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viernes, 2 de marzo de 2018

Astorga León " 2ª Parte "


Religión
La influencia religiosa siempre ha estado presente en el devenir histórico de la ciudad. No se conoce mención alguna en el territorio astorgano de deidades indígenas y tampoco aparecen en la propia ciudad, por su origen campamental romano, pero puede constatarse la presencia del dios Caraedudi en la localidad de Cuevas, junto a Celada de la Vega,​ así como la existencia de una placa dedicada a Marti Tileno, que se encontró en Quintana del Marco.
 Paganismo
Con la instalación del campamento romano fueron acogidos, en el plano de lo religioso, tanto los dioses romanos como los griegos, así se tiene noticia del culto en la ciudad a los siguientes Dioses Romanos y Griegos.
Marte
 Puesto que era el dios de la guerra que ayudaba al campamento. En Astorga se lo conocía además como Gradivo, el Dios que también hace crecer la cosecha y como Sagato, en alusión al sagum o capa de campaña que usaban los soldados.
Mercurio
 Dios del comercio y los caminos. En Astorga solo se ha encontrado una representación suya, en un camino secundario que va desde esta ciudad a las minas de oro de Las Médulas.
Culto al Emperador y Culto a la Emperatriz
 Es natural que existiesen estos cultos, ya que se trataba de la capital del Convento Jurídico, en la que habitaba un gran número de funcionarios.
Iulia Domna
 A quien se considera y se respeta como madre del Emperador, madre del Senado, del Campamento y de la Patria. Este Culto se consumaba a través de las Diosas Minerva y Juno.​
Proserpina
 Hija de Ceres, conocida en Astorga con el Título de Invicta.​
Apolo
 Dios Protector del Emperador, en Astorga se le relaciona con Granno, Dios Celta cuyo nombre significa Granate, " brillante como la grana " o " reluciente como el sol ". Este Dios tenía un Santuario en Tréveris.​
Han sido halladas también representaciones del dios Esculapio y su hijo Telesphoros, relacionados con la Medicina y las Curaciones.
Dioses Orientales
Como consecuencia de su condición de Capital de Convento Jurídico y lugar donde vivían los Funcionarios Superiores de la Administración Imperial, aparecieron a finales del Siglo II y principios del Siglo III, dedicaciones o consagraciones a los Dioses Orientales. Estos se introdujeron en Roma a partir de los Severos, por influencia de los altos cargos imperiales procedentes de oriente, como Ioul o Silvanos Melanion, que traían consigo una religión importada con sus dioses, a veces la inscripción de dedicación está escrita en idioma griego.
Isis
 Que se muestra con el apelativo griego de Myronimo " mil nombres ", en referencia a sus atributos de protectora de la tierra, productora de alimentos, patrona de los partos y de la salud de la mujer.​
Mitra
 Dios del Sol de origen persa, absorbido por el Imperio romano. Se encontró en Astorga una inscripción que decía " Invicto Deo " y otra con " Soli Invicto ", ambas en alusión a este Dios.
Serapis
 Dios Egipcio, aparece en algunos casos formando pareja con Isis. Es el Dios de la salud, a quien se le atribuyen poderes curativos y al que se le dedicaban amuletos y exvotos.​


Cristianismo y Sede Episcopal, Diócesis de Astorga y Obispos de Astorga.
