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jueves, 11 de mayo de 2017

Holocausto Nazi " La Catástrofe 3ª Parte "


Puente que unía los dos sectores del Gueto de Varsovia.
Los guetos.  Lista de guetos judíos bajo el régimen Nazi.
Los alemanes comenzaron a levantar guetos nada más invadir Polonia. Su finalidad inicial era la de concentrar transitoriamente a los judíos, antes de o bien deportarlos hacia el este, o bien recluirlos en campos de concentración de trabajos forzados o de exterminio de la misma Polonia. Sin embargo, dadas las terribles condiciones en que se desarrollaba la vida en ellos, hacinamiento extremo, carencia de servicios sanitarios adecuados y proliferación de enfermedades, supusieron también una muerte lenta para muchos de sus habitantes.
Los principales guetos en la Polonia ocupada, en funcionamiento entre 1939 y 1941, fueron los de Varsovia, Minsk, Lodz, Radom, Piotrkow, Lublin, Kielce, Czestochowa, Bedzin, con 27.000 judíos, un 45 % de la población, tras diversas muertes y deportaciones, el gueto fue liquidado en agosto de 1943, Sosnowiec, Tarnow y Cracovia, donde había 60.000 judíos, el 25 % de la población total.
El primer gueto se abrió el 8 de octubre de 1939, en Piotrków Trybunalski, distrito de Lodz, y el 19 de octubre se creó el de Lublin. En 1940, se crearon el de Lodz, el 18 de febrero, aislado del resto de la población el 30 de abril, y el Bedzin, el 1 de julio.
El mayor de todos los guetos en la Polonia ocupada por Alemania fue el de Varsovia, con una superpoblación que llegó a alcanzar el medio millón de judíos en un espacio de 3,3 kilómetros cuadrados. En octubre de 1940, se terminó de recluir en él a todos los judíos de la ciudad y fue aislado del resto de la misma en noviembre. En abril de 1941, llegaron más de 40.000 judíos deportados desde Alemania y Bélgica. Tanto en Varsovia como en Lodz, cerca de una cuarta parte de los judíos murieron a causa de las enfermedades, el hambre y la crueldad a la que eran sometidos.

En la primavera de 1941, se establecieron los guetos de Cracovia, Lublin, ambos en marzo y el de Kielce. En abril se establecieron dos guetos separados en Radom y uno en Czestochowa.
Simultáneamente, desde noviembre de 1939, se ordenó la constitución de consejos judíos en las comunidades judías para encargarse de la aplicación precisa e inmediata de las directrices emitidas por las autoridades alemanas. Entre sus funciones, estuvo la gestión de la concentración de los judíos de las zonas rurales en ciudades con enlaces ferroviarios o cerca de vías férreas, pero sobre todo la de actuar de enlace entre la población y las autoridades nazis.

A finales de 1940, ya existía la percepción de que los guetos no tenían visos de disolverse a través de las deportaciones, aún a pesar de que las condiciones de vida en su interior estaban empeorando dramáticamente. En marzo de 1941, el que había sido responsable de la acción de eutanasia que entre 1939 y 1941, había asesinado a 70.000 enfermos mentales en Alemania, Victor Brack, propuso aplicar métodos de esterilización a entre 3000 y 4000 judíos por día.
Cuando en el otoño de 1941, empezaron a llegar al Warthegau los primeros judíos deportados de Alemania, las posibles salidas empezaron a buscarse de forma clara en otros métodos. De hecho,
la posibilidad de liquidar judíos encerrados en guetos ya había sido planteada por vez primera en el verano de 1941, por los líderes nazis del Warthegau. Las primeras unidades móviles de gasificación desplegadas contra los judíos se pusieron en marcha en el Warthegau durante los últimos meses de 1941. Y el asesinato sistemático de judíos se inició a primeros de diciembre de 1941, en el primer campo de exterminio -"furgones de gasificación", de hecho- establecido en Chelmno, sobre el Ner.
Con todo, hubo numerosas dudas acerca de cómo tratar exactamente a los judíos por parte de quienes se tenían que enfrentar a la gestión directa de las deportaciones y a la aplicación de determinadas medidas. En concreto, hubo dudas acerca de cómo tratar a los judíos alemanes, como lo demostró, por ejemplo, la indecisión a la hora de gestionar el futuro de los judíos que había en Minsk, sobre muchos de los cuales se tenían dudas acerca de su grado de ascendencia aria y que, por tanto, podrían ser susceptibles de un trato radicalmente diferente del dedicado a los judíos rusos. Simultáneamente, había dudas también en relación a la aplicación de la estrella amarilla como distintivo de los judíos del Reich, Alemania, Austria y el protectorado checo. En todo caso, la estrella, llamada por los nazis Pour le Sémite, en relación irónica con la condecoración Pour le Mérite se convirtió en un distintivo obligatorio, bajo pena de muerte para todos los judíos de una edad superior a los diez años en todos los territorios ocupados. En Polonia, la estrella, de color azul sobre fondo blanco, fue obligada para los judíos que apareciesen en público desde el 23 de noviembre de 1939.
En general, la cautelas del nazismo venían provocadas por las dificultades de ocultar a la opinión pública alemana determinadas acciones y decisiones aplicadas sobre esos ciudadanos alemanes; así las cosas, el Reich no fue declarado judenrein hasta junio de 1943.
Estos meses del otoño de 1941, serían decisivos en el diseño y plasmación del Holocausto, por cuanto las autoridades regionales nazis, a falta de directrices claras desde Berlín, se vieron obligadas a recurrir a una toma de decisiones por propia iniciativa para liberar sus áreas de judíos. Fue en esas fechas cuando se iniciaron algunos programas locales de exterminio, aún con el conocimiento de Berlín.
Hacia noviembre de 1941, se planteó también si los judíos del Este deberían ser respetados en el caso de que fuesen útiles como trabajadores para la industria armamentística. A la pregunta de Heinrich Lohse, comisario del Reich para Ostland si debían ser liquidados sin tener en cuenta consideraciones prácticas, el Ministerio del Reich para los Territorios Ocupados respondió que las consideraciones de tipo económico no debían tenerse en cuenta. Por lo demás, remitió la resolución de otras dudas al jefe superior de las SS y la policía.
Entre las primeras soluciones locales estuvo el fusilamiento de judíos a su llegada al Báltico desde Alemania. Asimismo, en noviembre, bajo órdenes del jefe de la policía de las SS de la zona, se comenzó a construir un pequeño campo de exterminio en Belzec, municipio de Lublin con el fin de matar a los judíos no aptos para el trabajo.



