viernes, 27 de enero de 2017

La Sexta Cruzada.



Tras el fracaso de la Quinta Cruzada, el emperador Federico II de Hohenstaufen firmó el Tratado de San Germano " 1.225 ", por el que se comprometía a llevar una cruzada hacia Tierra Santa, pero por razones políticas había retrasado en varias ocasiones el inicio de su viaje a Jerusalén. Cuando en el año 1.227, debido a una enfermedad se vio obligado a posponer la cruzada una vez más, fue excomulgado por el Papa Gregorio IX. Sin embargo, al año siguiente, Federico II fue a Jerusalén, mientras que el Papa se refería a él como " el Anticristo ". Esta cruzada fue la única que tuvo éxito.
La Sexta Cruzada comenzó en el año 1.228, tan solo siete años después del fracaso de la Quinta Cruzada, y fue un nuevo intento de recuperar Jerusalén.
El Emperador Federico II había intervenido en la Quinta Cruzada, enviando tropas alemanas, pero sin llegar a acompañarlas personalmente, pues necesitaba consolidar su posición en Alemania e Italia antes de embarcarse en una aventura como la cruzada. No obstante, prometió tomar la cruz después de su coronación como emperador en el año 1.220 por el Papa Honorio III.

Viaje frustrado, enfrentamiento de Federico II con el Papa.

En el año 1.225, Federico II se casó con Yolanda de Jerusalén, hija de Juan de Brienne y María de Montferrato. Por esto Federico II, tenía aspiraciones al trono de dicho reino, o lo que es lo mismo, tenía una razón poderosa para intentar recuperar Jerusalén. En el año 1.227, siendo ya Papa Gregorio IX, Federico II y su ejército partieron de Brindisi hacia Siria, pero una epidemia les obligó a volver a Italia. Esto le dio a Gregorio IX, la excusa para excomulgar, por romper sus votos de cruzado, a Federico II, que llevaba años luchando por consolidar el poder imperial en Italia a expensas del Papado. Tras varios intentos de negociación con el Papa, Federico II decidió embarcarse nuevamente hacia Siria en el año 1.228, a pesar de la excomunion, llego a Acre en septiembre.

Ciudad de Acre.

Intrigas en Tierra Santa.

Una vez allí pronto se vio atrapado por la complicada política del Oriente Próximo. Por un lado, entre los propios cristianos, muchos veían en esta nueva cruzada un intento de extender el poder imperial. Se produjo por tanto en Tierra Santa una continuación de la lucha mantenida en Europa entre los defensores del Papado, y los del imperio.
Del otro lado, los musulmanes tenían sus propias luchas internas, por lo que el Sultán al-Kamil, firmó un tratado con Federico II para unirse contra su enemigo al-Naser. A cambio, el emperador podría obtener varios territorios, entre ellos Jerusalén exceptuando la Cúpula de la Roca, sagrada para el islam, y una tregua de diez años. A Pesar de la posición del Papa Gregorio IX, a este acuerdo, Federico II, se coronó rey de Jerusalén, si bien legalmente actuaba como regente de su hijo Conrado IV, de Alemania, nieto de Juan de Brienne.

Regreso a Europa.

La partida de Federico II de Jerusalén, acusado por graves problemas en Europa y la expiración de la tregua en el año 1.239, supondría el final de la breve recuperación de Jerusalén por parte de los cruzados. La ciudad Santa, conquistada por los musulmanes en el año 1.244, no volvería a estar en manos de cristianos. No obstante, Federico II, había sentado su precedente, la Cruzada podía tener éxito aun sin apoyo Papal. A partir de ese momento los reyes Europeos podrán, por iniciativa propia, tomar la Cruz, como hicieron, Luis IX de Francia y Eduardo I de Inglaterra.

