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martes, 2 de mayo de 2017

Primera Guerra Mundial " 2ª parte "




Aspectos económicos.
Economía de guerra e intervención del Estado.

La economía de guerra significó a grandes rasgos la modificación de todos los hábitos individualistas y concepciones económicas anteriores a la guerra, que se mostraron fracasadas como forma de administrar la economía en tiempos de guerra. Sin embargo, la transición no fue sencilla, y cada gobierno debió improvisar medidas radicales y someter a la iniciativa privada y sus intereses, al tiempo que tomó el control de la economía nacional para asegurar el suministro de equipos a los ejércitos. La participación del Estado en la economía nacional, que hasta entonces había sido muy moderada en la mayoría de países, aumentó considerablemente, y durante la guerra los gobiernos de Alemania y Francia superaron el 50 % del PIB, un nivel al que a punto estuvo de llegar Gran Bretaña. El Imperio británico sacó provecho de sus grandes inversiones en los ferrocarriles estadounidenses, la posición de la libra esterlina como moneda de cambio internacional por excelencia, sus cuantiosas reservas de oro y su dominio del comercio en todo el mundo, que junto a préstamos procedentes en gran medida de Wall Street, le permitió pagar sus compras a Estados Unidos y sostener los gastos de sus principales aliados. El presidente Wilson, a punto estuvo de cortar el flujo de crédito a finales de 1916, pero finalmente permitió una expansión crediticia del gobierno estadounidense a sus aliados, igualmente la mayoría de potencias estuvo a punto de declarar la bancarrota en alguna ocasión durante la guerra.

Dado que los países habían planificado una guerra corta de apenas unas semanas o meses, todas las grandes potencias, a excepción de Rusia, sufrieron una falta crónica de armas y municiones desde septiembre de 1914, que tardó largo tiempo en solucionarse. Francia fue la gran potencia más afectada, pues la ocupación alemana del norte del país le privó del 40 % de su carbón, del 90 % de su hierro y del 76 % de sus altos hornos, con lo que no pudo poner fin a la escasez de munición hasta abril de 1916. En esta carrera Alemania, primera potencia del continente, dispuso de gran ventaja sobre sus rivales, pues su rápida preparación económica del conflicto le permitió elevar su producción enseguida, basta decir que en 1917, Alemania fabricaba mensualmente 2000 cañones y 9000 ametralladoras, cuando en 1913 fabricaba 200. Si bien Rusia no afrontó problemas iniciales, hasta noviembre de 1915 no consiguió satisfacer la demanda de armas pesadas y hasta 1917, la dotación reglamentaria de armas ligeras, por lo que debió multiplicar la compra de fusiles, cañones y municiones a Estados Unidos y Japón e incrementar su producción. A los consecuencias macroeconómicas siguieron las microeconómicas: el trabajo en las familias se alteró por la salida al frente de muchos hombres. Con la muerte o ausencia del hasta entonces proveedor de ingresos de las familias, las mujeres se vieron obligadas a entrar en la fuerza laboral en un número sin precedentes. De igual forma la industria necesitaba reemplazos por los obreros enviados como soldados a la guerra; esto ayudó notablemente a la obtención del derecho al voto femenino. Sin embargo esto no bastó y todas las naciones enrolaron trabajadores traídos de sus colonias, prisioneros de guerra o especialistas repatriados del frente para el esfuerzo bélico. Alemania fue el único país que llegó al extremo de recurrir al trabajo obligatorio, además deportó a unos dos millones de trabajadores extranjeros procedentes de los países que ocupaba, dándose la paradoja de que en 1918, Alemania producía tanto equipo bélico que faltaban soldados para utilizarlo.

