérica, por lo menos uno contra dos.​ Además, se tuvo que desguarnecer la defensa de la ciudad. Si fueran atacados por atrás, se dividirían las fuerzas, mientras que cualquier ataque contra ella no encontraría resistencia. La derrota en Maratón también significaría la aniquilación total del ejército ateniense. Los atenienses debían bloquear a los persas en la playa de Maratón, impidiendo que escaparan y evitar ser desbordados por los flancos. Se llevó a cabo el primer objetivo. No fue necesario desencadenar la batalla antes de tiempo. Por otra parte, los Hoplitas eran vulnerables a la carga de la caballería persa y constituía un riesgo.​ El campamento griego estaba protegido por los flancos por un pequeño bosque o por estacas, dependiendo de la traducción, logrando así el segundo objetivo.​ Los persas, querían vaciar la ciudad de defensores, bloquearlos en Maratón desembarcando la mitad de sus tropas y rodear a los Hoplitas para tomar Atenas por el mar, con las puertas abiertas por los hombres de Hipias.​ Este era un motivo por el que, a pesar de su superioridad numérica, los persas no habrían atacado de inmediato. Otro es que se recelaban de los Hoplitas, mucho más poderosos que su infantería ligera.​ Una parte de las tropas persas, incluida la caballería, pudieron haber reembarcado, teniendo por objetivo el puerto de Falero, a fin de llegar rápidamente a la Acrópolis de Atenas.​ Las tropas restantes habrían cruzado el Caradra, el pequeño arroyo que atravesaba la llanura de Maratón antes de perderse en las marismas litorales, con el fin de impedir el regreso de las fuerzas griegas hacia la ciudad.
Táctica
Antes de la batalla, los ejércitos estaban separados al menos ocho estadios, es decir, unos 1500 metros. Milcíades convenció a Calímaco, el Polemarca, a alargar la línea de soldados griegos. Dispuso las tropas de dos tribus situadas en el centro del dispositivo, los Leóntidas capitaneados por Temístocles y los Antióquidas por Arístides, en cuatro filas, mientras que las otras tribus fueran dispuestas en ocho filas.​ De hecho, la gran fuerza de las falanges griegas consistía en el impacto frontal capaz de dislocar las líneas de infantes enemigos, siendo su punto flaco que eran poco maniobrables y muy vulnerables por los flancos, era pues crucial para los griegos, ya que estaban en inferioridad numérica, no dejarse desbordar,​ en particular por la caballería persa.​ Era imperativo, por una parte, proceder al despliegue del frente en orden de combate, y por otra parte, que las falanges laterales fueran más fuertes para hacer recular las alas enemigas y así con movimiento de pinza envolver el centro del ejército persa donde se hallaban las mejores tropas.