El 26 de febrero de 1942, una carta dirigida al diplomático alemán Martin Luther, fue redactada por Reinhard Heydrich durante la Conferencia de Wannsee para solicitar a Luther asistencia administrativa para la implantación de la Solución final a la cuestión judía, Endlösung der Judenfrage. Memorial House of the Wannsee Conference.

Después, tras el comienzo de la invasión de la Unión Soviética, antes del final de 1941, dos millones de prisioneros soviéticos habían muerto ya de hambre en campos de concentración alemanes.
La política de deportaciones con el objeto de dar cabida a alemanes, que en la primavera de 1940 había llevado al Gobierno General a 128.011 judíos, terminó provocando numerosas quejas tanto por parte de aquellos que echaban en falta la mano de obra para la guerra que esos judíos representaban, Göring, como por quienes como Frank veían como el territorio bajo su gestión se empezaba a ver congestionado por esos deportados.

La política antisemita en los Balcanes.

Ion Antonescu, dictador rumano que se había hecho con el poder en septiembre de 1940, recibió en junio de 1941, una serie de directrices de parte de Hitler con las que se le instruía acerca de cómo tratar a los judíos en su territorio (aun cuando Antonescu ya había aprobado previamente numerosas leyes antijudías reclusión en guetos a los que vivían en ciudades y exterminio inmediato de los que fuesen localizados en el campo. Desde ese mismo mes, se empezaron a desarrollar masacres en distintas localidad, Iaşi: probablemente, 10.000 víctimas; Besarabia y Bucovina: miles de judíos fusilados y muchos encerrados en guetos; Odesa: cientos fusilados o ahorcados, 19.000 ametrallados y luego quemados; Bogdanovka: 5000 judíos quemados vivos y 43.000 fusilados; Domanovka: 18.000 fusilados; etc.
En el plazo de un año desde el comienzo de la campaña, las fuerzas rumanas, en ocasiones conjuntamente con unidades alemanas de las SS y policiales, y más a menudo actuando por cuenta propia, habían matado a entre 280.000 y 380.000 judíos, la cifra más alta de asesinados por cualquier país europeo independiente durante la Segunda Guerra Mundial, exceptuando Alemania.
En Yugoslavia, parte de Serbia quedó bajo ocupación alemana. La lucha contra la resistencia incluía en esta a los judíos y comunistas. A los judíos, además de asesinárseles, se les impuso en algunos lugar el uso de la estrella judía, se le excluyó de diversas ocupaciones y se les expropió parte de sus propiedades sin compensación por ello.
En total, es probable que los grupos operativos y los grupos militares y paramilitares que los secundaban hubieran fusilado aproximadamente a medio millón de judíos al terminar 1941.


