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jueves, 30 de noviembre de 2017

Estación del Norte, León


La Vieja Estación de tren de León, cerrada desde que se acometiera la prolongación de la Calle Ordoño II, para enlazar el centro de la Capital con la zona oeste de la ciudad. Inaugurada el 9 de Noviembre de 1863, y olvidada en los últimos años, esta Estación Ferroviaria, a la espalda de una marquesina inigualable.


Monumento insignia de la modernidad, y la llegada del ferrocarril a León. Su volumen y su servicio sorprendían para una época donde el desarrollo se veía como algo novedoso en la ciudad. León, ha despedido con un hasta pronto, a la gran marquesina que desde el año 1870, les resguardó de las inclemencias del duro clima leonés. La capucha de la vieja Estación del Norte, que fue ampliada en un tercio de su longitud en el año 1980, ha empezado a ser despegada de la fachada a la que permanecía arramada. El principio del fin de su función, llegó en marzo del 2011, con el paso de los servicios del apeadero a la provisional Estación de Adif. Ahora, se retira con un hasta luego, ya que se aprovechará la ejecución del soterramiento para restaurarla, reponer los cristales rotos y retocarla para volver a colocarla en el paisaje del Oeste de León, para obtener un nuevo uso aún por decidir.


A las 15 horas del día 9 de noviembre del año 1863, entró en la estación de León, considerada como la mejor de España, la primera locomotora, que arrastraba tras de sí varios vagones cargados de pasajeros, en el primer viaje que se realizaba por la línea de ferrocarril recién terminada entre Palencia y León. La víspera de ese gran día, el 8 de noviembre de 1863, se había inaugurado con todos los honores aquella flamante estación, cuya construcción se culminó en el mes de agosto de ese mismo año.



Ha pasado un siglo y medio desde aquel día, que sin embargo, 150 años después, ha pasado prácticamente desapercibido para la sociedad leonesa. Las instituciones no se han volcado, ni mucho menos, en la organización de actos conmemorativos para aquel hito histórico que revolucionó la ciudad y la provincia entera desde un punto de vista económico, comercial e, incluso, urbanístico.
León tomó en aquella fecha buen ejemplo de cómo la revolución industrial de mediados del siglo XIX, que se concentró fundamentalmente en el Reino Unido, se iba instalando, poco a poco, en España. En el año 1848, se inauguró en el país la primera línea de ferrocarril, que cubría el trayecto entre Barcelona y Mataró. Los industriales leoneses intentaron en un primer momento que la línea que iba vertebrando España llegara hasta la ciudad. Pero el coste económico y la magnitud de la obra hicieron que el proyecto fracasara. Pero las bondades del ferrocarril no eran ajenas a una provincia de León, que siguió intentándolo. Se adjudicaban proyectos a gente interesada y hubo varios intentos, aunque fructificó este último, explica el historiador Javier Revilla que, con motivo de la celebración del sesquicentenario de la llegada del tren a León, pronunció una conferencia en el Museo de León con lo que puede ser la teoría más actualizada y certera de la noble historia del ferrocarril en la ciudad.


Valladolid, Palencia o León 
Una realidad no sin problemas, ya que en lo que hoy se conoce como Castilla y León, dos provincias pujaban con fuerza por ser la referencia del ferrocarril en el norte. Valladolid y Palencia lo lograron años antes, mientras que en León, llegó a ser una realidad por la conjunción de varios factores y un heterogéneo apoyo. Por un lado, industriales gallegos y el mismísimo alcalde de La Coruña, Juan Flórez, que veían con la llegada del tren a León, la parada precedente antes de que hiciera entrada en su territorio. También los empresarios y políticos leoneses, como Segundo Sierra Pambley y Francisco Fernández Blanco, hicieron presión para lograr un sueño que se terminó cumpliendo con apoyo de capital extranjero. El impulso definitivo llegó con la configuración de la sociedad Ferrocarriles del Noroeste que, con dinero francés, llevó a cabo la línea férrea entre Palencia y León, con la sociedad Miranda e Hijo y el ingeniero Ruiz de Quevedo como su alma.