Jerusalén.


martes, 24 de enero de 2017

La Quinta Cruzada



La Quinta Cruzada " 1.217 - 1.221 ", fue un conjunto de acciones militares provenientes de Europa Occidental para retomar Jerusalén y el resto de Tierra Santa derrotando en primer lugar al poderoso estado Ayubí de Egipto. El Papa Inocencio III y su sucesor, el Papa Honorio III, convocaron los ejércitos cruzados liderados por las enormes fuerzas militares del Rey Andrés II de Hungría " 1.176 - 1.230 ", que realizaron una incursión contra Jerusalén, dejando finalmente la ciudad en manos de los musulmanes.
Más tarde, en el año 1.218, un ejército dirigido por el alemán Oliver de Colonia, y un ejército mixto de Holandeses, flamencos y frisios dirigidos por Guillermo I de Holanda se unieron a la cruzada. Con el fin de atacar el puerto Damietta, en Egipto, se aliaron en Anatolia con el selyúcida sultanato de Rüm, que atacó a los ayubidas en Siria, en un intento de liberar a los cruzados de luchar en dos frentes.
Después de ocupar Damietta, los cruzados marcharon en julio de 1.221 al sur, hasta El Cairo, pero fueron repelidos después de que las fallas en sus fuentes de suministro les obligaron a una retirada forzosa. Un ataque nocturno del Sultán al-Kamil causó un gran número de pérdidas de los cruzados, y finalmente, la rendición del ejército, al-Kamil acordó un acuerdo de paz de ocho años con los contendientes europeos.
Inocencio III, ya había planeado desde 1.208, una cruzada para destruir el imperio ayubi y recuperar Jerusalén. En abril de 1.213, el Papa Inocencio III, publicó la bula papal Quia maior, llamado a toda la cristiandad a unirse a una nueva cruzada. Esta fue seguida por otra bula, al Ad Liberandum en 1.215.



Francia.

El mensaje de la cruzada fue predicado en Francia por el cardenal Robert de Courçon, aunque sin embargo, a diferencia de otra cruzadas, no muchos caballeros franceses se unieron, ya que estaban luchando en la cruzada albigense contra la herejía cátara en el sur de Francia.
En el año 1.215, el Papa Inocencio III convocó el IV Concilio de Letrán, donde, junto con el patriarca latino de Jerusalén, Raúl de Mericourt, habló sobre la recuperación de la Tierra Santa, entre los cometidos de la iglesia. Inocencio quería que fuera dirigida por el papado, como había sido en la Primera Cruzada, con el fin de evitar los errores de la Cuarta Cruzada, que había sido emprendida por los venecianos. El Papa Inocencio III tenía previsto que los cruzados que los cruzados se reunieron en Brindisi en el año 1.216, y prohibió el comercio con los musulmanes, para asegurarse de que los cruzados tendrán naves y armas. Cada cruzada recibiría una indulgencia, incluyendo aquellos que simplemente ayudan a pagar los gastos de un cruzado, aunque ellos mismos no fueran a la cruzada.

Hungría y Alemania.

Oliver de Colonia había predicado la cruzada en Alemania y el emperador Federico II, intentó unirse en el año 1.215. Federico II, era el último monarca al que Inocencio III quería ver unirse, ya que había desafiado al Papado. Inocencio III, sin embargo, murió en el año 1.216. Le sucedió el Papa Honorio III, quien prohibió a Federico II participar, pero que encomendó la organización de los ejércitos cruzados al Rey Andrés II de Hungría y al Duque Leopoldo VI de Austria. El Rey Andrés II escogió la ruta por mar para acceder a la Tierra Santa, aunque por sus planes relacionados con Bizancio considero por un tiempo una ruta por vía terrestre. La movilización real dentro del reino húngaro al inicio de la cruzada es bien conocida, el Rey primero estuvo en la ciudad de Szekesfehervar, desde donde avanzó con sus fuerzas hasta Zagreb, terminado en Split,  donde fue recibido por toda la ciudad y los dignatarios de más alto rango con toda la pompa respectiva. Se oficio una majestuosa misa en el antiguo Mausoleo del emperador Diocleciano, recinto adaptado para convertirlo en la Catedral de San Domnius.
Andres II había pedido créditos a grandes casas comerciales de Italia para financiar su empresa cruzada, e igualmente también sacrificó la propia ciudad de Zara, localizada en la actual Croacia, que había sido ocupada por los ejércitos venecianos de la Cuarta Cruzada, decidiendo a los Italianos a cambio de que transportaran a sus soldados en sus barcos. Se sabe que Andrés II también llevó muchos artículos y joyas de gran valor que vendió para cubrir los gastos cruzados, como por ejemplo la corona de la primera reina consorte húngara Gisela de Baviera " 984 - 1.059 ", que vendió en Tierra Santa por ciento cuarenta marcos de plata. La cantidad de soldados que se lograron reunir en las huestes húngaras es aún un tema debatido, pero se estima que rondaba cerca de los treinta y dos mil hombres, veinte mil caballeros y doce mil soldados, lo que superaría todas las fuerzas cristianas cruzadas enviadas antes a Tierra Santa. Entre los personajes más conocidos que acompañaron al rey húngaro se hallaba el abad Uros de Pannonhalma, quien era uno de los religiosos más estimados de su época y llevaba dirigiendo con éxito la importante abadía desde 1.207.
El Rey Húngaro había coordinado la empresa con el Duque Leopoldo VI de Austria, y esperaba ensamblar una fuerza combinada con los dos ejércitos como jamás se había visto. Los primeros ejércitos cruzados occidentales partieron desde el puerto de la ciudad de Vlaardingen el 27 de mayo de 1.217 en trescientos barcos hacia Oriente. Sin embargo, a pesar de la prontitud de la partida, arribaron mucho después que los húngaros y austriacos a Tierra Santa, puesto que hicieron escala en Santiago de Compostela, y una parte de ellos se involucró en la guerra de reconquista portuguesa contra los musulmanes en la Península Ibérica.