En Bulgaria, país inicialmente aliado al Eje, se promulgaron leyes antisemitas incluyendo la implementación de trabajos forzados, 1940-41, pero los trenes nunca partieron. La deportación de 1943 fue cancelada debido a la resistencia, que contó con el apoyo de la Iglesia Cristiana Ortodoxa de Bulgaria y de la opinión pública. En 1944, cuando Bulgaria rompió con Alemania y se unió a la coalición antihitleriana, a los judíos búlgaros se les restituyeron todos los derechos de los que habían sido privados. El periodista búlgaro Samuel Francés expresó que:
Salvando casi 50 mil vidas humanas, en los años de la más terrible y exterminadora de las guerras mundiales, la pequeña Bulgaria escribió una página única de humanismo y dignidad en la historia europea.
Antes de la Segunda Guerra Mundial vivían en Bulgaria unos 48 mil judíos; al terminar la guerra, su número llegaba casi a 50 mil.

Francia, Bélgica, Países Bajos, Escandinavia.

La presencia del antisemitismo en Europa, reforzada por la actuación de los nazis, se hizo patente incluso en zonas donde no había un dominio directo de estos. Así, por ejemplo, en la Francia de Vichy, donde el triunfo de Pétain y de los nacionalistas de extrema derecha hicieron que en el régimen hubiese un núcleo antisemita que sería responsable de distintas medidas discriminatorias: prohibición de poseer o dirigir empresas, expulsión de profesores universitarios, internamiento de los inmigrantes judíos... Más tarde, en octubre y noviembre de 1941, se empezarían los preparativos para la deportación de los judíos extranjeros, y, finalmente, tras la ocupación de la zona en noviembre de 1942, por parte de los alemanes, la deportación de los judíos franceses. En total, fueron asesinados 80.000 de los 350.000 que había.

La invasión de la Unión Soviética.

El punto de inflexión respecto de la política antijudía del nazismo se produjo a partir de la invasión de la Unión Soviética, iniciada el 22 de junio de 1941; nada más entrar en el país y en los territorios controlados por este, el ejército alemán y los cuatro grupos operativos del Servicio de la Seguridad de las SS, con sus unidases operativas, y la ayuda de varios batallones policiales, comenzaron a matar a los civiles resistentes, a cuadros y judíos del Partido Comunista, a los que se responsabilizaba de alentar a los partisanos, y a todos los prisioneros de guerra judíos. Cumplían, así, una serie de directivas criminales que ordenaban el asesinato de los comisarios políticos del ejército soviético. Orden de los Comisarios de 6 de junio de 1941, y las indicaciones recibidas en las sesiones informativas dadas por Heydrich, a los líderes del Einsatzgruppen y a sus subunidades, los Einsatzkommandos, acerca de su función en la retaguardia, reuniones donde se hizo explícita la orden de Hitler de eliminar a los judíos rusos.

Esos fusilamientos en masa de judíos rusos en manos de las SS-Einsatzgruppen marcaron una radicalización de la política antijudía, algo que Christopher Browning etiquetó de salto cualitativo.
En otro orden de cosas, la decisión de Stalin de deportar a centenares de miles de alemanes del Volga, como consecuencia de la entrada de Alemania en Ucrania, convenció a Hitler a hacer uso también de la deportación hacia los territorios del Este de los judíos de Europa central. Una idea a la que era en principio reacio, mientras hubiese guerra, y que, una vez aceptada, hizo abandonar definitivamente la posibilidad de enviarlos a Madagascar, plan además inviable en aquellos momentos en que Gran Bretaña mantenía su dominio marítimo.
Esas deportaciones plantearon el problema de dónde colocar a los judíos y qué hacer con ellos. En aquellos momentos ya era un problema para el ejército alemán el retener y alimentar a los tres millones de prisioneros de guerra soviéticos. Consecuentemente, se decidió no usar los campos de prisioneros y optar por los guetos masificados que ya había en Minsk, Riga y, sobre todo, Lódz.


En septiembre, Himmler, que desde julio tenía un control absoluto sobre las medidas de seguridad que hubiesen de adoptarse en los territorios conquistados en el este, incluida la eliminación de cualquier amenaza de subversión avisó a Arthur Greiser de que unos 70.000 judíos, alemanes y checos iban a ser enviados al gueto de Lodz; 20.000 fueron enviados al mes siguiente.
La imposibilidad material de sostener los guetos tan llenos de gente incentivó la maquinación del asesinato en masa como una respuesta nazi ante esa situación. El hambre y el frío mataron a muchos judíos, y desde enero de 1942, empezó a usarse el gaseamiento en Chelmno.
Respecto de la actividad criminal en durante la invasión, fueron especialmente relevantes las matanzas perpetradas por las brigadas de las SS y la Einsatzgruppen. Tras una orden de Himmler de principios de agosto, todos los hombres judíos deben ser fusilados. Empujen a las mujeres judías a los pantanos, una brigada fusiló a más de 25.000 judíos en menos de un mes en la zona de los pantanos de Pripet. Más adelante, las órdenes de fusilamiento se extendieron a niños y mujeres. Así, por ejemplo, la unidad comandada por Friedrich Jeckeln, que operaba en la zona de Kiev, llegó a fusilar hasta octubre a más de 100.000 judíos entre hombres, mujeres y niños.