Hasta la llegada del cristianismo la religión había sido politeísta. Con el cristianismo, se pasó al monoteísmo y a la construcción de iglesias dedicadas a santos, que fueron muy venerados en la época, como san Martín, san Acisclo, san Cristóbal o santa Marta. Se tiene constancia de que al Concilio de Elvira, que se celebró entre el año 295 y 314, en el que participaron 37 Obispos de la Península, asistió Decencio, Obispo de León, que por entonces formaba Sede Episcopal en unión con Astorga, una de las más antiguas de la Hispania Cristiana.​ Después del Edicto de Milán en en el año 313, se consideró que la Ciudad de León estaba muy influida por la Doctrina Mitraica, popular entre los soldados, debido a su carácter de lugar militar, y la sede pasó a ubicarse exclusivamente en Astorga. Esta había perdido en aquellos momentos toda influencia política porque el Emperador Diocleciano había hecho una nueva división de provincias y Astorga había dejado de ser Capital del Convento Jurídico,​ el traslado de la Diócesis favoreció a la ciudad, que con este motivo siguió manteniendo su distinción aunque esta vez en el campo religioso. Las noticias y referencias que se conservan en diferentes documentos aportan conocimiento sobre la existencia de los sucesivos Obispos de la Diócesis de Astorga a partir del año 380, en el qué Simposio acudió al primer Concilio de Zaragoza.​ Se sabe de la presencia de los Obispos Astorganos en los distintos Concilios de Toledo, al primero de los cuales acudió Dictino. Uno de los temas tratados en este Concilio fue el de las iglesias rurales, su mantenimiento y su culto, muchas de estas iglesias sobrevivieron gracias a su conversión en ermitas y santuarios medievales de la diócesis, como ocurrió con la Ermita de la Virgen de Castrotierra, que además tiene su enclave en un antiguo asentamiento de la Edad de Hierro. Aparte de la documentación de los concilios citados, se cuenta con la Crónica de Hidacio, para saber de la existencia de Obispos Astorganos durante todo el Siglo V. Durante el Episcopado del Obispo Santo Toribio, del año 440 al 480, tuvo lugar la invasión de los Suevos, Vándalos y Alanos y las acometidas visigodas con la consecuente destrucción de las iglesias astorganas.​ También en este tiempo y durante la potestad del Obispo Toribio surgió en Astorga la Herejía Maniquea, tema tratado en el Concilium Asturicense del año 456, durante el mandato de dicho Obispo​ y más tarde, hacia el año 585, se extendió el arrianismo hasta la conversión de Recaredo al cristianismo en el año 589, en el III Concilio de Toledo, cuando estaba Talasio como Obispo de Astorga. En los sucesivos Concilios Toledanos hubo siempre una representación del Obispado Astorgano, hasta llegar al Concilio XVI en el año 693. En la Edad Media hubo una reestructuración de la Diócesis. Durante la época de la repoblación se activó la vida cristiana y aparecieron dentro de la ciudad una serie de iglesias y de monasterios entre los que destacaron el de San Cristóbal, San Julián y Santa Basilisa, San Acisclo, San Salvador, Santo Tomé, San Martín, San Isidoro y San Pedro.​ Fuera de la ciudad se fundó el Monasterio de San Dictino. En el Siglo XI, se construyeron la Catedral de Santa María, varias iglesias y el Hospital de San Juan Bautista, y fuera de la ciudad más iglesias, el Monasterio de Santa Clara y el Hospital de Santo Tomás Cantuariense o de Canterbury.  
La Ciudad Antigua
El urbanismo de Astorga ha estado condicionado históricamente por la orografía del terreno, con el asentamiento desde época antigua en lo alto de un espigón natural. Tras el fin de las guerras cántabras y la conversión del campamento militar en núcleo urbano, la ciudad disfrutó de un periodo de crecimiento gracias al desarrollo de la actividad minera, cuyo auge se produjo entre los Siglos I y III. Esto propició que fuese sede del Concilium, del Culto Imperial y del Convento Asturicense. La ciudad se extendía en un espacio de 26 hectáreas limitado por una muralla de más de dos kilómetros de longitud. La forma del recinto no era rectangular debido a un estrechamiento del espigón en su esquina meridional, por lo que en esta última el trazado adoptó una forma triangular y fue donde se situó el foro, se erigieron edificios públicos, se pavimentaron las calles, algunas con pórtico y se construyó una red de alcantarillado así como una rica arquitectura doméstica. A todo ello, hacia el Siglo III, se añadió su papel como Sede Episcopal, algo que marcó la vida de la ciudad en los Siglos posteriores. ​Con la Caída del Imperio Romano, Astorga, al igual que muchos otros núcleos urbanos, sufrió un periodo de declive que perduró hasta la Alta Edad Media, momento en el cual comenzó su recuperación. Por entonces, el núcleo urbano todavía encerrado tras sus murallas presentaba casas cubiertas de paja y teja sobre el antiguo trazado romano.
