viernes, 22 de septiembre de 2017

Palacio del Conde Luna, León



El palacio del Conde Luna es un monumento que se encuentra en la ciudad  de León. Situado en la Plaza del Conde, llamada así por el Palacio. Plaza mandada construir por Alfonso XI, a principios del siglo XIV.
Este Palacio-fortaleza, esta situado en el ángulo suroeste de la muralla antigua. Actualmente este trozo de muralla está bastante destrozado y lo tapan las casas construidas, adosadas a ella y con entrada por la calle la Rúa y la del Conde de Rebolledo, no obstante, el cubo del ángulo, bastante bien conservado, se puede observar entre unas casas bajas.
De este viejo Palacio del siglo XIV, construido por Pedro Suárez de Quiñones y su esposa Juana González de Bazán, se conserva el cuerpo central de la fachada, con tres escudos, el central de los Quiñones y los laterales de los Bazán, en su aspecto más primitivo, caracterizado por dibujarse los veros en forma de castillos... Está construido de piedra sillería y tiene cerca de once metros de ancho. La portada es gótica con dintel sobre modillones, un gran arco apuntado cobija el tímpano, y se encuadra en ancho molduraje. Conserva una portada de piedra en estilo mudéjar, del siglo XIV. Hay un amplio balcón a manera de galería de tres arcos llanos, a medio punto, sobre columnas de estilo ramirense, con sus fustes de mármol blanco y los de los extremos estriados en espiral, y así mismo dos capiteles corintios con doble fila de hojas lisas. Sirve para descarga de otro gran arco agudo, que en su tímpano tiene tablero rehundido liso.


Catalina Pimentel, lo amplió construyendo el torreón renacentista de tres pisos, de aparejo almohadillado, hecho en sillería y tableros de pizarra verde. Los antepechos de las ventanas ostentan las arenas de los Quiñones rodeadas de motivos frutales. En este Palacio estuvo muchos años instalado el Tribunal de la Inquisición. Fue declarado Monumento Histórico en el año 1931. Propiedad de la Fundación Octavio Álvarez Carballo.
Acaba de ser restaurado completamente y se utiliza como lugar de exposiciones temporales. Además ha sido cedido parcialmente por el Ayuntamiento de León a la Universidad de Washington, que utiliza el edificio como sede en España, para el aprendizaje del español por parte de sus alumnos.

Palacio del Conde Luna

Condado de Luna
El Condado de Luna, es un título nobiliario Español creado el 22 de febrero de 1462, por el Rey de Castilla Enrique IV, a favor de Diego Fernández de Quiñones, hijo de Pedro Suárez de Quiñones, señor de Luna y Órbigo y de Beatriz de Acuña.
Su denominación hace referencia a la Comarca de Luna, León, aunque sus dominios llegaron a comprender una zona bastante más amplia de la Montaña Occidental Leonesa.

Condado de Luna 1462
El primer miembro de este linaje, que tiene su origen en Quiñones del Río en el Reino de León,​ fue Pedro Álvarez que fue Merino Mayor de Asturias y recibió las Villas de Urdiales del Páramo y Santa María del Páramo, del Rey Sancho IV de Castilla en el año 1285. Se casó con Violante Ponce de León, iniciando así ese proceso de vinculaciones matrimoniales con otros linajes influyentes en el reino, con quien tuvo a Suero Pérez de Quiñones, quien en el año 1353, recibió del Rey Pedro I de Castilla, el Señorío y Gobierno de Barrientos y Posadilla, así como la tenencia del Castillo de Trascastro de Luna y fue nombrado Guarda Mayor y después Adelantado de León y de Asturias en el año 1360.​ Posteriormente, Suero abandonó las filas petristas y apoyó el bando del Infante Enrique, después Enrique II, de quien recibió nuevos cargos y mercedes.​ Falleció en el año 1367, en la Batalla de Nájera.