La solución final.

El eufemismo con el que los nazis identificaron en sus documentos y declaraciones sus planes genocidas respecto de la población judía europea fue la Solución final a la cuestión judía, Endlösung der Judenfrage, en alemán. El primer uso del término se dio en una circular de Adolf Eichmann, de 20 de mayo de 1941, en la que aludía a esa solución como una futura vía en el tratamiento de los judíos europeos, tras comunicar que Göring prohibía la emigración de judíos de Francia y Bélgica.
Con la aprobación y sanción por parte de Hitler de las distintas fases de intensificación, la Solución Final, como proceso, arrancó en la primavera de 1941, con la planificación de la, Operación Barbarroja y la propaganda para persuadir al pueblo alemán acerca de la conspiración judeo-anglosajona. Estados Unidos ya incluidos contra Alemania; se amplió durante el verano con el paso a un genocidio a gran escala en la Unión Soviética recién invadida,radicalizado en otoño por la deportación masiva hacia el este ordenada por Hitler de los judíos del Reich, Bohemia y Moravia y se encaminó hacia su pleno desarrollo entre diciembre, una vez declarada la guerra a Estados Unidos y la primavera de 1942, cuando surgió definitivamente un programa coordinado de exterminio que se materializaría en la matanza perpetrada en los distintos campos.
El 16 de julio de 1941, el jefe del Servicio de Seguridad SD en Posen, Rolf-Heinz Höppner envió a Adolf Eichmann, de la Oficina Principal de Seguridad del Reich en Berlín, un informe titulado Solución a la cuestión judía, en el que recogía las conclusiones de diversas discusiones al respecto entre distintos organismos del Reich. La idea principal que se exponía en el informe era la de concentrar a todos los judíos del Warthegau en un campo para 300.000 personas situado cerca del centro de la producción de carbón, para que los judíos aptos para el trabajo pudiesen ser explotados. Además, se señalaba, en relación con los judíos que no pudiesen trabajar y con aquellos a los que no fuese posible alimentar, que habría que considerar seriamente si la solución más humana no sería terminar con ellos mediante algún tipo de preparado de efecto rápido. Por lo demás, se sugería la esterilización de todas las judías para solventar el problema judío en esa misma generación. Así, pues, el informe destacaba la idea de genocidio en una fase embrionaria.
Posteriormente, el 31 de julio, Göring firmó un documento, que se supone redactado a partir de un borrador de Eichmann, en el que se instaba a Heydrich para que se encargara de llevar a cabo los preparativos necesarios para «la solución completa de la Cuestión Judía dentro de la esfera de influencia alemana en Europa», probablemente con el sentido de buscar todavía una solución territorial del tipo de intentar un traslado de los judíos alemanes y de otros lugares de Europa a una reserva situada más allá de los Urales.
Esa solución territorial dependía, por un lado, de una victoria rápida de Alemania sobre la Unión Soviética y, por otro, de un cambio en los planes de Hitler, que todavía tenía en mente usar a los judíos alemanes como rehenes y que no quería que fuesen deportados al Este. Sin embargo, en septiembre las ideas empezaron a cambiar, cuando, probablemente, Rosemberg convenció a Hitler de utilizar la deportación de judíos como forma de represalia por las deportaciones de alemanes del Volga a Siberia por parte de los soviéticos. Hitler ordenó en septiembre, cuando los Einsatzgruppen habían emprendido el genocidio total en la Unión Soviética, la deportación inmediata de los judíos de Alemania, Austria y Checoslovaquia.
Por lo tanto, en septiembre de 1941, empezaba a haber ya un caso convincente para establecer un vínculo entre el exterminio físico que empezaba a ser generalizado en el este, la imposibilidad de establecer una solución territorial en un futuro próximo, y el mandato que Heydrich había obtenido ya para organizar una solución general al «problema judío» en todas las zonas ocupadas por Alemania. Incluso así, seguía sin emerger aún del todo un programa generalizado de exterminio para toda la población judía europea.


Carta de Hermann Goering a Reinhard Heydrich acerca de la Solución final.

En el otoño de 1941, Heinrich Himmler, encargado principal de llevar a cabo el plan que conducía a exterminar a las tres cuartas partes de todos los judíos europeos, dio la orden al General de las SS Odilo Globocnik, jefe de las SS para el distrito de Lublin de aplicar un plan para matar sistemáticamente a los judíos residentes en el Gobierno General. Aktion Reinhard fue el nombre en clave dado a la operación por Heydrich (que había sido el encargado de preparar la "Solución final" y que fue asesinado por partisanos checos en mayo de 1942).

Contexto inmediato.

