Mostrando entradas con la etiqueta Batalla de Maratón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Batalla de Maratón. Mostrar todas las entradas

lunes, 2 de abril de 2018

Batalla de Maratón


Batalla de Maratón 
La batalla de Maratón, fue un enfrentamiento armado que definió el desenlace de la Primera Guerra Médica. Ocurrió en el año 490 a. C. y tuvo lugar en los campos y la playa de la ciudad de Maratón, situada a pocos kilómetros de Atenas, en la costa este de Ática. Enfrentó por un lado al Rey Persa Darío I, que deseaba invadir y conquistar Atenas por su participación en la revuelta Jónica, y, por otro lado, a los Atenienses y sus aliados. Una proeza recordada en esta batalla fue la de Filípides, que recorrió, diferente a lo que se cree, el camino de Atenas a Esparta para pedir ayuda al ejército espartano, pues la amenaza persa se cernía sobre el mundo griego. Esparta rehusó ayudar a los atenienses, alegando encontrarse en fechas de celebraciones religiosas. Tras la revuelta de Jonia, Darío decidió castigar a la ciudad griega que había prestado ayuda a sus súbditos rebeldes. Después de tomar Naxos y Eretria, la expedición persa, con el consejo de Hipias, que esperaba recuperar el poder en Atenas, desembarcó en la playa de Maratón. Tras cinco días cara a cara, las falanges ateniense y platense, aplastaron a la infantería persa que huyó y se embarcó de nuevo con fuertes bajas. El ejército griego se retiró rápidamente a Atenas para impedir el desembarco de la otra parte del cuerpo expedicionario persa en Falero, uno de los puertos de la ciudad. Esta victoria puso fin a la Primera Guerra Médica. Diez años después, tuvo lugar un nuevo ataque por orden de Jerjes I. La batalla de Maratón, desempeñó un papel político importante mediante la afirmación del modelo democrático ateniense y el inicio de grandes carreras militares para los generales atenienses como Milcíades o Arístides el Justo. Maratón sigue siendo una de las batallas más famosas de la Antigüedad, sobre todo a través de las conmemoraciones que suscitó, como la carrera de maratón en los Juegos Olímpicos de 1896 en Atenas.


Fuentes Históricas
Los autores antiguos remontaban los orígenes de la Primera Guerra Médica a la ya mencionada Revuelta Jónica,​ inscrito de hecho en el vasto movimiento expansionista del Imperio Aqueménida.​ Darío I, ya había puesto el pie en Europa, con la conquista de Tracia y la sumisión del Reino de Macedonia, que fue forzado a sumarse a la alianza persa.​ Sin embargo, la revuelta Jónica llevaba una amenaza directa sobre la integridad del Imperio, y Darío tomó la decisión de castigar a todos aquellos que se encontraban implicados, como las ciudades del Egeo y de la Grecia Continental. Atenas y la ciudad Eubea de Eretria enviaron veinticinco Trirremes en ayuda de las ciudades de Asia Menor,​ mientras un cuerpo expedicionario arrasaba Sardes antes de replegarse y de ser vencido en Éfeso por el sátrapa Artafernes, hermano de Darío. En el año 494 a. C., después de seis años de conflicto, Darío terminó aplastando las ciudades rebeldes. Después, los persas sometieron por la fuerza o la Diplomacia las islas del mar Egeo. Numerosas ciudades continentales recibieron embajadas del Rey Aqueménida pidiendo su sumisión y su doblegamiento. Atenas y Esparta se negaron e incluso, según Heródoto, asesinaron a los emisarios.​Anteriormente, en el año 511 a. C., con la ayuda de Cleómenes I, el Rey de Esparta, el pueblo ateniense expulsó a Hipias,​ tirano de Atenas.​ Éste huyó a Sardes, a la Corte del Sátrapa más cercano, Artafernes, le prometió el control de Atenas si lograba restaurarlo en el poder,​ cuya familia lo había detentado en Atenas durante 36 años. Cuando Atenas exigió a Persia que entregara a Hipias para ser enjuiciado, los persas se negaron, lo que provocó que la ciudad Ática se enemistara abiertamente con los persas,​ y que en vísperas de la Revuelta Jónica  año 499-494 a. C., enviara 20 Trirremes en ayuda de los Jonios. ​El tirano ateniense huyó probablemente a la Corte del Rey Darío durante la revuelta.La ciudad de Eretria, también había enviado ayuda, cinco Trirremes,​ aunque no sirvió de mucho ya que la rebelión fue subyugada. Esto alarmó a Darío, que deseaba castigar a las dos ciudades. En el año 492 a. C., envió un ejército bajo el mando de su yerno, Mardonio, a Grecia Continental. Empezó con la conquista de Macedonia y obligó a Alejandro I, a abandonar su reino, mientras que en el camino al sur, hacia las ciudades Estado Griegas, la flota persa fue diezmada por una tormenta al costear el promontorio del Monte Athos, perdiendo 300 naves y 20.000 hombres. Mardonio fue forzado a retirarse a Asia. Los ataques de los Tracios infligieron pérdidas al ejército Aqueménida en retirada.