El Estado también debió procurar alimentar a la población que sostenía el esfuerzo de guerra; el reclutamiento de millones de hombres precipitó la caída de la producción de alimentos en todas las naciones beligerantes y el abastecimiento quedó en riesgo. Una vez más, Alemania se adelantó al resto y desde noviembre de 1914, racionó el consumo de productos básicos como pan o patatas, que más tarde amplió a las carnes y grasas. Por primera vez en la historia, 67 millones de habitantes debieron someterse a un régimen de cartillas de racionamiento que les aseguraban unas cantidades de comida progresivamente menores según avanzaba la guerra. Inglaterra no tomó medidas tan drásticas, pero estableció un severo control, que en ocasiones se convirtió en un verdadero monopolio, de las importaciones, fijó precios e invirtió muchos esfuerzos en aumentar la producción de productos clave como el trigo y la patata, con lo que el Estado acabó controlando el 94 % de los alimentos que se consumían en todo el país. Sin embargo, Reino Unido acabó imponiendo el racionamiento, tras soslayarlo en varias ocasiones, a principios de 1918, con lo que limitó el consumo de carne, azúcar, grasas mantequilla y margarina, pero no el de pan; el nuevo sistema funcionó sin problemas. Igualmente durante la guerra creció la afiliación sindical y solo en Gran Bretaña el número de trabajadores sindicados se duplicó, de algo más de cuatro millones en 1914, a más de ocho millones en 1918. El Imperio británico volvió la vista a sus colonias para la obtención de aquellos materiales de guerra esenciales, cuyo suministro tradicional se había visto enormemente dificultado con la guerra. A geólogos como Albert Ernest Kitson se les encomendó la búsqueda de nuevos recursos y minerales preciosos en las colonias africanas. El propio Kitson descubrió importantes yacimientos de manganeso en Costa de Oro, que serían utilizados para la fabricación de municiones.


Empeoramiento del frente interior.

Tras años de racionamiento, la mortalidad de la población civil en Alemania comenzó a escalar notablemente: al aumento del 14 % de 1916 se sumó un incremento del 37 % en 1918. Pero estas penurias no fueron exclusivas de Alemania, pues las situaciones de racionamiento afectaron al Imperio otomano, Francia y Austria-Hungría, este último país afrontó una situación especialmente grave y regiones enteras de Austria se vieron sumidas en la hambruna. Llegados a este punto, la penosa situación de gran parte de la población, las millones de muertes en el frente, las evidentes y crecientes divergencias económicas y la restricción de derechos y libertades en todos los países beligerantes crearon un sentimiento general de hartazgo y oposición. Si a raíz, en parte, de lo antes mencionado, se produjeron en Rusia los episodios revolucionarios de 1917, los movimientos opositores en los demás países siguieron su ejemplo y en Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y Austria-Hungría se vivieron virulentas huelgas, motines y rebeliones. Ya en 1917, los motines en el ejército francés amenazaron con derrumbar el frente y en 1918, cientos de miles de soldados austro húngaros y otomanos desertan. La situación se volvió especialmente dura en Alemania, donde una sucesión de motines, rebeliones militares y huelgas acabaron colapsando el frente interior en apenas semanas. Las penurias económicas acrecentaron el clima de revolución social en los últimos compases de la guerra y en la posguerra, sin embargo, las clases dirigentes en ocasiones con ayuda de sus antiguos países enemigos consiguieron restablecer su autoridad en todos los países donde esta se había puesto en duda, solo en la Rusia soviética sus antiguos dirigentes no lograron recuperar su poder.

Consecuencias de la guerra.

Uno de los efectos más notables a largo plazo de esta guerra fue la gran ampliación de los poderes y responsabilidades gubernamentales en Francia, Estados Unidos y Reino Unido, con el fin de aprovechar todo el potencial de la nación, con la creación de nuevas instituciones y ministerios. Se crearon nuevos impuestos y se promulgaron nuevas leyes, todas ellas diseñadas para reforzar el esfuerzo bélico, algunas de las cuales han perdurado hasta nuestros días. Del mismo modo, la guerra puso a prueba la maquinaria estatal de antiguas administraciones muy dimensionadas y burocráticas, como era el caso de Alemania y Austro-Hungría. Durante la guerra, el Producto Interior Bruto PIB aumentó en tres países aliados: Reino Unido, Italia y Estados Unidos, pero disminuyó en Francia, Rusia, Holanda un país neutral y en las tres principales potencias centrales. La contracción del PIB en Alemania, Rusia, Francia y el Imperio Otomano osciló entre un dramático 30 y un 40 %.