 Detonante
 Cada día, cuando les llegaba al resto de estrategas el turno de ejercer el mando, se lo cedían a Milcíades, quien declinaba el ofrecimiento, determinado a no ejercerlo hasta que le correspondiera por derecho propio.​ la derrota de los persas se tornaba difícil sin la concurrencia de los Hoplitas Espartanos. La estrategia aqueménida era retener a las tropas atenienses en Maratón, hasta que sus partidarios de Atenas les dieran la señal de atacarla con parte de sus contingentes. los griegos cargaron contra el ejército aqueménida. Es probable que un cambio en el equilibrio de fuerzas les empujara a pasar al ataque. El cambio pudo deberse al reembarco de la caballería persa desapareciendo así su principal ventaja.​ Las falanges griegas eran muy vulnerables a un ataque por el flanco por parte de las unidades de caballería que las obligaría a dislocarse deviniendo así vulnerables ante una infantería ligera menos coordinada, pero muy superior en número. Un reembarco del ejército persa, cuya caballería marchó para atacar Atenas, mientras que el resto de la infantería frenaba a los Hoplitas en Maratón. los persas habían obtenido una posición defensiva, obligando a los atenienses a abandonar su posición defensiva por una ofensiva y pasar al ataque.​ Los arqueros persas eran una amenaza para una tropa estática a la defensiva. La ventaja de los Hoplitas residía en la cohesión, que privaba a los arqueros de la posibilidad de acertar.​ 
Choque
 Cuando la línea griega estuvo formada en orden de combate, Milcíades dio una simple orden. Al ataque. los griegos corrieron toda la distancia que les separaba de los persas profiriendo su grito de guerra. Es sin embargo dudoso, ya que la armadura completa, pesaba por lo menos 20 kg, por lo que era bastante pesada. La carrera sería una marcha, en filas cerradas, cuya aceleración devino en una carga en los últimos 100 metros, para llegar con plena velocidad hasta el enemigo.​ Esta táctica presentaba la ventaja de estar menos tiempo bajo la lluvia de flechas de los arqueros persas, cuyo alcance máximo era 200 metros.​ Los persas se quedaron sorprendidos, porque dicha carga rayaba en la locura, dado que no tenían caballería o arqueros. Los persas estaban habituados a que sus adversarios griegos les tuvieran miedo y huyeran en lugar de avanzar. Los griegos atravesaron las líneas persas sin atascarse ante las andanadas de flechas, protegidos por sus armaduras, y golpearon las líneas enemigas. Los persas fueron sorprendidos, esperaban que sus oponentes fueran un blanco fácil y detener su progresión. El choque de la falange de Hoplitas fue devastador, los Hoplitas permanecían en contacto mediante sus lanzas y sus hombros, y hay que tener en cuenta la masa total de la falange y su energía cinética, ya que llegó a toda velocidad. La energía acumulada por la falange fue tal que el impacto arrolló a los infantes persas.​ En los combates entre griegos, los escudos entrechocaban y las lanzas llegaban a las armaduras de bronce. Los persas no tenían ni escudos ni armaduras apropiados. No disponían prácticamente más que de su piel para oponerse al blindaje griego y no tenían apenas nada que pudiese penetrar el muro de escudos.



Los flancos griegos dispersaban fácilmente a las tropas que se les enfrentaban, porque consistían en tropas reclutadas en el Imperio o Jonios poco motivados y más débiles en el centro. Dichas tropas se desbandaron y subieron presas del pánico a bordo de sus barcos. El centro persa resistió mejor porque estaba compuesto de tropas de élite, los melóforos, entre otros, quienes a su vez, hundieron el centro de una línea delgada de Hoplitas griegos, hasta que los flancos griegos lograron envolverlos. De hecho, las tropas griegas dispuestas en las alas renunciaron a perseguir a las tropas derrotadas y cayeron en el centro del ejército persa en una maniobra de tenaza perfecta. El centro persa se replegó en desorden hacia las naves, perseguidos por los griegos.​ Dichos combatientes del centro del ejército persa fueron aniquilados hasta en el agua. En la confusión, los atenienses perdieron más hombres que en el momento del choque entre los dos ejércitos.​ Soldados persas huyeron hacia las marismas donde se ahogaron.​ Los atenienses lograron la captura de siete naves persas, mientras que las otras lograron escapar. Cinegiro, hermano de Esquilo, había atrapado un trirreme persa e intentaba sacarlo a la playa, cuando un miembro de la tripulación persa le cortó la mano. Murió a causa de la amputación.