Las fuerzas húngaras y austriacas se habían agrupado en Split, desde donde primero partieron los germanos, y tras 16 días de viaje, arribaron a la ciudad de Acre, ciudad costera a orillas del Mediterráneo. Los húngaros partieron después, lo cual significa que el plan de Andres II en Chipre había sido descartado por falta de tiempo y habían decidido continuar hacia Oriente. Ya en Acre fueron recibidos por Raúl de Mericourt, el Patriarca Latino de Jerusalén. El primer consejo de guerra se reunió en la tienda real de Andrés II y contó con la presencia de Leopoldo VI, Hugo I de Chipre, el príncipe Bohemundo IV de Antioquia, los tres maestres de la Orden del Teutónica y el Rey Juan de Jerusalén. El objetivo era como el de las anteriores cruzadas el rescatar las tierras de manos de los musulmanes, en esta oportunidad combatieron a los Ayubitas en Siria.
Los ejércitos cruzados se dirigieron al sur hacia la cadena montañosa junto a Acre y fijaron un campamento en las afueras de Riccardiana, pues las primeras expediciones partieron en busca de provisiones para mantener el enorme ejército. El tres de noviembre e patriarca latino Raúl y el Obispo Jacobo Vitry de Acre se presentaron en persona frente al rey húngaro y al duque austriaco, trayendo con ellos un pedazo de la Vera Cruz, la cual se había perdido después de la Batalla de los Cuernos de Hattin en el año 1.187. Ambos monarcas caminaron descalzos hasta la Santa reliquia y se arrodillaron ante ella besándola en señal de adoración.


Al-Muazzam, hijo del Sultán al-Ádil vigilaba a los cruzados desde cerca, sin embargo su padre no le permitió atacarlos, quizás porque sobrestimar a las fuerzas cristianas. El 4 de noviembre las fuerzas cristianas avanzaron para explorar las cercanías del castillo sobre el monte Tabor y el 10 de noviembre habían cruzado el mar de Galilea cubriendo la orilla norte del río Jordán en varias direcciones. Posteriormente cruzaron por el vado Jacobo, comenzando su trayecto de regreso hacia Acre. Mientras avanzaban las crónicas registraron la toma de varios asentamientos y la apropiación de varios botines, conjugado  con la visita de lugares Santos como Cafarnaúm y un baño en el Jordán, cumpliendo así los líderes sus promesas cruzadas.
En el año 1.218, llegó un nuevo ejército al mando de Oliver de Colonia, que junto con Leopoldo VI y Juan de Brienne, decidieron atacar finalmente el puerto egipcio de Damietta. El sitio fue largo y duro, y costó la vida de muchos cruzados y musulmanes, entre ellos el propio Sultán al-Ade, pero finalmente se logro tomar la plaza en el año 1.219. Acto seguido, comenzaron las disputas entre los cristianos por el control de la ciudad. Estas disputas y la falta de ayuda por parte del emperador alemán, retrasaron la continuación de la campaña hasta el año 1.221, año en que los cruzados marchan al sur hacia el Cairo. Para entonces, el nuevo Sultán al-Kamil había reorganizado sus fuerzas, lo que unido a las inundaciones del río Nilo que diezmaron al ejército cruzado en su marcha hacia el sur, acabo con la definitiva derrota cristiana y su posterior rendición.




miércoles, 18 de enero de 2017

PICO CORRECILLAS " Polvoreda " 08/01/17.