La Ciudad Medieval
En el Siglo IX, la política repobladora de Ordoño I, provocó un aumento de población durante varias décadas, surgieron nuevos barrios y se roturaron los terrenos próximos a la ciudad. Durante los Siglos XII y XIII, las nuevas iglesias fueron sustituyendo a los antiguos monasterios altomedievales, que empezaban a desaparecer. Dos factores determinantes para la ciudad en el periodo medieval fueron, por un lado, la contribución de la población judía, que erigió una sinagoga, una cisterna y un cementerio,​ y por otro, el desarrollo del Camino de Santiago, que favoreció la construcción de hospitales. El aspecto urbano era el de edificaciones contiguas entre callejas, solares, huertos y recintos religiosos, las casas se componían en pleno Siglo XII, de corral, lagar, bodega, panera, palomar y huerto. ​La construcción de edificios religiosos continuó durante los Siglos posteriores, así se contabilizaban hasta ocho iglesias del Siglo XV, de las cuales posteriormente desaparecieron varias, como las de San Dictino o San Feliz. Con los monasterios sucedió algo similar y además de los más antiguos, desaparecieron el de San Martín y el de San Francisco. Por otra parte se erigieron varias capillas sufragadas por gremios, como San Esteban, San Adrián, San Felipe Neri o San Pedro, y numerosos hospitales debido al desarrollo del camino jacobeo. Además, desde el año 1471, comenzó a construirse la nueva Catedral.


La Ciudad Moderna
A finales del Siglo XVII, Manuel de la Lastra trazó el espacio de la plaza Mayor y construyó el edificio del Ayuntamiento, donde pasaron a realizarse las sesiones del Concejo, que hasta entonces se resolvían en el atrio de la iglesia de San Bartolomé, como era corriente en los Concejos Leoneses.​ En el Siglo XVIII, la ciudad estaba conformada por cuatro parroquias, San Bartolomé, San Miguel, San Julián y Santa Marta y fuera de la muralla permanecían los arrabales de San Andrés, Puerta de Rey y Rectivía. Las comunicaciones con otros puntos de la península se limitaban a caminos carreteros, en distinto estado de conservación, y varios autores, como Antonio Ponz y Alexandre Laborde, se lamentaban entre los años 1787 y 1807 del estado de sus calles, su irregularidad y la poca limpieza.
La Ciudad Contemporánea
Tras la finalización de la Guerra de la Independencia, cuyas consecuencias sufrió directamente, Astorga comenzó su recuperación gracias a la actividad comercial e industrial, especialmente con el desarrollo de la industria chocolatera. En los últimos años del Siglo la ciudad inició su expansión, hasta entonces escasa fuera del recinto amurallado, el 19 de febrero de 1866, llegó el ferrocarril con la puesta en marcha del tramo León-Astorga, y el 1 de julio de 1898, se abrió la línea Astorga-Plasencia. Esta doble conexión por ferrocarril provocó el crecimiento de los barrios de San Andrés y Puerta de Rey, mientras que la unión entre la carretera Madrid-La Coruña y la de León favoreció al resto de la ciudad. Este desarrollo se vio acompañado de la inauguración de la traída de aguas en el año 1889, previamente existió otro proyecto, entre los años 1782-1787, llamado  " Viaje de Aguas " que terminaba con la necesidad de acudir al manantial de Fuente Encalada, y la instalación en el año 1897, del alumbrado eléctrico. ​Ya en el Siglo XX, concretamente en el año 1924, se inauguró el cuartel militar de Santocildes. En el segundo cuarto de Siglo el casco urbano creció hacia el norte y el oeste pero la Guerra Civil ralentizó este desarrollo. Ejemplos del crecimiento a lo largo de las décadas siguientes son las zonas de Santa Clara, Manjarín, Candelas, Cuatro Caminos o la carretera de Pandorado. En el año 1996, se inauguraron dos espacios verdes, hasta entonces escasos en el casco urbano, con la transformación de La Eragudina en jardín y la conversión de El Melgar en área de esparcimiento. Desde 1985 existe un Plan Integral de Protección de Edificios declarados Bien de Interés Cultural, otro de defensa de fachadas y un tercero de recuperación de elementos singulares. Gracias a los mismos, se han rehabilitado espacios como el Aljibe, la Plaza de la Culebra o la Plaza Romana, y se ha llevado a cabo la peatonalización del llamado Eje Monumental, entre Puerta Sol y la Plaza Eduardo de Castro.