A finales de 1940, la Alemania nazi había asesinado ya a unos 100.000 judíos en toda Europa. En Rumania, por ejemplo, uno de los países más antisemitas antes de la guerra, fue eliminada la mitad de su población judía tras el estallido de esta: más de 350.000 judíos fueron asesinados por parte de los Einsatzgruppen y de las propias tropas nacionales rumanas.
A partir de 1941, cuando el asesinato en masa de judíos se convirtió en política de Estado, la cifra aumentó exponencialmente; solo ese año, murió 1.000.000. En julio de 1941, el Reino Unido, a través del desciframiento de códigos, era ya conocedor de las masacres de judíos soviéticos.
A lo largo de ese año, fue la política genocida efectuada contra los judíos rusos la que, habiéndose iniciado la invasión de la Unión Soviética, monopolizó la atención de los jerarcas nazis, política que se encuentra en el origen mismo del Holocausto.
Tras una primera instrucción de Heydrich el 17 de junio a los comandantes de los Einsatzgruppen acerca de la puesta en práctica de la Solución final, en una orden del 2 de julio de 1941, él mismo realizó una serie de indicaciones genéricas a los jefes superiores de las SS y la policía en el este sobre la necesidad de matar judíos, saboteadores, subversivos y funcionarios del Komintern, además de instigar a las poblaciones locales para desencadenar pogromos contra los judíos. La limitación del alcance de la orden parece ser una estratagema con el fin de justificar de alguna manera los fusilamientos en masa que la Wehrmacht y otras autoridades estaban ya practicando.
Ya el 3 de julio, por ejemplo, el jefe del Einsatzgruppen en Luzk había fusilado a 1.160 judíos para, como declaró, dejar su marca distintiva en la ciudad. Los pelotones de la muerte del Einsatzgruppen A en el Báltico llevaron a cabo una interpretación especialmente liberal de la orden. El Einsatzgruppen acabó realizando una gran contribución al asesinato de cerca de un total de dos millones de judíos rusos; solo el Einsatzgruppen A, a principios de enero de 1942, informó de la ejecución de 229.052 judíos.
Es probable, por tanto, que en esas reuniones informativas hubiese habido ya indicaciones indirectas de aniquilar a los judíos, de forma que pudiesen ser comprendidas de distintas maneras.
Un mes después, en una conferencia de planificación, Hitler afirmó que había que aniquilar a cualquiera que se interpusiese en el camino de Alemania.
Un mensaje del 1 de agosto de Heinrich Müller, jefe de la Gestapo, indicaba que había que presentar informes continuos a Hitler acerca de los trabajos de los Einsatzgruppen en el Este. También, a mediados del verano determinados elementos radicales del nazismo habían convencido a Goebbels de la necesidad de eliminar a los judíos de la retaguardia, de las ciudades alemanas; el primer paso fue marcarlos con una estrella amarilla, algo que Hitler aceptó a mediados de agosto.
Todo lo anterior, y muy especialmente la actividad desarrollada por los Einsatzgruppen, se corresponde con testimonios y pruebas documentales que apuntan a que el mandato de Hitler acerca de asesinar a determinado tipo de judíos rusos sobre todo, dependiendo de su edad y sexo fue transmitido a los Einsatzkommandos en el mes de agosto. El asesinato generalizado, que culminaría con los fusilamientos masivos de finales de septiembre en Babi-Yar 33.771 hombres, mujeres y niños, no habría sido ordenado explícitamente por Hitler, sino que este habría dado su respaldo a una sugerencia de, probablemente, Himmler, a partir de las impresiones transmitidas por los comandantes locales que tenían a su cargo los fusilamientos.
Por lo demás, se ha demostrado que la Wehrmacht colaboró con los Einsatzgruppen implicándose directamente en el asesinato de casi dos tercios de los prisioneros de guerra soviéticos, muchos de los cuales serían los primeros en probar las cámaras de gas de Auschwitz, y que aproximadamente 1.300.000 judíos una cuarta parte de todos aquellos que murieron en el Holocausto además fueron asesinados por ella.