​ Darío aprendió, quizás a través de Hipias, que los Alcmeónidas, una poderosa familia ateniense, se opusieran a Milcíades, quien en ese momento era el político más prominente de Atenas. Si bien ellos rehusaron ayudar a restablecer a Hipias, puesto que habían contribuido a derrocarlo, según Heródoto, puesto que eran enemigos declarados de la tiranía.​ 


Algunas Polis, creyeron que una victoria persa era inevitable y necesitaban asegurar una posición mejor en el nuevo régimen político surgido tras la conquista persa de Atenas.​ Darío, deseando aprovecharse de esta situación para conquistarla, lo que aislaría a Esparta, conquistaría al resto de los griegos del Egeo y consolidaría su control sobre Jonia. Para esto Darío pensaba en hacer dos cosas. Sacar al ejército de sus murallas y derrotarlo en campo abierto. Y lograr la rebelión de la ciudad para rendirse a los persas.A finales del año 491 o inicios del año 490 a. C., una expedición naval de seiscientos Trirremes zarpó de Cilicia rumbo a Jonia al mando de Artafernes, hijo del Sátrapa de Lidia, el que hizo trato con Hipias, y del Almirante Medo Datis, enviada para aplastar a los insumisos.​ Mardonio, había sido relevado del mando por el gran número de naves perdidas en la tempestad que se abatió sobre ellas al costear el Athos.​Ahora bien, desde Cilicia no arrumbaron las naves a lo largo de la costa asiática en dirección al Helesponto y Tracia, sino que a partir de Samos, costearon Icaria, rebasaron el mar Icario,​ y navegaron entre las islas Cícladas, pues no se atrevían a circunnavegar el Monte Athos, dado que dos años antes sufrieron un desastre mientras surcaban dichas aguas, y además para tomar la isla de Naxos​ y la fuerza de Eretria y Atenas para someterse al Gran Rey o ser destruida, debían seguir esa ruta.​ Naxos fue saqueada, sus Templos quemados, y los Naxios que pudieron escapar huyeron a la zona central de la isla, que era montañosa.​ Después la flota izó velas y tras recorrer las Cícladas septentrionales, situadas entre Delos y Eubea, desembarcaron en la ciudad Eubea de Caristo, la sitiaron y saquearon, tras lo cual se dirigieron hacia Eretria, situada a 65 km de Caristo. Fue conquistada tras siete días de asedio, incendiada y su población reducida a la esclavitud. Los 4000 clerucos atenienses que habitaban las tierras de la ciudad Eubea de Calcis, que fueron enviados a socorrerlos tuvieron que darse a la fuga. Según se desprende del texto Herodoteo, se trataba de una expedición para castigar a atenienses y eretrieos, y los persas enviaron una flota que carecía de naves destinadas al transporte de caballos y sin apoyo de un ejército de tierra. El número de barcos probablemente no superaría el centenar y como todos los contingentes persas iban embarcados, su número oscilaría sobre los 30.000 hombres.​ Mientras los persas asolaban Naxos, los Delios, abandonaron su isla y emprendieron la huida hacia Tenos.​ Datis, sin embargo dio orden de no atracar en Delos y ordenó que las naves fondearan en Rinia.​ Según Heródoto, Datis tenía órdenes de Darío de respetar la isla sagrada donde habían nacido Apolo y Artemisa.​ La flota persa viró acto seguido hacia Atenas, siguiendo los consejos de Hipias, el viejo tirano ateniense depuesto veinte años antes, esperaba recuperar el poder merced a sus partidarios en el seno de la ciudad. Aconsejó a los persas atracar en la playa que orilla la llanura de Maratón, situada a 38 kilómetros de distancia de Atenas, de alrededor de unos cuatro km de larga y apropiada para maniobras de caballería.