A partir de 1919, Estados Unidos exigió a Reino Unido las devolución de los préstamos, que procedieron en parte de las reparaciones de guerra alemanas, que a su vez podían pagar por préstamos estadounidenses a Alemania. Este sistema circular se derrumbó en 1931 y los pagos pendientes dejaron de reembolsarse; por entonces, en 1934, Reino Unido aún debía a EE.UU. 4400 millones de dólares, dinero que nunca pagó.

La Primera Guerra Mundial también produjo un desequilibrio en el número de habitantes por género, dándose un número de mujeres mucho más elevado que el de hombres. Casi un millón de hombres británicos murieron en la guerra, lo que aumentó la brecha de género en ese país de cerca de 670.000 a 1.700.000 mujeres más que de hombres. El número de mujeres solteras que buscaban independencia económica también creció de forma espectacular, sin embargo, la desmovilización y el declive económico de la posguerra causó altas tasas de desempleo, y aunque la guerra había aumentado el número de mujeres trabajadoras, el regreso a sus países de los soldados desmovilizados, muchos de ellos trabajadores antes de la contienda, y el cierre de muchas fábricas, provocaron un descenso en el empleo femenino.

 Consecuencias económicas de la Primera Guerra Mundial y Causas de la Segunda Guerra Mundial.

El estallido de la Primera Guerra Mundial, en 1914, aún parece marcar el fin de una era y el comienzo de otra.
                                                                         The Origins of the First World War, publicado en 1992.

Las secuelas más visibles de la guerra fueron la desaparición de cuatro imperios: el alemán, el austrohúngaro, el ruso y el otomano. Numerosas naciones recuperaron su independencia y otras nuevas se crearon. Cuatro dinastías, y con ellas sus aristocracias, cayeron como consecuencia directa de la guerra: los Romanov, los Osmanlí, los Hohenzollern y los Habsburgo.


Pérdidas humanas.

 Reparto de los muertos de la guerra: militares de la Entente azul oscuro, civiles de la Entente azul claro, militares de las Potencias Centrales naranja, civiles de las Potencias Centrales marrón
La Primera Guerra Mundial dejó entre nueve y diez millones de muertos y unos veinte millones de soldados heridos. De forma adicional, se estima que las víctimas civiles ascendieron a más de siete millones. El Reich alemán movilizó a unos 13,25 millones de hombres, de los cuales unos 2 millones murieron; el Imperio ruso reclutó a 12 millones de hombres para el servicio militar, 1,85 millones perecieron. De los más de 8 millones de franceses que combatieron, 1,3 millones el 16% no sobrevivieron a la guerra, mientras que de Reino Unido murieron 850.000 soldados. Austria-Hungría perdió a 1,5 millones de soldados de los 7,8 millones que reclutó un 19% e Italia perdió a 700.000 de sus más de 5 millones de hombres. Las mayores pérdidas, en proporción, las sufrieron Rumanía, Montenegro y Serbia: de los 700.000 soldados movilizados por Serbia, 130.000 murieron y en total Serbia perdió al 11% de su población unas 540.000 personas fallecidas; aún peor fueron las cifras de Montenegro, país que perdió al 16% de su población.

La guerra dejó una brecha social dramática en la demografía de países como Alemania, Francia, Serbia, Montenegro y Turquía, que produjo un malestar social permanente, especialmente en los miles de huérfanos y viudas que generó.

Millones de heridos sufrieron desfiguraciones, amputaciones y numerosas discapacidades permanentes que les impedían llevar una vida civil normal, en una sociedad donde no existían prótesis modernas y médicos profesionales para la rehabilitación. Un sin número de veteranos de guerra murieron después de la guerra a consecuencia de las heridas sufridas o a bajas edades por enfermedades contraídas en el frente. Entre los heridos se encontraban numerosos objetores de conciencia que se habían negado a participar en la guerra y que a menudo, a pesar de no tener ninguna patología, habían sido condenados a prisión o internados en centros psiquiátricos para evitar que hicieran decaer la moral de las tropas. El bloqueo naval contra las Potencias Centrales hizo que, según un estudio de la Sociedad de Naciones de 1928, perecieran por hambre 424.000 alemanes con estimaciones que sugieren hasta 733.000 muertos en el invierno de 1916 a 1917, llamado Steckrübenwinter. En el contesto de la Primera Guerra Mundial, también se cometió, por parte del Imperio Otomano, el genocidio armenio, con cientos de miles de víctimas.