A mediados de agosto, con la invasión de la Unión Soviética ya en marcha, Hitler no solo insistía en la relación entre una nueva guerra mundial y la aniquilación de los judíos, sino que aceptó la deportación hacia el este de los judíos que aún quedaban en Alemania. La situación de estos, como se refleja en los testimonios de Victor Klemperer, se había ido deteriorando con celeridad, hasta el punto de que una ley de diciembre de 1941, imponía la pena de muerte como castigo para prácticamente cualquier infracción cometida por un judío.  A los no deportados por ejemplo, aquellos que formaban parte de matrimonios mixtos, se les sometía a trabajos forzados.
En octubre, Heydrich precisó todavía más que la deportación tenía que afectar a todos los judíos de los territorios ocupados por Alemania.
Simultáneamente, las declaraciones genocidas por parte de los jerarcas del nazismo eran frecuentes: por ejemplo, en noviembre, Alfred Rosenberg afirmaba que el objetivo de los asesinatos en masa que ya se estaban produciendo era el exterminio biológico de toda la judería de Europa y en diciembre Goebbels recordaba que la compasión o el arrepentimiento respecto de los judíos estaban fuera de lugar y que la guerra, desecadenada por ellos, los había sumido en un proceso gradual de aniquilación.
Así, pues, a finales de 1941, se estaba aplicando un programa de exterminio, en el que intervenían tanto las autoridades militares alemanas, como la policía, las SS, las milicias locales y los administradores civiles de los distintos territorios. Sin embargo, estaba también claro que la intensidad reclamada por Himmler no se podía alcanzar a base, sobre todo, de los fusilamientos en masa. Por otro lado,
quienes estaban al mando de los grupos operativos se quejaban de que los continuos fusilamientos en masa de mujeres, y niños indefensos estaban creando una tensión intolerable en sus hombres, muchos integrantes de los mismos, según contó un alto mando de las SS, incapaces de seguir soportando caminar en medio de la sangre, se habían suicidado. Algunos se habían vuelto locos incluso. La mayoría tenía que apoyarse en el alcohol para realizar su espantoso cometido.
La alternativa puesta en práctica de inmediato fue el gaseamiento, que se había estado aplicando hasta agosto de 1941, en la operación de eutanasia T-4. El doctor August Becker, que se describía como especialista en los procesos de gaseamiento utilizados en el exterminio de los enfermos mentales, junto con otro personal de dicha operación, fue trasladado por Himmler a la Oficina Central de Seguridad del Reich en Berlín. Por su parte, Albert Widmann, el inventor de la cámara de gas estándar que había sido empleada en el programa de eutanasia, estuvo colaborando en el este para asesinar a enfermos mentales bombeando monóxido de carbono al interior de habitaciones; como resultado de su presencia, Arthur Nebe, jefe del grupo operativo B de la zona de Minsk y Mogilev, ideó el uso de una camioneta herméticamente cerrada en la que se introducía los gases de su tubo de escape, mecanismo de asesinato aprobado por Heydrich.
Himmler aprobó en octubre la construcción en Belzec de un campo que sirviese de base para las camionetas de gas; también en Chelmno se estableció otro centro similar, de donde salían las tres camionetas que se utilizaban para asesinar a los judíos y gitanos, también transportados desde el gueto de Lódź, con el objeto de ir dejando sitio, como en otros guetos, para los judíos que iban llegando desde todas partes de Europa. Estas camionetas podían matar a 50 personas a la vez durante el trayecto de 16 km entre el gueto y el campo, donde eran enterradas en zanjas. Por este procedimiento, en Chelmno fueron asesinadas 360.000 personas. A finales de 1941, los cuatro grupos operativos estaban empleando un total de unas 30 camionetas. También en Serbia se hizo uso de una camioneta de gas; a principios de mayo de 1942, más de 7500 judíos habían muerto en ella.
En diciembre de ese mismo año, los dos millones y medio de judíos del Gobierno General eran ya una preocupación real para los dirigentes nazis. Y, en este sentido, alguno de ellos, como Hans Frank ya hablaba de la necesidad de tomar medidas que de algún modo conduzcan a lograr su aniquilación en sintonía con otras medidas que habrían de tomarse desde el Reich.