Preludio 
El ejército ateniense, capitaneado por Milcíades el Joven, el strategos ateniense más experimentado en la lucha contra los persas, fue enviado a bloquear las salidas de la llanura de Maratón para impedir el avance del ejército aqueménida por tierra.​ Paralelamente, Fidípides, un corredor mensajero, fue despachado para solicitar refuerzos a Esparta. Es posible que Atenas tuviera un pacto previo de ayuda militar mutua epimaquia, y por consiguiente despachara a dicho mensajero.​ Según Georg Busolt, los atenienses enviaron al correo cuando ya habían decidido salir al encuentro de los persas. ​Pero la ciudad de laconia celebraba la Carneas, fiestas que implicaban una tregua militar hasta el plenilunio siguiente. Las tropas espartanas, no podían partir más que al cabo de diez días. Los atenienses que habían recibido el refuerzo de un pequeño contingente de Platea estaban casi solos.​ Los persas navegaron por la costa de Ática, y anclaron en la bahía de Maratón, a unos 40 kilómetros de Atenas, con el asesoramiento del tirano exiliado ateniense Hipias, que había acompañado a la expedición.​ Los dos ejércitos estuvieron frente a frente durante cinco días. La espera favorecía a Atenas, ya que cada jornada que pasaba se acercaba al día en que los refuerzos espartanos llegarían.​



Fuerzas enfrentadas y tácticas
 El armamento de los griegos era el propio de una infantería pesada: los Hoplitas atenienses y sus aliados platenses se protegían con un casco, un escudo, una coraza, cnémidas y brazales de bronce. Blandían una espada, una larga lanza y asían un escudo de piel con láminas de metal. Los Hoplitas combatían en filas cerradas, de modo acorde a la formación de la falange, sus escudos formaban delante de ellos una muralla.​ Los esclavos atenienses fueron liberados poco antes de la batalla para servir de infantería ligera,​ honderos y lanzadores de jabalina.​ Su número y su papel durante la batalla son desconocidos, debido a que los hechos y gestas de esclavos no eran juzgados dignos de ser relatados por los autores antiguos.​ Las tropas atenienses estaban dirigidas por diez stratogoi, uno por cada tribu, bajo la autoridad militar y religiosa de un polemarca, Calímaco. Cada estratego mandaba en el ejército durante un día. No obstante, parece que cada vez, los estrategos confiaban el mando a uno solo de ellos, entre quienes se contaba Milcíades.​ Este general conocía la debilidad del ejército Aqueménida por haber luchado con ellos durante la campaña de Darío contra los Escitas. El ejército persa estaba bajo el mando de Artafernes, un sobrino de Darío, a la cabeza del ejército de tierra, y Datis era el almirante de la flota.​​ La flota aqueménida estaba compuesta de 600 trirremes, Stecchini la estima en 300 trirremes y 300 barcos de transporte,​ mientras que Peter Green la cifra en 200 trirremes y 400 buques de transporte.​ Diez años antes, probablemente en la primavera del año 499 a. C. con 200 trirremes no pudieron someter Naxos,​ por lo que quizás una flota de 200 o 300 trirremes era insuficiente.​ El ejército estaba compuesto de soldados de diferentes procedencias, no hablaban las mismas lenguas y no tenían la costumbre de combatir juntos. Además, el armamento persa, con escudos de mimbre y lanzas cortas, convertía a la infantería persa vulnerable en el combate cuerpo a cuerpo.