Costes y destrucción.

Algunas zonas como Bélgica, Serbia y el norte de Francia en la llamada zona roja fueron especialmente dañadas y en gran medida destruidas. El coste de la reconstrucción de estimó en 100.000 millones de francos aproximadamente. La esperanzas de los vencedores sobre la capacidad de refinanciar los costes de la guerra a través de las reparaciones aportadas por los vencidos resultó ser una ilusión irrealizable. Reino Unido pasó de ser el mayor acreedor del mundo a convertirse en una de las naciones más endeudadas, mientras que la guerra significó para Alemania una gigantesca inflación. Europa había perdido su hegemonía mundial y había dejado paso a naciones como Estados Unidos, nuevo acreedor de los países europeos.

Los gastos totales directos de la guerra ascendieron a 956.000 millones de marcos oro, 208.000 millones atribuidos al Imperio Británico, 194.000 millones a Alemania, 134.000 millones a Francia, 129.000 millones a Estados Unidos, 106.000 millones a Rusia, 99.000 millones a Austria-Hungría y 63.000 millones a Italia. La mayor parte de estos gastos se sufragaron con bonos de guerra y la impresión de papel moneda, a excepción de Reino Unido. Solo en Alemania, el gasto bélico diario ascendía en 1916, a entre 60 y 70 millones de marcos, gasto que aumentó significativamente sobre todo a consecuencia del Programa Hindenburg. Solo una pequeña proporción de estos gastos se financiaron con ingresos fiscales, y aproximadamente el 87 % de los gastos se sufragaron con bonos, deuda y emisiones, lo que disparó la deuda nacional hasta los 145.000 millones de marcos. Por su parte, el historiador económico Rondo Cameron estimó los gastos directos de la guerra en entre 180.000 y 230.000 millones de dólares PPA de 1914, y unos costos indirectos, consecuencia de los daños a propiedades, de al menos 15. 000 millones de dólares.


Tratados de paz.

Los acuerdos de paz se firmaron progresivamente entre 1919 y 1920. El 18 de enero de 1919, comenzó la Conferencia de Paz de París, un día no escogido al azar, pues el 18 de enero de 1871, se había fundado el Imperio alemán. Las negociaciones fueron en su mayor parte secretas y tanto Rusia como los países vencidos fueron excluidos de las conversaciones. Solo a partir del 24 de marzo de 1919, comenzaron los intercambios escritos con los vencidos, a través de los cuatro grandes o Consejo de los Cuatro, que reunía a los líderes de las cuatro potencias vencedoras: Francia, Reino Unido, Italia y Estados Unidos. El proyecto de acuerdo formalizado con el tratado de Versalles fue dado a los representantes de Alemania el 7 de mayo de 1919, el día del cuarto aniversario del hundimiento del RMS Lusitania, y firmado el 28 de junio de 1919.

Alemania y sus aliados tuvieron que reconocer su responsabilidad por haber causado todos los daños y perjuicios a la que los aliados y los gobiernos asociados y sus ciudadanos han sido sometidos como consecuencia de la guerra impuesta sobre ellos por la agresión de Alemania y sus aliados. Esta declaración se incluía en el artículo 231 del tratado de Versalles. Este artículo se hizo especialmente conocido por ser una cláusula que culpaba directamente a Alemania del comienzo de la guerra, algo que los alemanes vieron con resentimiento y como un acto de humillación. El tratado también limitaba su ejército a 100.000 hombres y 4000 oficiales, su armada fue requisada y posteriormente hundida en gran parte por sus propios tripulantes y se le prohibió la tenencia, fabricación, importación o exportación de artillería pesada, carros de combate, aviación y submarinos. A todo ello se añadieron las costosas reparaciones de guerra; el tratado de Versalles estipuló en un primer momento que Alemania debía pagar 20.000 millones de marcos oro y la manutención y gastos de las tropas aliadas que ocupasen su territorio desde la firma del armisticio hasta los primeros cuatro meses de 1921. Más adelante la Comisión de Reparaciones estableció que Alemania debía pagar 226.000 millones de marcos oro, aunque más tarde, en abril de 1921, esa cantidad se redujo a 132.000 millones de marcos oro, que se deberían pagar a razón de 2000 millones de marcos oro anuales más el 26 % de los ingresos por exportación alemanes aproximadamente otros 1000 millones de marcos oro. En un primer momento todas las potencias derrotadas debían pagar reparaciones, pero al ser Alemania la mayor potencia y único país que había mantenido su economía a salvo de la destrucción, debió asumir la gran mayoría de costes, pero arruinada, no pudo hacer frente a los pagos en numerosas ocasiones y de hecho entre 1919 y 1932, apenas pudo pagar 21.000 millones. De igual forma, una parte importante de su producción debía ser entregada a las potencias vencedoras y también durante años estuvo enviando decenas de millones de toneladas de carbón en compensación por las minas destruidas, además de considerable número de productos agrícolas, ganaderos e industriales. Alemania terminó de pagar estas reparaciones de guerra en el año 2010.