Villalfeide, localidad perteneciente al Municipio de Matallana del Torío, Provincia de León, situado sobre el Arroyo de Correcillas, afluente del Río Torío.
Los terrenos del Villalfeide limitan con los de Tabanedo y Rodillazo al norte, Valverde de Curueño y Valdeteja al noreste, Valdorria, Correcillas y La Mata de la Berbula al este, Aviados y La Valcueva al sureste, Robles de la Valcueva y Matallana de Torío al sur, Serrilla al suroeste, Coladilla y Vegacervera al oeste, Valporquero de Torío y Felmín al noroeste. Villalfeide perteneció al Concejo de Vegacervera.
Concejo de Vegacervera, es una Comarca tradicional de la Provincia de León. Está formada por los actuales Ayuntamientos de Vegacervera, Matallana de Torío y La Pola de Gordón. La Comarca está a escasos kilómetros de la Capital. Las Comunidades Mozárabes de la zona pusieron de moda la peregrinación a la Ermita de San Froilán en Valdorria con paso obligado por Villalfeide. Su historia está patente en un puente medieval, así como en su iglesia Románica, con piedras que debieron pertenecer a viejas instalaciones ermitañas.




Iglesia de San Félix de Villalfeide, la iglesia parroquial de Villalfeide fue construida en el Siglo XIII, sobre los restos de un Monasterio, las numerosas reconstrucciones posteriores han ido modificando su aspecto, aunque mantiene su traza Románica.


Fecha - 08/01/17.
Hora de Salida desde León " Plaza de Guzmán ". - 08:30 hr.
Destino - Villalfeide.
Comarca de Argüellos - Montaña Central.
Municipio - Matallana de Torío.
Ruta - Villalfeide - Pico Polvoreda.
Villalfeide - Latitud - 42º52'56"N - Longitud - 5º30'58,00"O
Pico Polvoreda - Latitud - 42º53'55,45"N. - Longitud - 5º28'56,47"O.
Principio y Fin de Ruta - Villalfeide.
Distancia desde León - 42 km. por N - 630 y CL - 626 " 42 mnt. "
Hora de Inicio Ruta - 09:30 hr.
Tipo de Ruta - Lineal " Ida y Vuelta ".
Dificultad Técnica - Moderado.
Altitud Mínima - 1.047 m.
Altitud Máxima - 2.011 m.
Desnivel Ascendente - 980 m.
Desnivel Descendente - 980 m.
Kilómetros Totales en Ruta - 10,9 km.
Tiempo Total en Ruta - 10 hr. - 23 mnt.
Hora Fin de Ruta - 19:45 hr.
Hora Llegada a León " Plaza de Guzmán " - 22:15 hr.
Recomendaciones - Calzado apropiado - Ropa de abrigo y de recambio - Chubasquero, Gorra y Protección solar - Mapa - Brujula y GPS - Teléfono móvil " con la batería  cargada " - Botiquín - Linterna o Frontal " pilas de recambio " - Silbato - Agua y Comida.


























Peña Valdorria.

Peña Galicia.


El Pico Polvoreda, representa la máxima altitud del municipio. Tiene gran tradición entre los montañeros.