Suero Pérez de Quiñones y su esposa María Fernández de Mendoza fueron los padres de Pedro, Leonor y de Ares Pérez de Quiñones, este último, Señor de AlcedoPedro, el primogénito, incrementó su patrimonio y dominios gracias a su apoyo a la causa trastámara y las compras realizadas de tierras y propiedades en tierras leonesas.​ Fue Adelantado Mayor de León y de Asturias y Notario Mayor de Castilla. Falleció en el año 1402, sin descendencia de su esposa Juana González de Bazán. En su testamento, otorgado en el año 1398, dispuso que fuera su sobrino, Diego Fernández de Quiñones, hijo de su hermana Leonor y de su esposo el asturiano Diego Fernández Vigil de Aller, quien heredara el Señorío, con tal que tome la voz, apellido y armas del Solar de Quiñones.​ Pedro Suárez de Quiñones y su esposa Juana fueron los responsable de la construcción del Palacio, llamado posteriormente el Palacio del Conde Luna, en la ciudad de León que fue ampliando después por Catalina Pimentel.
Diego Fernández de Quiñones, llamado, el de la buena fortuna, fue nombrado Merino Mayor de Asturias a la muerte de su tío por el Rey Enrique III de Castilla. Contrajo matrimonio con María de Toledo, de quien tuvo varios hijos y en el año 1440, obtuvo el privilegio regio que le permitió fundar cuatro mayorazgos a favor de sus hijos, Pedro, el primogénito, Suero, célebre por haber protagonizado el Paso HonrosoFernando o Hernando, según las fuentes, de quien parte la rama Quiñones de Benavente, y Diego.​ Pedro Suárez de Quiñones, se casó con Beatriz de Acuña y tuvo varios hijos, entre ellos, a Diego Fernández de Quiñones, el primer Conde de Luna.
Diego Fernández de Quiñones (m. 2 de noviembre de 1491), I conde de Luna desde el año 1462, Señor de Luna y su Castillo entre los años 1455 y 1491, Señor de Órbigo y de su Valle. En el año 1466, se apoderó del Alcázar de Oviedo, pretendiendo ser el Señor de Asturias, aunque sin conseguirlo. Murió en su Palacio de Laguna de Negrillos el 2 de noviembre de 1491, a los 56 años de edad.



Torreón del Palacio del Conde Luna en la ciudad de León.


Palacio de los Guzmanes, León

Palacio de los Guzmanes, vista desde el Parque del Cid
Palacio de los Guzmanes 
El palacio de los Guzmanes es un palacio renacentista del siglo XVI, situado en la plaza de San Marcelo junto a la Casa Botines en la ciudad de León. Su traza se debe al maestro Rodrigo Gil de Hontañón, si bien se ocupó de su ejecución Juan de Ribero Rada. A pesar de quedar inconcluso se convirtió en el Palacio más destacado de la ciudad. Ya en el siglo XX, la Diputación Provincial de León se hizo cargo de terminarlo para adecuarlo a sus nuevas funciones, y actualmente alberga las oficinas de la Diputación. Fue declarado Monumento histórico en el año 1963.