Alemania perdió 70.570 kilómetros cuadrados de territorio en el continente y los 7,3 millones de habitantes que los habitaban, además de todo su imperio colonial, y debió acordar la desmilitarización de Renania y la ocupación del lado izquierdo del Rin. El tratado colocó a Alemania bajo sanciones legales, se la privó de su poder militar y económico y acabó arruinada y políticamente humillada. Para los historiadores el tratado, la guerra y su memoria, marcaron la política alemana de las décadas de 1920 y 1930, y los intentos de revisionismo histórico y el clima de inestabilidad que vivió la República de Weimar. Mientras tanto, las nuevas naciones independizadas o que se libraban de la ocupación alemana sufrida durante la guerra vieron el tratado como un reconocimiento a las injusticias cometidas por las principales potencias contra pequeños países.

Los tratados con Austria tratado de Saint-Germain-en-Laye, Hungría tratado de Trianón, Bulgaria tratado de Neuilly-sur-Seine y el Imperio otomano tratado de Sèvres siguieron en gran medida la misma línea que el tratado de Versalles: no se permitió a los vencidos conocer los términos del tratado hasta el momento en que debían firmarlo, se les excluyó con carácter provisional de la Sociedad de Naciones, se limitó sus ejércitos y su territorio y se les exigieron reparaciones de guerra. Hungría fue, relativamente hablando, la nación que más pérdidas territoriales sufrió apenas retuvo un 32 % de su territorio anterior, a pesar de que los húngaros representaban el 54 % de la población y 3,3 millones de húngaros quedaron atrapados en territorio extranjero, de los cuales 354.000 huirían entre 1920 y 1924; Austria quedó reducida a una pequeña república. El rechazo del Senado de Estados Unidos a ratificar el tratado de Versalles y la entrada de su país en la Sociedad de Naciones acabó con un tratado bilateral entre Estados Unidos y Alemania en 1921. El acuerdo con Turquía no entró nunca en vigor, debido al triunfo del movimiento revolucionario de Mustafa Kemal Atatürk en la guerra de Independencia turca, que conluyó con el reconocimiento de la nueva República de Turquía y la celebración del tratado de Lausana, mucho menos estricto que el de Sèvres.

Identidades y cambios en las fronteras nacionales.
 Acuerdo Sykes-Picot.

Polonia volvió a constituirse como un país independiente tras más de un siglo de dominación. El Reino de Serbia y su dinastía gobernante, que durante la guerra había sido una nación menor aliada y el país con la mayor proporción de víctimas, se convirtió en la espina dorsal del Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, un nuevo Estado multinacional que en 1929, se rebautizó como Reino de Yugoslavia. Checoslovaquia también fue una de las nuevas naciones surgidas en la posguerra, creada a partir de la fusión del Reino de Bohemia con territorios del Reino de Hungría. El antiguo Imperio ruso, tras la revolución y su conversión en un Estado socialista, pasó a llamarse Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas URSS o simplemente Unión Soviética, aunque perdió Finlandia, Estonia, Lituania y Letonia, que se convirtieron en países independientes. El Imperio otomano fue reemplazado por Turquía y otros países de Oriente Medio, que pasaron a estar bajo dominación francesa y británica. Estas nuevas adquisiciones de las potencias coloniales se constituyeron en el Mandato francés de Siria, en el Mandato británico de Mesopotamia Irak y en el Mandato británico de Palestina, todos ellos bajo la supervisión de la Sociedad de Naciones. Con la liquidación del imperio colonial alemán, las colonias alemanas pasaron a ser administradas, también bajo mandatos, por las naciones vencedoras; Francia y el Imperio británico se repartieron la práctica totalidad de las posesiones alemanas en África, mientras que Australia, Japón y Nueva Zelanda hicieron lo propio con las islas del Pacífico controladas por los germanos. Los imperios y esferas de influencia de británicos y franceses llegaron tras el fin de la Primera Guerra Mundial a su máxima extensión histórica, aunque esta resultó efímera.