martes, 3 de enero de 2017

La Cuarta Cruzada


La Cuarta Cruzada " 1.203 - 1.204 " fue una expedición militar organizada como una Cruzada para reconquistar Tierra Santa, pero que varió su rumbo, terminando con la conquista y el saqueo de Constantinopla, Capital del Imperio Bizantino, que pasó a llamarse entonces " Imperium Romaniae ". La Tercera Cruzada no había logrado su objetivo de recuperar Jerusalén, que continuaba bajo dominio Musulmán. El tratado que Ricardo " Corazón de León " y Saladino había firmado en el año 1.192 dejaba en poder de los cristianos tan solo una estrecha franja costera desde Tiro hasta Jaffa, aunque garantiza la seguridad de los peregrinos cristianos que viajasen a Jerusalén.
El Papa Inocencio III, deseoso de establecer la autoridad de la Santa Sede en todo el Orbe cristiano, tenía un gran interés por los asuntos de los Estados Cristianos de Oriente.  Por otro lado, en la última década del siglo XII, había ido intensificando la rivalidad entre Enrique VI de Alemania y el Emperador Bizantino Isaac II Ángelo. La anterior expedición alemana, guiada por Federico I Barbarroja, se había deshecho a causa de la muerte del Emperador. Enrique, y su hijo y sucesor, exigía de Bizancio la entrega de la región de los Balcanes y el pago de los daños sufridos por la expedición de Barbarroja. Su política en Oriente, aceptando los juramentos de vasallaje de los reyes de Armenia y de Chipre, era de deliberada hostilidad contra Bizancio. Es posible que Enrique tuviera ya en mente la posibilidad de dirigir una nueva Cruzada contra Constantinopla. Sin embargo, falleció en el año 1.197 en Mesina, a la edad de 32 años. Su sucesor en el trono alemán, Felipe de Suabia, tenía además intereses personales en Bizancio, ya que estaba casado con Irene Angelina, hija del Emperador Isaac II Ángelo, que había sido depuesto en el año 1.195 por su hermano.
La ciudad - estado de Venecia, principal potencia marítima en el Mediterráneo Oriental, tenía fuertes intereses comerciales en los territorios Bizantinos, y muy especialmente en la capital, Constantinopla. Desde finales del siglo XII gozaban de privilegios especiales para comercial en el Imperio Bizantino, pero en el año 1.171 el Emperador Manuel I Comneno ordenó la detención de los comerciantes venecianos y la confiscación de sus bienes, lo cual provocó una suspensión de la actividad comercial entre Venecia y Bizancio que se prolongó por espacio de quince años. En el año 1.185, Venecia acordó reanudar las relaciones comerciales con el Emperador Andrónico I Comneno, así como abonar una cantidad en concepto de compensación por las propiedades confiscadas en el año 1.171, que nunca llegó a hacerse efectiva. Bizancio, además, explotaba en beneficio propio la rivalidad comercial de Venecia con otras ciudades - estado Italianas, como Génova y Pisa. El objetivo de Venecia,  por lo tanto, era asegurarse la supremacía comercial en Oriente, desplazando definitivamente a sus rivales.


Preparativos.

En el año 1.198, el nuevo Papa Inocencio III comenzó a predicar una nueva Cruzada. Su llamamiento, sin embargo, tuvo poco éxito entre los Monarcas Europeos. Los alemanes estaban enfrentados al poder Papal, en tanto que Francia e Inglaterra se encontraban combatiendo la una contra la otra. Sin embargo, gracias a las encendidas prédicas de Fulco de Neuily, se organizó finalmente un ejército cruzado en un torneo organizado en Ecri por el Conde Teobaldo de Champaña en noviembre de 1.199. Teobaldo fue nombrado jefe de este ejército, del que también formaban parte Balduino VI de Henao, Conde de Flandes, y su hermano Enrique, Luis Conde de Blois, Godofredo III de Villehardouin, entre otros muchos señores del norte de Francia y de los Países Bajos. Más tarde se añadieron a la empresa algunos caballeros alemanes y varios Nobles del norte de Italia, como Bonifacio, Marqués de Montferrato. La expedición se encontró con el problema de transporte, pues carecía de una flota para trasladarse a Oriente, y la ruta terrestre era poco menos que imposible a causa de la decadencia del poder Bizantino en los Balcanes. Se decidió que se haría un desembarco en Egipto, desde donde se avanzaría por tierra hasta Jerusalén. En el año 1.201, murió Tibaldo de Champaña, y los cruzados eligieron como nuevo jefe de la expedición a Bonifacio de Montferrato. Éste, firme partidario de los Hohenstaufen, conoció en la corte de Felipe de Suabia a Alejo, hijo del depuesto Emperador Isaac II Ángelo, quien deseaba contar con la ayuda de os cruzados para recuperar el trono imperial que le correspondía por herencia.
Entretanto, los cruzados enviaron mensajeros a Venecia, Génova y otras ciudades para contratar el transporte de la expedición. Uno de los enviados fue el historiador Godofredo de Villehardouin. Finalmente se llegó a un acuerdo con Venecia en abril de 1.201, por el cual la República se encargaba del transporte hasta Egipto de un ejército de 33.500 cruzados, junto con 4.500 caballos, a cambio de 85.000 marcos de plata. Cuando llegó el momento de embarcar, en junio de 1.202, los cruzados, cuyo ejército era sensiblemente menos numeroso de lo que habían previsto, no pudieron reunir la cantidad acordada. Venecia se negó a transportar al ejército a menos que se pagase íntegra la cantidad acordada. Los cruzados pasaron el verano acampados en la isla de San Nicolás de Lido, sin poder zarpar, hasta que finalmente Bonifacio de Montferrato pudo llegar a un acuerdo con Venecia.