Patrimonio Histórico-Artístico
En la arquitectura de Astorga ha quedado plasmada la huella de los moradores que han habitado la ciudad y sus alrededores a lo largo de los Siglos, con una riqueza monumental muy importante tanto en edificios religiosos como civiles, con ejemplos romanos, románicos, góticos, renacentistas, barrocos y modernistas. El municipio cuenta con siete declaraciones de Bien de Interés Cultural, en la categoría de Conjuntos Históricos están el de la propia Astorga y el de Castrillo de los Polvazares, y en la categoría de Monumentos se encuentran el Entorno del Palacio Episcopal, la Catedral de Santa María Monumento Nacional desde el año 1931, la Ergástula Romana, el Palacio Episcopal y el Ayuntamiento.


Ruta Romana
Las primeras excavaciones tuvieron lugar en el año 1835, pero no fue hasta la década de los años cuarenta cuando, de la mano de José María Luengo, cobraron mayor relevancia. Los trabajos han continuado desde finales del Siglo XX, lo que ha dado origen a una ruta que permite visitar diversos restos de su pasado romano conservados en el subsuelo de la ciudad.​ Los hallazgos más destacados corresponden al ámbito público, así se conservan dos conjuntos termales, Termas Mayores y Termas Menores y la red de cloacas, todavía en uso, en el foro se encuentran el Aedes Augusti, Templo dedicado al Culto Imperial, y la Ergástula, galería o criptopórtico sobre la que se instaló el Museo Romano. Respecto al ámbito privado, se conserva la llamada Domus del Mosaico del Oso y los pájaros, vivienda que sigue el tradicional esquema de las Domus Romanas y que representa una de las construcciones más características de la época romana en la ciudad. Correspondiente también al legado romano es la muralla. La primera defensa con la que contó el núcleo romano, fue el foso del campamento en el que se asentó la Legio X Gemina, fechado años antes del cambio de era. Se trata de dos trincheras con forma de V a las que acompañarían un terraplén y una empalizada de madera. Más tarde, en el Siglo I, se levantó un primer recinto amurallado, con torres circulares, y en el Siglo III, se rodeó por completo el cerro sobre el que se ubica el casco antiguo con una nueva muralla.​ Está de algo más de dos kilómetros de trazado y de forma casi rectangular, contaba con 27 cubos semicirculares separados cada uno entre sí por unos 16 metros y fue reaprovechada en la época medieval. En el Siglo XIX, los sucesos acaecidos durante la Guerra de la Independencia provocaron varios destrozos en la cerca y posteriormente se derribaron casi en su totalidad los lienzos norte y sur, así como numerosos cubos del lienzo oeste. No queda ningún resto de las antiguas puertas, aunque se conservan en la nomenclatura callejera, Puerta Obispo, Puerta del Rey, El Postigo, Puerta del Sol, y Puerta de San Miguel.
Catedral
El origen de la Catedral, dedicada a Santa María, se remonta al año 1069, cuando un primer templo fue consagrado por el Obispo Pedro Núñez. Posteriormente fue reconstruida en el año 1087, bajo el Obispo Osmundo y en el Siglo XIII, siendo Obispo Pedro Fernández. Esta última reedificación fue la base para la definitiva ampliación, que comenzó en el año 1471. Desde ese momento las obras se prolongaron hasta el Siglo XVIII, motivo por el cual en su traza se conjugan elementos góticos, renacentistas y barrocos.​ El templo presenta planta rectangular, cabecera de tres ábsides, tres naves y falso crucero, a ambos lados de la fachada principal se erigen dos torres. La primera parte del edificio, de traza gótica, se levantó a finales del Siglo XV y primer tercio del XVI. A lo largo de este último dirigieron las obras Francisco de Colonia, Juan Gil de Hontañón y Rodrigo Gil de Hontañón, quien aportó los elementos renacentistas presentes especialmente en el crucero y la puerta sureste. A finales del Siglo XVII, se inició la fachada principal, el conjunto de la misma que está en estilo barroco churrigueresco, con tres puertas bajo arco y flanqueada por dos torres, se organiza a modo de retablo pétreo, con abundante decoración a lo largo de la misma. De estas, la  torre izquierda data del año 1678, pero se vio afectada por el terremoto de Lisboa del año 1755, primero y por la Guerra de la Independencia después, motivo por el cual no se finalizó hasta el año 1965, y la torre derecha se inició en el año 1692, y se terminó en el año 1704.​ También en el exterior, sobre una de las torretas que coronan la cabecera, se encuentra la estatua de Pedro Mato, personaje legendario vinculado a la batalla de Clavijo. En el interior, además del coro con sillería del Siglo XVI y reja del XVII, se distribuyen las distintas capillas, siete en los laterales de las tres naves, tres en la cabecera, una en cada brazo del falso crucero y dos más en la base de cada una de las torres. De todas ellas destacan especialmente la capilla de Nuestra Señora de la Majestad, en cuyo retablo se encuentra la imagen de la Virgen de la Majestad, del Siglo XII, la Capilla Mayor, en la que se encuentra el retablo de estilo renacentista obra de Gaspar Becerra y la capilla del retablo de San Miguel, ejemplo del arte hispano-flamenco del Siglo XVI. También forman parte del conjunto catedralicio la cripta, construida en el año 1521, debajo del presbiterio para ser panteón de los Marqueses de Astorga,​ el claustro, de estilo neoclásico del año 1755,  que consta de cinco arcadas en cada ala unidas por pilastras jónicas, la sacristía del año 1772 y en la que destaca un altar-relicario en estilo rococó las dependencias del Museo Diocesano y el Archivo Diocesano.