En los territorios de ultramar del Imperio Británico se desataron nuevas formas de nacionalismo. En Australia y Nueva Zelanda, la batalla de Galípoli fue conocida como el bautismo de fuego de estas naciones. Fue la primera gran guerra en la que estos países de reciente creación lucharon; de la misma forma, fue una de las primeras veces en que las tropas australianas lucharon como australianos y no como sujetos de la Corona británica. Cada 25 de abril se celebra en Australia y Nueva Zelanda el Día ANZAC, en conmemoración de los Australian and New Zealand Army Corps ANZAC, una fuerza conjunta que combatió en Galípoli. Tras la batalla de Vimy Ridge parte de la batalla de Arrás de 1917, donde las divisiones canadienses lucharon juntas por primera vez como un solo ejército, los canadienses empezaron a referirse a su país como una nación forjada en el fuego; así, por primera vez los soldados de un dominio colonial habían conseguido en el campo de batalla lo que soldados de su país de origen no habían logrado. Cuando Reino Unido declaró la guerra en 1914, todos sus dominios pasaron a estar automáticamente en guerra, sin embargo, al concluir esta, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica firmaron de forma individual el Tratado de Versalles.

El establecimiento del actual Estado de Israel y las raíces del largo conflicto israelí-palestino se encuentran parcialmente en la inestabilidad en Oriente Medio que siguió al término de la Primera Guerra Mundial. Antes y durante la guerra, el Imperio otomano había mantenido un modesto nivel de paz y estabilidad en la región, sin embargo tras el desmantelamiento del gobierno otomano, se produjeron vacíos de poder, conflictos y reclamaciones sobre estos territorios y nuevas naciones emergieron. Las fronteras políticas trazadas por los vencedores de la Primera Guerra Mundial se impusieron de forma rápida y con escasas y superficiales consultas a la población local, en ocasiones se trazaron directamente y con líneas rectas sobre el mapa. Estas arbitrariedades darían lugar a conflictos y luchas por la identidad nacional durante todo el siglo XX que continúan en el XXI. La disolución del Imperio otomano fue por tanto fundamental para la configuración política moderna de Oriente Medio, incluido el conflicto árabe-israelí, pero también lo fue para otros conflictos menos conocidos como el control del agua o de los recursos naturales.


Efectos sobre la salud.

Además de las muertes y pérdidas humanas directas, la guerra dejó profundas consecuencias en la salud de los soldados. De los 60 millones de militares europeos movilizados entre 1914 y 1918 unos siete millones sufrieron alguna discapacidad permanente. Alemania perdió al 15,1 % de su población activa masculina, Austria-Hungría al 17,1 % y Francia a un 10,5 %. En Alemania murieron 474.000 civiles más de los que habrían muerto en tiempos de paz, consecuencia de la escasez de alimentos y la malnutrición, que debilitaron a la población frente a las enfermedades. En otras partes del mundo el hambre también fue un problema, como en Líbano, donde para el final de la guerra habían muerto de inanición unas 100.000 personas. El hambre y las enfermedades se cebaron especialmente con Rusia, una de las naciones más perjudicadas por la Primera Guerra Mundial y que tras su fin vivió una cruenta guerra civil; se calcula que hasta 6 millones de rusos murieron en la hambruna de 1921,114 115 producto de una mala cosecha y de los conflictos bélicos. En 1922, había en Rusia entre 4,5 y 7 millones de niños sin hogar tras una década de devastación. Miles de personas, en su mayoría rusos anti soviéticos, abandonaron el país tras la revolución y emigraron principalmente a Francia, Inglaterra, Estados Unidos y a la ciudad china de Harbin, donde vivían más de 100.000 rusos en la década de 1930.