Toma de Zara.

Los Venecianos estaban enemistados con el Rey Emérito de Hungría por la posesión de Dalmacia. El Reino Húngaro había heredado en el año 1.091, los territorios de Croacia y Dalmacia tras la muerte del Rey Dmitar Zvonimir de Croacia, ya que la reina viuda Helena de Hungría llamó a su hermano el Rey San Ladislao I de Hungría, a quien le otorgó dichas regiones. Considerándolo un punto estratégico, la República de Venecia siempre intentó extender su influencia sobre esa región. Zara era una ciudad debatida que había pasado de unas manos a otras en un periodo relativamente corto. En el curso de esta guerra, Venecia la había perdido recientemente a manos húngaras. Su propuesta fue permitir el aplazamiento del pago de la cantidad que se les adeudaba a cambio de que los cruzados los ayudaran a conquistar esta ciudad. Bonifacio de Montferrato y el Dux Enrico Dandolo se pusieron de acuerdo. A pesar del desagrado del Papa, que desautoriza esta expedición, la flota zarpó de Venecia el 8 de noviembre de 1.202, y dos días después los cruzados atacaron Zara, que fue conquistada el día 15 del mismo mes. El Papa optó por excomulgar a todos los expedicionarios, aunque más adelante rectificó y perdonó a los cruzados, manteniendo la excomunión sólo para los venecianos.
Mientras el ejército cruzado invernaba en Zara, llegó un mensajero de Felipe de Suabia portando una oferta del pretendiente al trono Bizantino, Alejo. Si el ejército cruzado se desviaba hasta Constantinopla y le ayudaba a reconquistar su trono, Alejo no solo estaba dispuesto a garantizar el pago de la deuda que los cruzados habían contraído con Venecia, sino que además se comprometía aportar a la cruzada un contingente de 10.000 soldados, así como fondos y provisiones para emprender la conquista de Egipto. Tanto Montferrato como Dandolo aceptaron el cambio de planes. Algunos cruzados se impusieron, arguyendo que si habían emprendido la cruzada era para luchar contra los musulmanes, abandonaron el ejército y se embarcaron hacia Siria. La mayoría, sin embargo, optó por continuar. En abril llegó Alejo a Zara y pocos días después la flota zarpó de nuevo. El 24 de junio de 1.203, el ejército cruzado se encontraba ante Constantinopla.

Dux Enrico Dandolo.

Los Cruzados en Constantinopla.