La Conferencia de Wannsee.


El 20 de enero de 1942, se celebró la Conferencia de Wannsee. Convocada por Heydrich, reunió a varios altos funcionarios de los ministerios con responsabilidad en el asunto judío, y a representantes de las SS y del Partido Nazi, implicados también en el mismo. El objetivo era establecer una directriz clara en cuanto a quién tenía que asumir el control sobre la cuestión judía en todos los territorios ocupados. En una de sus alocuciones, Heydrich remitió a un encargo de Göring de julio de 1941, por el que le encomendaba a él y a las SS y, por tanto, haciendo de Himmler el responsable superior tomar las medidas necesarias para la solución final de la cuestión judía en Europa, solución que habría de ponerse en práctica tras la deportación al este de los judíos. Durante las reuniones, fueron continuas las referencias al exterminio por medio del trabajo y, según algún testimonio posterior, se hizo referencia también al asesinato con camionetas de gas. Con todo, en las actas finales de la conferencia se utiliza un plural impreciso, varios tipos posibles de solución, para aludir a la futura forma de resolver el asunto judío.
La primera consecuencia de lo hablado en Wannsee fue la reestructuración de todos los campos de concentración existentes: desde febrero de 1942, se convirtieron, de forma sistemática, en una fuente primordial de mano de obra para las industrias de guerra alemanas. Sin embargo, gestionados por las SS, el aumento de la aportación de los prisioneros se hizo por la vía de la violencia y el terror: con el objetivo siempre en mente de la reorganización racial del continente, el exterminio por el trabajo implicó que solo la productividad del trabajador podría salvar a este, eventualmente, de la muerte. En este sentido, aquellos que no eran aptos para el trabajo, fueron asesinados por millones.
En esta línea, el 14 de febrero Hitler le diría a Goebbels que estaba decidido a limpiar Europa de judíos sin remordimientos y que era necesario acelerar el proceso con una frialdad implacable para prestar un gran servicio a una raza humana a la que la judería ha estado atormentando durante milenios. Poco más de un mes después, el mismo Goebbels aludía en su diario al proceso por el cual los guetos del Gobierno General estaban siendo liberados de judíos, para dejar sitio a los expulsados del Reich; insistía en que el contexto era el de una lucha a vida o muerte entre la raza aria y el bacilo judío, e indicaba la singularidad del nazismo por su capacidad para emprender una solución final de la cuestión, una solución radical de la que Hitler era su pionero y portavoz persistente.
Durante esos primeros meses de 1942, quien estuvo supervisando las matanzas de judíos fue Himmler, que se reunía con frecuencia con Hitler de forma confidencial, y del que decía haber recibido directamente el encargo. Estuvo en Cracovia a mediados de marzo, cuando el uso de gas venenoso ya se había empezado a utilizar para asesinar judíos. En abril, ordenó en Varsovia el asesinato de los judíos de Europa occidental que habían llegado para entrar en el gueto de Lódz. En julio, apremió en el este el programa de matanzas. Mientras, intentaba acelerar el exterminio de los judíos que quedaban en el Gobierno General, que esperaba concluir a finales de año, y el de los judíos de Ucrania, que había comenzado en mayo.
La Conferencia de Wannsee supuso también que Adolf Eichmann, desde la Oficina Central de Seguridad del Reich, reiniciase en marzo los transportes en tren para deportar a los judíos que quedaban en Alemania, el Protectorado y la antigua Austria, hacia los guetos de Europa oriental. Esta decisión, junto con la situación ya insoportable para ellos, indujo al suicidio a numerosos judíos. Igualmente, el programa de deportaciones se amplió a otros lugares de Europa: Países Bajos, Bélgica y Francia, entre ellos.


Mapa que muestra la ubicación de todos los campos de exterminio, la mayoría de los campos de concentración, campos de trabajo, prisiones, guetos, las principales rutas de deportación y los lugares de masacres.

Los campos de exterminio.