En las caóticas condiciones de guerra, las enfermedades florecieron. Solo en 1914, el tifus exantemático epidémico transmitido por los piojos mató a 200 000 personas en Serbia.118 Entre 1918 y 1922, Rusia sufrió 25 millones de infecciones y tres millones de muertos por tifus epidémico. En 1923, 13 millones de rusos contrajeron la malaria, que ya había registrado un fuerte aumento en los años previos a la guerra. Especialmente trágica fue la pandemia de gripe de 1918, que mató a no menos de 50 millones de personas en todo el mundo hasta un máximo de 100 millones, y que solo en la India británica dejó entre 10 y 17 millones de víctimas mortales. La gripe española, llamada así por ser la España neutral uno de los únicos lugares donde se informó de ella los países beligerantes censuraron las informaciones, se convirtió en uno de los desastres más mortíferos de la historia de la humanidad, redujo la esperanza de vida mundial en casi 12 años y tuvo la particularidad de ser especialmente mortal en adultos jóvenes y de propagarse fundamentalmente en verano y otoño en el hemisferio norte cuando lo habitual es en invierno. El académico Andrew Price-Smith incluso sugirió que las mayores tasas de mortalidad en Alemania y Austria por la gripe ayudaron a inclinar la balanza de la guerra en favor de los Aliados.

En otros ámbitos, como consecuencia de la guerra, Grecia combatió contra Turquía, en una guerra que terminó con el tratado de Lausana y el intercambio de población entre ambos países en el que participaron unas dos millones de personas y donde, según algunas fuentes,130 murieron cientos de miles de griegos, en lo que se conoce como el genocidio griego, un término que sin embargo aún es polémico. La alarma social, el temor y la violencia generalizada tras la revolución rusa de 1917, y la posterior guerra civil dejaron más de 2000 pogromos en los territorios del antiguo Imperio ruso, sobre todo en Ucrania y perpetrados por elementos anti bolcheviques. Fuentes judías estiman que entre 60 000 y 200 000 civiles judíos murieron en aquellas matanzas.

Influencia en el ascenso del fascismo y el nazismo
 Leyenda de la puñalada por la espalda, Marcha sobre Roma, Ascenso al poder de Adolf Hitler y Periodo de entreguerras.

El ascenso del nazismo y el fascismo incluyó un renacimiento del nacionalismo y un rechazo a los numerosos cambios de posguerra. Del mismo modo, en Alemania se popularizó la leyenda de la puñalada por la espalda Dolchstoßlegende, un testimonio sin igual del estado psicológico en que se encontraba la población alemana tras la derrota y su rechazo a la responsabilidad del conflicto que le atribuían los vencedores. Esta teoría consistía en la creencia de que Alemania no había perdido la guerra por razones militares, sino por el enemigo interior, o sea, los partidos de izquierda responsables del proceso revolucionario alemán y los judíos. La aceptación de esta leyenda por una parte importante de la población deslegitimó al gobierno de Weimar y desestabilizó el sistema, lo que fue aprovechado especialmente por la extrema derecha, incluyendo al movimiento nazi, que supo capitalizar el descontento por el tratado de Versalles.


Sin la Primera Guerra Mundial y su legado el Tercer Reich sería inconcebible. La popularidad del nazismo tiene unas raíces psicológicas principales que no se pueden explicar sin este legado. Para la opinión pública de Alemania la derrota en 1918 significó un desastre continuo y a ojos de Hitler y la dirección del régimen la Segunda Guerra Mundial no era más que el legado inacabado de la Primera.
Ian Kershaw137

Italia, a pesar de ser uno de los países vencedores, salió decepcionada de los acuerdos de paz por la arrogancia de los aliados en su trato con ella y la insatisfacción por los escasos beneficios obtenidos por la guerra. Este clima de frustración, con continuas huelgas y disturbios y las promesas incumplidas de Reino Unido y Francia, fue aprovechado por Benito Mussolini y su Partido Nacional Fascista, que se ganó el apoyo sobre todo de la pequeña burguesía rural, ya que al igual que en Alemania, responsabilizaba a los partidos de izquierda de la inestabilidad social que vivía el país.