Tras atacar sin éxito las ciudades de Calcedonia y Crisopolis, en la costa asiática del Bósforo, el ejército cruzado desembarcó en Gálata, al otro lado del Cuerno de Oro. Sus primeros intentos de conquistar Constantinopla no tuvieron fruto, pero el 17 de julio los venecianos lograron abrir una brecha en las murallas. Creyendo inminente la caída de la ciudad, el Emperador Alejo III decidió huir, llevándose consigo a su hija favorita y una bolsa llena de piedras preciosas, y se refugió en la ciudad Tracia de Mosinópolis. Los dignatarios imperiales, para resolver la situación, sacaron de la cárcel al depuesto Emperador Isaac II Ángelo, padre de Alejo, y lo restauraron en el trono. Tras unos días de negociaciones, llegaron a un acuerdo con los cruzados por el cual Isaac y Alejo serían nombrados co - emperadores. Alejo IV fue coronado el 1 de agosto de 1.203, en la iglesia de Santa Sofía.
Para intentar cumplir las promesas que habían hecho a venecianos y cruzados, Alejo se vio obligado a recaudar nuevos impuestos. Se había comprometido también a conseguir que el clero Ortodoxo aceptase la supremacía de Roma y adoptar el rito latino, pero se encontró con una fuerte resistencia. Confiscó algunos objetos eclesiásticos de plata para pagar a los venecianos, pero no era suficiente. Durante el resto del año 1.203, la situación fue volviéndose más y más tensa, por un lado, los cruzados estaban impacientes por ver cumplidas las promesas de Alejo, por otro lado, sus súbditos estaban cada vez más descontentos con el nuevo emperador. A esto se unían los frecuentes enfrentamientos callejeros entre cruzados y bizantinos.
El yerno de Alejo III, también llamado Alejo, se convirtió en el cabecilla de los descontentos y organizó, en enero de 1.204, un tumulto que tuvo consecuencias. En febrero los cruzados dieron un ultimátum a Alejo IV, quien confiesa impotente para cumplir sus promesas. Estalló una sublevación que, tra algunas vicisitudes, entroniza a Alejo V Ducas. Alejo IV fue estrangulado en una mazmorra, y su padre Isaac II murió poco después en prisión.



Conquista de la Ciudad.

En marzo. los cruzados deliberaron sobre lo que convenía hacer. Decididos a recuperar la ciudad por la fuerza y a colocar en el trono a un emperador latino, no lograban, sin embargo, ponerse de acuerdo acerca de quién sería el mejor candidato de entre ellos a ocupar el trono imperial. Bonifacio, el jefe de la expedición, no estaba bien visto por los venecianos. Finalmente se decidió que se formaría un comité electoral, compuesto de seis delegados francos y seis venecianos, que elegiría al emperador.
Atacaron por primera vez la ciudad el 6 de abril de 1.204, pero fueron rechazados con un gran número de bajas. Seis días después reanudaron el ataque. Los cruzados lograron abrir una brecha en la muralla en el barrio de Blanquerna. Al mismo tiempo, se produjo un incendio en la ciudad, y la defensa bizantina se desmoronó. Los cruzados y los venecianos entraron en la ciudad. Alejo V huyó a Mosinópolis, donde un año antes se había refugiado su suegro, Alejo III. Los nobles ofrecieron la corona a Teodoro Láscaris, yerno también de Alejo III, pero éste la rechazó y huyó a Asia con su familia, el patriarca de Constantinopla y varios miembros de la nobleza bizantina. Se estableció en Nicea, donde fundó el Imperio de Nicea, depositario de la legitimidad bizantina. La ciudad fue saqueada durante varios días. 
Destrozaron las santas imágenes y arrojaron las sagradas reliquias de los mártires a lugares que avergüenza mencionar, esparciendo por doquier el cuerpo y la sangre del Salvador. En cuanto a la profanación de la Gran Iglesia, destruyeron el altar mayor y repartieron los trozos entre ellos, e introdujeron caballos y mulas en la iglesia para poder llevarse mejor los recipientes sagrados, el púlpito, las puertas y todo el mobiliario que encontraban, y cuando algunas de estas bestias se resbalaban y caían, las atravesaban con sus espadas, ensuciando la iglesia con su sangre y excrementos.
Una vulgar ramera fue entronizada en la silla del patriarca para lanzar insultos a Jesucristo, cantaba canciones obscenas y bailaba inmodestamente en el lugar sagrado. Tampoco mostraron misericordia con las matronas virtuosas, las doncellas inocentes e incluso las vírgenes consagradas a Dios.
Finalmente, se restableció el orden y se procedió a un reparto ordenado del botín según lo que se había pactado previamente, tres octavas partes para los cruzados, otras tres octavas partes para los venecianos y un cuarto para el futuro emperador. A pesar de las pretensiones de Bonifacio de Montferrato, el comité eligió emperador a Balduino IX de Flandes, primer Monarca del Imperio Latino.
Los cruzados llamaron a este  acontecimiento como " Partitio Terrarum Imperii Romanie ", participación del Imperio Romano de Oriente.