Carrera hacia Atenas
Después de esta victoria, los griegos debían prevenir una segunda ofensiva persa con el ataque de sus mejores tropas que habían reembarcado después de la batalla.​ Los Leóntidas y los Antióquidas, los efectivos de las tribus situadas en el centro de la falange y que habían sufrido enormemente, permanecieron en el campo de batalla, mandados por Arístides.​ La flota persa necesitaba una decena de horas para poder doblar el Cabo Sunión y arribar a Falero. Con una marcha forzada de siete u ocho horas,​ con una batalla a las espaldas, los Hoplitas griegos llegaron justo antes que las escuadras navales enemigas.​ Los persas, al percatarse de la maniobra, renunciaron a desembarcar.​ En Atenas circuló, a modo de acusación el rumor de que los bárbaros se habían decidido por esta maniobra a instancias de los alcmeónidas, que habrían llegado a un acuerdo con los persas para hacerles una señal, levantando un escudo, cuando estos se encontraran ya a bordo de sus barcos.​ La señal convenida, fuera quien fuese la facción filopersa encargada de ello, sería dada cuando estuvieran prestos a actuar los partidarios intramuros. El retraso provocó que Datis determinara zarpar antes de haberla recibido. Tal vez, la señal se diera, afortunadamente para el desenlace de la batalla, el mismo día en que comenzó.​ Algunos días más tarde llegaron los refuerzos espartanos, 2000 Hoplitas, quienes felicitaron a atenienses y platenses. Este éxito marcó el final de la Primera Guerra Médica. La Batalla de Maratón se convirtió en un símbolo para los Griegos y confirió un gran prestigio a Atenas. ​De manera general, Maratón constituyó una justificación ideológica del poder ateniense, en particular durante la fundación de la Confederación de Delos en el año 472 a. C. y de la transformación de esta alianza en un verdadero Imperio, que sometía a sus aliados a un tributo. Sus futuros dirigentes, Arístides, Milcíades y Temístocles obtuvieron su rédito político. La guerra y las armas jugaron un papel político y social en el mundo griego, la caballería era el arma de la aristocraciapentacosiomedimnos e hippeis, es decir, las dos primeras clases, y los pequeños propietarios de tierras, Zeugitas, la tercera clase censitaria, constituían la base de la falange, los más pobres, los thetes, como no tenían medios económicos para procurarse una Panoplia, servían en la Marina de Guerra. Maratón constituyó también la victoria de un nuevo sistema político, la Democracia y sus ciudadanos-soldados, los Hoplitas, puesto que el tirano Hipias partió al exilio a Sigeo, y su familia, los Pisistrátidas, no recuperaron el poder.​ La victoria consagró las nuevas instituciones, ello significaba que los dioses les habían sido favorables.​ La ideología no evolucionó hasta casi un Siglo después, los opositores a la democracia como Platón,​ exaltaban a los hoplitas de Maratón, símbolos de un régimen moderado, y denigraban la victoria de Salamina, obtenida durante la Segunda Guerra Médica, por los hombres de los Trirremes, símbolos de la democracia abierta a todos y del Imperialismo Ateniense, culpable a sus ojos de haber provocado la Guerra del Peloponeso y de la derrota de 404 a. C. infligida por Esparta.​ Esta división es, no obstante, una relectura partidista posterior, dado que durante todo el siglo V a. C. tanto los Hoplitas como los marinos eran partidarios de la democracia y de la hegemonía ateniense. Para los persas, se trataba sobre todo de un desembarco fallido y de un revés menor en una expedición, que alcanzó algunos de los objetivos sometiendo el Mar Egeo al poder de Darío I y castigando a Eretria.​ En cuanto a la derrota se debió en parte a que la caballería había sido embarcada, aunque el resultado incontestable es que la infantería fue batida en campo abierto. El pequeño fracaso sufrido en Maratón fue un capitulo marginal en la política persa. La reacción del Gran Rey, a esta derrota fue de entrada preparar su venganza y una nueva expedición,​ pero estalló una revuelta en Egipto, dirigida por el Sátrapa Ariandes, que tuvo ocupado a Darío en los últimos meses de su reinado.​ Murió en el año 486 a. C. y su hijo Jerjes I, le sucedió en el Trono AqueménidaMaratón y Platea contra supuestas hordas persas difícilmente se pueden considerar, arquetípicas, dada la experimentada y poderosa máquina militar aqueménida, cuestionable.