Estrategia
Las estrategias de los ejércitos griego y persa no se conocen con certeza, los escritos de los autores antiguos son en ocasiones contradictorios, y varias hipótesis son posibles. Los mecanismos de desencadenamiento de la batalla que se derivan de estas diferentes posibilidades, también son especulaciones. Los atenienses no esperaron tras las murallas de su ciudad, sino que fueron al encuentro del enemigo. A ellos se unieron sus aliados de Platea. Estaban en desventaja en Maratón, debieron movilizar a todos los Hoplitas disponibles, y pese ello estaban en inferioridad numérica, por lo menos uno contra dos.​ Además, se tuvo que desguarnecer la defensa de la ciudad. Si fueran atacados por atrás, se dividirían las fuerzas, mientras que cualquier ataque contra ella no encontraría resistencia. La derrota en Maratón también significaría la aniquilación total del ejército ateniense. Los atenienses debían bloquear a los persas en la playa de Maratón, impidiendo que escaparan y evitar ser desbordados por los flancos. Se llevó a cabo el primer objetivo. No fue necesario desencadenar la batalla antes de tiempo. Por otra parte, los Hoplitas eran vulnerables a la carga de la caballería persa y constituía un riesgo.​ El campamento griego estaba protegido por los flancos por un pequeño bosque o por estacas, dependiendo de la traducción, logrando así el segundo objetivo.​ Los persas, querían vaciar la ciudad de defensores, bloquearlos en Maratón desembarcando la mitad de sus tropas y rodear a los Hoplitas para tomar Atenas por el mar, con las puertas abiertas por los hombres de Hipias.​ Este era un motivo por el que, a pesar de su superioridad numérica, los persas no habrían atacado de inmediato. Otro es que se recelaban de los Hoplitas, mucho más poderosos que su infantería ligera.​ Una parte de las tropas persas, incluida la caballería, pudieron haber reembarcado, teniendo por objetivo el puerto de Falero, a fin de llegar rápidamente a la Acrópolis de Atenas.​ Las tropas restantes habrían cruzado el Caradra, el pequeño arroyo que atravesaba la llanura de Maratón antes de perderse en las marismas litorales, con el fin de impedir el regreso de las fuerzas griegas hacia la ciudad.
Táctica
Antes de la batalla, los ejércitos estaban separados al menos ocho estadios, es decir, unos 1500 metros. Milcíades convenció a Calímaco, el Polemarca, a alargar la línea de soldados griegos. Dispuso las tropas de dos tribus situadas en el centro del dispositivo, los Leóntidas capitaneados por Temístocles y los Antióquidas por Arístides, en cuatro filas, mientras que las otras tribus fueran dispuestas en ocho filas.​ De hecho, la gran fuerza de las falanges griegas consistía en el impacto frontal capaz de dislocar las líneas de infantes enemigos, siendo su punto flaco que eran poco maniobrables y muy vulnerables por los flancos, era pues crucial para los griegos, ya que estaban en inferioridad numérica, no dejarse desbordar,​ en particular por la caballería persa.​ Era imperativo, por una parte, proceder al despliegue del frente en orden de combate, y por otra parte, que las falanges laterales fueran más fuertes para hacer recular las alas enemigas y así con movimiento de pinza envolver el centro del ejército persa donde se hallaban las mejores tropas.