Estructuras con alma de Torre Eiffel
Francia tuvo presencia no sólo con el dinero, sino también aportando parte de la mano de obra, difícil de lograr en un León que dedicada buena parte de su actividad económica a la agricultura y a la ganadería. Aportaron también ingenieros y contratistas, mientras que las estructuras metálicas necesarias para la llegada del tren, incluso algunos de los puentes que se construyeron a su paso, están hechos con materiales desechados en la construcción de la Torre Eiffel de París. El boom de la revolución industrial en el Reino Unido, ligado a la magia que produjo el uso del vapor para locomoción, dejó huella también en la provincia de León. De hecho, las primeras locomotoras que transitaron por la ciudad habían sido entregadas por empresas de Escocia.
En Valladolid, chocolate, en Becerril, pedradas, y en León, bendiciones
Sobre esos mimbres se asentó una esperada realidad, el paso del tren por León. Aquel primer viaje fue una verdadera odisea, bien descrita por la prensa de la época, relata Revilla. El tren partió de la Estación del Norte de Madrid con destino a Valladolid, donde los pasajeros pararon para tomar un chocolate. El día 8 de noviembre de 1863, el convoy hizo parada en Palencia, donde el pasaje descansó, y a las 10 de la mañana, se puso rumbo a León, con cinco horas de viaje por delante, un trayecto que ahora se cubre en apenas una hora.
El tren viaja en un ambiente festivo. Los pueblos se agolpan al paso del tren y los reciben con una gran ola de calor. Sólo hay un pueblo, Becerril de Campos, en Palencia, donde no se acoge bien el ferrocarril. Consta que tienen que pasar por allí a toda máquina porque temían que los apedreasen”, explica el historiador que reconoce que, en algunos lugares, el tren mostraba una imagen de progreso y modernidad que no era bien vista por todos. De hecho, se sospecha que a las 15 horas, cuando entre albricias y aplausos llegó aquel primer convoy tirando por una máquina que humeaba vapor, la ausencia del obispo de León, Calixto Castrillo, no acudió a la recepción por ese motivo, aunque la Diócesis le exculpó y justificó su ausencia por cuestiones de salud. Los encargados de realizar las protocolarias bendiciones fueron los obispos de Astorga y de Palencia para, después, fueran los políticos los encargados de pronunciar los discursos y celebrar un gran banquete en la propia estación, que sorprendió para la época por su arquitectura.



Una fiesta por la revolución
Ni en el convite se escatimaron recursos. La comida estaba programada para 325 invitadas, aunque finalmente asistieron más de 400 personas. El ágape fue diseñado por uno de los chef más reputados de la historia de la cocina francesa y española, Lhardy, cuyo nombre todavía da vida a un afamado restaurante en Madrid. Fue llamado por los Marqueses de Salamanca, que invirtieron mucho dinero en las compañías de ferrocarril, en la de León también. Un baile en el Teatro Principal de León y un espectáculo de fuegos artificiales pusieron el colofón a aquel 9 de noviembre de 1863 que fue toda una fiesta para una provincia en alza, que vio cómo el ferrocarril cambió sus vidas. Se facilitó el comercio, sobre todo el de ganado y de recursos agrícolas, favoreció el flujo de trabajadores, acercó a las ciudades y permitió el ensanche urbanístico de León, desde su casco histórico hasta el lugar de la estación, colocada entre campos de cereal.




La última noche que se podía observar una locomotora de vapor, cruzando el paso a nivel del Crucero y en la Estación de León. Después de 148 años, hoy echarán el cierre y la Mikado pasará a las levantándose para siempre las barreras del paso a nivel.


Para realizar un final bonito y digno a la estación ayer se preparó la locomotora Mikado 2346 por los Amigos del Ferrocarril de León.