Historia. El palacio Renacentista
Fue mandado construir por D. Ramiro Núñez de Guzmán, antiguo líder comunero, sobre los solares que ocupaban las casas señoriales de su linaje. La familia de los Guzmanes era uno de los linajes leoneses más antiguos. A principios del Siglo XVI, eran señores de Guzmán, Aviados, Toral y Valle de Boñar. Asentados en la ciudad eran una de las casas nobles más influyentes y con mayor protagonismo en León, donde estaban introducidos en los órganos de poder local. D. Ramiro quiso aprovechar la situación de sus antiguas casas en una de las zonas principales de la ciudad para edificar un palacio de nueva planta que destacase y se diferenciase del entorno urbano por sus dimensiones y por adoptar la tipología y estética de la arquitectura a lo romano o renacentista. Para ello encargó el diseño de su traza a uno de los maestros más prestigiosos de Castilla en aquella época, Rodrigo Gil de Hontañón. Este diseñó un palacio rectangular con patio central, exento en sus cuatro costados, que precisaba estar enclavado entre calles alineadas de trazado regular y cuya fachada principal debía abrirse a la plaza existente para poder ser contemplado desde ella. En relación a su estructura y distribución interna el edificio tenía que conjugar el ámbito privado como residencia de la familia, con la esfera pública en la cual las partes nobles del palacio eran el reflejo de la categoría y nobleza de sus propietarios.
Inmediatamente el ambicioso proyecto tuvo que enfrentarse a las limitaciones existentes. Los solares disponibles eran de traza irregular al igual que las calles con las que limitaban, y su tamaño menor que el necesario para el nuevo edificio. Este necesitaba incorporar una zona ocupada por un tramo interior de la antigua muralla y por otras edificaciones. En el año 1559, el Consistorio leones autorizó el derribo de los cubos y lienzo de la muralla y la ocupación de ese terreno. Asimismo se le solicitó autorización para la ejecución de diversas obras encaminadas a conseguir la alineación de las calles. Este mismo año se iniciaron las obras. El encargado de su ejecución en calidad de aparejador fue el maestro Juan Ribero de Rada quien realizó aportaciones notables al diseño de Gil de Hontañón. En el año 1566, estaba levantada la fachada principal que da a la actual plaza de San Marcelo. En los años 1586 y 1587, se procedió a la adquisición y derribo de casas particulares para proseguir la obra y para ampliar el espacio de la plaza pública. Se buscaba que el palacio pudiese ser contemplado por entero desde ella como manifestación de la posición dominante que el linaje de los Guzmanes ocupaba en la ciudad. Con este fin se llegó a un acuerdo con el Consistorio para que esos terrenos quedasen en adelante libres de edificaciones y se incorporasen a la plaza existente. A finales del siglo XVI, se interrumpen las obras y el palacio queda incompleto. Se habían levantado dos de las cuatro alas, las que dan a la plaza y a la actual calle Ancha, y el patio central. A pesar de ello era la principal residencia de la ciudad y como tal hospedó en el año 1602, a Felipe III y a Margarita de Austria. Pero en esta centuria el palacio dejará de estar habitado de forma regular al dejar de ser la residencia principal de la familia y comenzará su deterioro. Ya en los años 1654 y 1656, serán necesarias obras de reparación y reformas en los tejados, cornisas y en el patio entre otras. Sin uso continuado hubo que esperar al siglo XIX, para que se empezase a limitar el proceso de decadencia en el que había entrado. En los años 40 de dicho siglo el Gobierno Provincial alquiló parte del edificio para instalar sus oficinas llevándose a cabo reparaciones parciales. Posteriormente en el año 1881, la Diputación Provincial de León compró el edificio a los propietarios de aquel entonces, los condes de Peñaranda de Bracamonte.

Palacio antes de las reformas. Entre los años 1860 y 1886. 
Restauración y conclusión del edificio
Con su adquisición por parte de la Diputación leonesa, se planteó una intervención en el edificio para adecuarlo a sus nuevas funciones y devolverle su primitivo aspecto ya que en los años 1840, el arquitecto Miguel Echano había desmochado las torres quitándolas una planta, cerrado los balcones del segundo piso de estas y apuntalado las ventanas angulares del tercero para garantizar su estabilidad. A lo largo de los siguientes años se sucedieron los proyectos y las reformas marcados siempre por las restricciones económicas. Al igual que ocurría en esa época con la catedral leonesa, la restauración del palacio fue objeto de debate entre las escuela conservadora, que abogaba por que las intervenciones se limitasen a la recuperación de las zonas dañadas produciendo las mínimas alteraciones, y la escuela restauradora que proponía recuperar y completar el palacio bajo el criterio de unidad de estilo, tal y como se suponía lo hubiese concluido Gil de Hontañón.
Las intervenciones más destacadas fueron las siguientes
Hacia el año 1890. Se reforma y termina la escalera claustral. Entre otras se le puso la balaustrada de piedra con que cuenta en la actualidad.