 Detonante
 Cada día, cuando les llegaba al resto de estrategas el turno de ejercer el mando, se lo cedían a Milcíades, quien declinaba el ofrecimiento, determinado a no ejercerlo hasta que le correspondiera por derecho propio.​ la derrota de los persas se tornaba difícil sin la concurrencia de los Hoplitas Espartanos. La estrategia aqueménida era retener a las tropas atenienses en Maratón, hasta que sus partidarios de Atenas les dieran la señal de atacarla con parte de sus contingentes. los griegos cargaron contra el ejército aqueménida. Es probable que un cambio en el equilibrio de fuerzas les empujara a pasar al ataque. El cambio pudo deberse al reembarco de la caballería persa desapareciendo así su principal ventaja.​ Las falanges griegas eran muy vulnerables a un ataque por el flanco por parte de las unidades de caballería que las obligaría a dislocarse deviniendo así vulnerables ante una infantería ligera menos coordinada, pero muy superior en número. Un reembarco del ejército persa, cuya caballería marchó para atacar Atenas, mientras que el resto de la infantería frenaba a los Hoplitas en Maratón. los persas habían obtenido una posición defensiva, obligando a los atenienses a abandonar su posición defensiva por una ofensiva y pasar al ataque.​ Los arqueros persas eran una amenaza para una tropa estática a la defensiva. La ventaja de los Hoplitas residía en la cohesión, que privaba a los arqueros de la posibilidad de acertar.​ 
Choque
 Cuando la línea griega estuvo formada en orden de combate, Milcíades dio una simple orden. Al ataque. los griegos corrieron toda la distancia que les separaba de los persas profiriendo su grito de guerra. Es sin embargo dudoso, ya que la armadura completa, pesaba por lo menos 20 kg, por lo que era bastante pesada. La carrera sería una marcha, en filas cerradas, cuya aceleración devino en una carga en los últimos 100 metros, para llegar con plena velocidad hasta el enemigo.​ Esta táctica presentaba la ventaja de estar menos tiempo bajo la lluvia de flechas de los arqueros persas, cuyo alcance máximo era 200 metros.​ Los persas se quedaron sorprendidos, porque dicha carga rayaba en la locura, dado que no tenían caballería o arqueros. Los persas estaban habituados a que sus adversarios griegos les tuvieran miedo y huyeran en lugar de avanzar. Los griegos atravesaron las líneas persas sin atascarse ante las andanadas de flechas, protegidos por sus armaduras, y golpearon las líneas enemigas. Los persas fueron sorprendidos, esperaban que sus oponentes fueran un blanco fácil y detener su progresión. El choque de la falange de Hoplitas fue devastador, los Hoplitas permanecían en contacto mediante sus lanzas y sus hombros, y hay que tener en cuenta la masa total de la falange y su energía cinética, ya que llegó a toda velocidad. La energía acumulada por la falange fue tal que el impacto arrolló a los infantes persas.​ En los combates entre griegos, los escudos entrechocaban y las lanzas llegaban a las armaduras de bronce. Los persas no tenían ni escudos ni armaduras apropiados. No disponían prácticamente más que de su piel para oponerse al blindaje griego y no tenían apenas nada que pudiese penetrar el muro de escudos.



Los flancos griegos dispersaban fácilmente a las tropas que se les enfrentaban, porque consistían en tropas reclutadas en el Imperio o Jonios poco motivados y más débiles en el centro. Dichas tropas se desbandaron y subieron presas del pánico a bordo de sus barcos. El centro persa resistió mejor porque estaba compuesto de tropas de élite, los melóforos, entre otros, quienes a su vez, hundieron el centro de una línea delgada de Hoplitas griegos, hasta que los flancos griegos lograron envolverlos. De hecho, las tropas griegas dispuestas en las alas renunciaron a perseguir a las tropas derrotadas y cayeron en el centro del ejército persa en una maniobra de tenaza perfecta. El centro persa se replegó en desorden hacia las naves, perseguidos por los griegos.​ Dichos combatientes del centro del ejército persa fueron aniquilados hasta en el agua. En la confusión, los atenienses perdieron más hombres que en el momento del choque entre los dos ejércitos.​ Soldados persas huyeron hacia las marismas donde se ahogaron.​ Los atenienses lograron la captura de siete naves persas, mientras que las otras lograron escapar. Cinegiro, hermano de Esquilo, había atrapado un trirreme persa e intentaba sacarlo a la playa, cuando un miembro de la tripulación persa le cortó la mano. Murió a causa de la amputación.