El Holocausto está directamente asociado en la mentalidad popular a los llamados campos de exterminio. Aunque no todos los judíos que murieron a causa de las políticas nazis lo hicieron en estos campos, lo cierto es que en ellos se pusieron en práctica de forma concentrada todos los sistemas y métodos especialmente, el uso de cámaras de gas que configuran la violencia extrema contra los judíos que desplegó el nazismo.
Los primeros campos: la operación Reinhard.
Unas semanas antes de que se celebrase la Conferencia de Wannsee, Himmler había encargado a Odilo Globocnik, jefe de la policía y las SS en Lublin, que organizara el exterminio de los judíos del Gobierno General. Con el nombre de «operación Reinhard», el objetivo del plan era liberar espacio en los guetos para dejar sitio a los judíos deportados del oeste. Globocnik se rodeó para ello de varios de los participantes en la operación T-4, que quedaron empleados en los tres campos que se crearían dentro de la operación; se trataba de oficiales y suboficiales de las SS, ayudados por un personal básico compuesto de auxiliares ucranianos reclutados en campos para prisioneros de guerra.
Los campos se situaron al oeste del río Bug, con buenas conexiones por ferrocarril con otras zonas de Polonia y con los principales guetos. El primer campo, el de Belzec, se empezó a construir el 1 de noviembre de 1941, a partir de las instalaciones de un campo de trabajo. Su comandante era Christian Wirth, al que prestó ayuda uno de los especialistas en eutanasia. Contaba con cámaras de gas fabricadas con madera, aunque herméticamente cerradas; el gas se bombeaba al interior desde unos vehículos, y no haciendo uso de botes de monóxido de carbono puro, como se había hecho en el plan de eutanasia, debido a la dificultad de hacerse con grandes cantidades de ellos. El campo empezó a funcionar en febrero de 1942. Se probó primero el gaseamiento de grupos pequeños de judíos, incluidos los que habían ayudado a construir el campo. A partir del 17 de marzo, se empezó el gaseamiento de los judíos deportados. En un mes, se asesinó a 75.000 judíos, 30.000 de los cuales provenían del gueto de Lublin que contaba con 37.000 habitantes, siendo los demás de otras zonas del Gobierno General.
La disposición de algunos elementos del campo buscaba no levantar sospechas entre los judíos: se les decía que era un centro de tránsito, que iban a ser desinfectados antes de recibir ropa limpia y que sus objetos de valor les serían devueltos. Las cámaras de gas parecían habitaciones con duchas.
Entre junio y julio, se sustituyeron las cámara de madera por una construcción de hormigón con capacidad para seis cámaras de gas, que podían albergar al mismo tiempo a un total de 2.000 personas. Hasta 600.000 judíos, tanto de la Polonia ocupada como de otros lugares de Centroeuropa, fueron allí asesinados antes de finales de año.
El segundo campo de exterminio que formaba parte de la operación Reinhard se empezó a construir en marzo de 1942 cerca de Sobibor, también sobre la base de un campo de trabajo, en este caso para mujeres judías. En mayo se finalizó: contaba con las áreas administrativas y de recepción al lado del correspondiente ramal ferroviario, y sus cámaras de gas con capacidad para 100 personas cada una de ellas estaban en un edificio de ladrillo fuera de la vista de quienes llegaban al apeadero, a unos 150 metros de distancia a través de una vereda conocida como el tubo. El gas se tomaba desde un motor y detrás del edificio había fosas para los cadáveres, a las que se podía acceder también por vía férrea, dado que muchos de los que llegaban en tren lo hacían ya muertos. En sus tres primeros meses de funcionamiento, murieron en el campo hasta 100.000 judíos, de Lublin, Austria, Bohemia y Moravia, y del Antiguo Reich.
Durante el calor del verano, los cuerpos sepultados empezaron a generar problemas de salubridad. Se tomó entonces la decisión de incinerarlos, haciendo para uso de un grupo especial de judíos, el llamado Sonderkommando, que fue asesinado después.
A principios de 1943, Himmler visitó el campo y pudo observar un gaseamiento; posteriormente, concedería ascensos a varios oficiales de las SS y la policía y a otros responsables del campo. Respecto del cierre del campo, ordenó la eliminación de todas las huellas y su transformación en almacén de la munición capturada al ejército soviético. Durante este proceso, en octubre de 1943, hubo una rebelión de los trabajadores judíos que terminó con la fuga de varios de ellos, que contactaron con grupos de partisanos. El desmantelamiento final del campo se produjo en diciembre. Casi 2.500.00 judíos murieron en Sobibor.
El tercer campo estuvo en Treblinka. Construido al lado de una vieja cantera, sus orígenes estaban en un campo de trabajo abierto en la primavera de 1941, con el objeto de conseguir materiales para las fortificaciones de la frontera germano-soviética de Polonia. Un año después, en junio de 1942, se empezó a reconvertir en campo de exterminio por parte de las SS, siguiendo las indicaciones del constructor de Sobibor, Richard Thomalla. Contó con tres cámaras de gas, que estaban situadas en una edificación oculta en la zona más elevada del campo, a la que se llegaba desde una estación por una vereda, llamada por las SS el camino hacia el cielo. Los gases provenían de motores diésel. En la parte de atrás, había un grupo de zanjas para sepultar los cadáveres.
Los gaseamientos se iniciaron el 23 de julio. Una media de 5.000 judíos llegaron al día a Treblinka durante las primeras semanas; sin embargo, desde agosto el número aumentó considerablemente, de forma que a finales de mes ya habían sido gaseados un total de 312.000 judíos. Por otro lado, miles de judíos murieron durante los transportes en tren, sin ventilación, sin agua y sin servicios sanitarios, y con un tiempo caluroso. Además, y según el testimonio de un superviviente, Oskar Berger, que llegó al campo el 22 de agosto,
los soldados de las SS, los alemanes y los ucranianos se situaban en los techos de los barracones y disparaban contra la multitud indiscriminadamente. Hombres, mujeres y niños caían sangrando. El aire se llenaba de gritos y llanto.
En los casos de grandes cantidades de judíos llegados, muchos eran fusilados en la zona de recepción; en ocasiones, los trenes debían esperar llenos durante días, hasta que los judíos podían ser llevados a las cámaras de gas, que o bien no daban a basto, o bien se habían estropeado. En el mismo sentido, la excavación de zanjas no podía seguir el ritmo de los asesinatos, y los cuerpos quedaban habitualmente sin enterrar.
Ese mismo mes de agosto, se nombró a Christian Wirth inspector general de los tres campos para que se encargase de racionalizar las operaciones de matanza. Wirth entregó, a su vez, a Franz Stangl, comandante ya en Sobibor, el mando de Treblinka en septiembre. La apariencia externa del campo mejoró, pero las escenas de sadismo y crueldad continuaron. Datos: Yad Vashem.

La incineraciones de cuerpos comenzaron en diciembre, en Chelmno y Belzec, y en abril de 1943, en Treblinka. A finales de julio, con la orden de Himmler de cerrar los campos dado que la inmensa mayoría de los judíos de los guetos habían sido asesinados, ya se habían desenterrado e incinerado unos 700.000 cuerpos sepultados en fosas comunes.
Los cálculos modernos cifran el número de asesinados en los tres campos de la operación Reinhard en 1.700.000.