Año 1892. La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando autoriza la reconstrucción de las torres contenidas en el proyecto de Blanch y Pons el cual seguía el modelo de torres palaciegas utilizado por Gil de Hontañón en Salamanca.
Año 1892. A pesar de la oposición de la Diputación se concede la licencia para la construcción de la Casa de Botines delante del palacio. Su promotor, la sociedad Fernández y Andrés, Mariano Andrés y Simón Fernández, había comprado la parcela a los Duques de Uceda y Condes de Peñaranda de Bracamonte en el año 1886.


Año 1930. Se instala el sistema de calefacción.
En los años 1960-1970, se completa el edificio. La necesidad de ampliar el espacio disponible dadas los nuevos servicios encomendados en aquellos años a la Diputación, y el clima propicio a las tesis historicistas más intervencionistas en la conservación de los edificios históricos, favorecen la aprobación del proyecto presentado por el arquitecto Felipe Moreno Medrano, proyecto que fue aprobado por la Dirección General de Bellas Artes. En él se contemplaba la ampliación y conclusión del Palacio dejándole exento por los cuatro costados lo que hizo necesario el derribo de casas colindantes existentes en las actuales calles Cid y Ruiz de Salazar. Las obras, que se realizaron a partir del año 1975, consistieron en la construcción de las fachadas norte y terminación de la del este siguiendo el diseño de las existentes, la elevación del cuarto piso de las torres y la modificación de la práctica totalidad de las dependencias interiores.


Descripción
El palacio tiene planta trapezoidal articulada en torno a un patio interior y esta torreado en sus cuatro esquinas. Su fachada principal tiene un marcado desarrollo horizontal, es de tres alturas separadas por impostas, la inferior tiene ventanas enrejadas, el cuerpo central tiene balcones de los cuales los cercanos a la portada y los situados en las esquinas se coronan con frontones triangulares y semicirculares, y el superior presenta una galería que recorre la fachada hasta las torres formada por arcos de medio punto separados por pilastras corintias. Sobre estas y sobresaliendo de la cornisa se disponen un conjunto de gárgolas.


Las torres tienen una altura más, la última reconstruida en la restauración del año 1975, buscando devolverles el aspecto que tuvieron antes de ser desmochadas en el año 1840. Tres de ellas lucen ventanas angulares y la suroeste lleva adosada una escalera de caracol. La fachada sur que da a la calle Ancha es de estilo más clasicista. Se relaciona con Juan del Ribero Rada al que también se le atribuyen las ventanas angulares de la torre sudeste decoradas con pilastras dóricas y columnas jónicas y corintias, y la portada abierta a la calle del Cid.


La portada principal se abre descentrada siguiendo la tradición medieval hispana. Su diseño es característico del estilo de Rodrigo Gil de Hontañón. Formada por un arco de medio punto, está enmarcada por columnas jónicas sobre las que se apoya el entablamento que sustenta un balcón rematado por un frontón triangular decorado. A sus lados siguiendo la vertical de las columnas, dos guerreros portan los escudos de armas de la familia.


Atravesando el zaguán se accede al patio columnado. Es de dos plantas, la baja formada por arcos escarzanos apoyados en columnas jónicas que presentan la particularidad de que sus capiteles se muestran de perfil. La superior tiene arcos carpaneles sobre columnas corintias.


 Entre estas los antepechos están labrados con los escudos de los Guzmanes. Los huecos se cubren con vidrieras. Rematan el conjunto gárgolas al igual que en la fachada. En cuanto a su autoría su atribución es dudosa descartándose que se deba a Gil de Hontañón.


En la zona sur del patio se sitúa la escalera claustral de tres tramos sobre bóvedas rampantes. Aunque su estructura es de la época de construcción del edificio lo que podemos ver debe su aspecto a las restauraciones de los siglos XIX y XX. Respecto a las dependencias interiores han sido totalmente modificadas en las sucesivas obras llevadas a cabo en los pasados siglos.


 De los elementos originales ha sobrevivido la chimenea basada en modelos de Serlio que preside el salón principal. La decoración actual a base de cuadros, tapices y vidrieras de temas alegóricos de la historia leonesa corresponde a la etapa en que la Diputación se ha hecho cargo del edificio.




Palacio de los Guzmanes, vista de noche