Carrera hacia Atenas
Después de esta victoria, los griegos debían prevenir una segunda ofensiva persa con el ataque de sus mejores tropas que habían reembarcado después de la batalla.​ Los Leóntidas y los Antióquidas, los efectivos de las tribus situadas en el centro de la falange y que habían sufrido enormemente, permanecieron en el campo de batalla, mandados por Arístides.​ La flota persa necesitaba una decena de horas para poder doblar el Cabo Sunión y arribar a Falero. Con una marcha forzada de siete u ocho horas,​ con una batalla a las espaldas, los Hoplitas griegos llegaron justo antes que las escuadras navales enemigas.​ Los persas, al percatarse de la maniobra, renunciaron a desembarcar.​ En Atenas circuló, a modo de acusación el rumor de que los bárbaros se habían decidido por esta maniobra a instancias de los alcmeónidas, que habrían llegado a un acuerdo con los persas para hacerles una señal, levantando un escudo, cuando estos se encontraran ya a bordo de sus barcos.​ La señal convenida, fuera quien fuese la facción filopersa encargada de ello, sería dada cuando estuvieran prestos a actuar los partidarios intramuros. El retraso provocó que Datis determinara zarpar antes de haberla recibido. Tal vez, la señal se diera, afortunadamente para el desenlace de la batalla, el mismo día en que comenzó.​ Algunos días más tarde llegaron los refuerzos espartanos, 2000 Hoplitas, quienes felicitaron a atenienses y platenses. Este éxito marcó el final de la Primera Guerra Médica. La Batalla de Maratón se convirtió en un símbolo para los Griegos y confirió un gran prestigio a Atenas. ​De manera general, Maratón constituyó una justificación ideológica del poder ateniense, en particular durante la fundación de la Confederación de Delos en el año 472 a. C. y de la transformación de esta alianza en un verdadero Imperio, que sometía a sus aliados a un tributo. Sus futuros dirigentes, Arístides, Milcíades y Temístocles obtuvieron su rédito político. La guerra y las armas jugaron un papel político y social en el mundo griego, la caballería era el arma de la aristocraciapentacosiomedimnos e hippeis, es decir, las dos primeras clases, y los pequeños propietarios de tierras, Zeugitas, la tercera clase censitaria, constituían la base de la falange, los más pobres, los thetes, como no tenían medios económicos para procurarse una Panoplia, servían en la Marina de Guerra. Maratón constituyó también la victoria de un nuevo sistema político, la Democracia y sus ciudadanos-soldados, los Hoplitas, puesto que el tirano Hipias partió al exilio a Sigeo, y su familia, los Pisistrátidas, no recuperaron el poder.​ La victoria consagró las nuevas instituciones, ello significaba que los dioses les habían sido favorables.​ La ideología no evolucionó hasta casi un Siglo después, los opositores a la democracia como Platón,​ exaltaban a los hoplitas de Maratón, símbolos de un régimen moderado, y denigraban la victoria de Salamina, obtenida durante la Segunda Guerra Médica, por los hombres de los Trirremes, símbolos de la democracia abierta a todos y del Imperialismo Ateniense, culpable a sus ojos de haber provocado la Guerra del Peloponeso y de la derrota de 404 a. C. infligida por Esparta.​ Esta división es, no obstante, una relectura partidista posterior, dado que durante todo el siglo V a. C. tanto los Hoplitas como los marinos eran partidarios de la democracia y de la hegemonía ateniense. Para los persas, se trataba sobre todo de un desembarco fallido y de un revés menor en una expedición, que alcanzó algunos de los objetivos sometiendo el Mar Egeo al poder de Darío I y castigando a Eretria.​ En cuanto a la derrota se debió en parte a que la caballería había sido embarcada, aunque el resultado incontestable es que la infantería fue batida en campo abierto. El pequeño fracaso sufrido en Maratón fue un capitulo marginal en la política persa. La reacción del Gran Rey, a esta derrota fue de entrada preparar su venganza y una nueva expedición,​ pero estalló una revuelta en Egipto, dirigida por el Sátrapa Ariandes, que tuvo ocupado a Darío en los últimos meses de su reinado.​ Murió en el año 486 a. C. y su hijo Jerjes I, le sucedió en el Trono AqueménidaMaratón y Platea contra supuestas hordas persas difícilmente se pueden considerar, arquetípicas, dada la experimentada y poderosa máquina militar aqueménida, cuestionable.