Palacio Episcopal
Tras el incendio del año 1886, en el que se quemó el antiguo Palacio Episcopal, el Obispo Joan Baptista Grau i Vallespinós encargó el proyecto de un nuevo Palacio al arquitecto modernista Antoni Gaudí, con quien el Obispo mantenía una vieja amistad. Las obras se iniciaron en el año 1889, pero tras el fallecimiento del Obispo en el año 1893, Gaudí renunció a la dirección de la obra por desavenencias con el Cabildo, cuando todavía faltaban por construir el segundo piso y el ático. Le sucedieron, sin éxito, los arquitectos Francisco Blanch y Pons y Manuel Hernández Álvarez-Reyero, hasta que con Julián de Diego y Alcolea como Obispo se nombró como nuevo director del proyecto a Ricardo García Guereta, que concluyó el edificio en el año 1913.​ Durante la Guerra Civil Española, sirvió de cuartel y sede de la Falange, y tanto en el año 1943 como en el año 1956, el edificio sufrió diversas reparaciones con la intención de convertirlo en residencia del Obispo. Esta función nunca llegó a consumarse, y bajo los Pontificados de Marcelo González Martín y Antonio Briva Miravent se promovió el edificio como Museo de los Caminos, inaugurado en el año 1963. El Palacio, construido en granito gris procedente de El Bierzo, sigue los cánones historicistas de la arquitectura de finales del Siglo XIX y principios del XX, en este caso en estilo neogótico y presenta planta de cruz latina y cuatro fachadas, con cuatro torres en cada uno de sus ángulos. La pretensión inicial fue la de conjugar en el mismo edificio las características de un Castillo y Palacio de ahí la incorporación, por ejemplo, de un foso. La entrada es un pórtico con tres arcos abocinados, separados entre sí por contrafuertes inclinados, que se remata con un frontón. Gaudí había proyectado coronar la fachada con un ángel de cinco metros de altura pero finalmente no se llevó a cabo esta idea.​ La parte posterior presenta un ábside, correspondiente a la capilla, que se rodea de tres pequeños absidiolos. La planta baja contiene un gran vestíbulo, del que parte la escalera noble, cuya altura permite la apertura de ventanas triangulares que proporcionan una gran luminosidad, esquema ya utilizado por Gaudí en el Palacio Güell​ y que se repite en otras estancias del Palacio Episcopal como el despacho, el salón del trono, el comedor o el dormitorio. La estructura del edificio se sustenta en pilares con capiteles decorados y en bóvedas de crucería sobre arcos ojivales de cerámica vidriada. En los exteriores se conservan las figuras de tres ángeles, con los correspondientes atributos episcopales, mitra, pectoral y báculo, que fueron diseñados por Gaudí como remate de la cubierta pero que nunca llegaron a ocupar ese lugar.


Ayuntamiento
La construcción del edificio del ayuntamiento comenzó en el año 1683, según el proyecto de Francisco de La Lastra y se terminó en el año 1703. Posteriormente se añadieron los balcones (1730, Francisco García Casella), los remates de las torres laterales (1739, José Álvarez de la Viña) y la espadaña central (1748, Domingo Martínez), que sirvió para alojar el reloj y las campanas, la mayor de las cuales está acompañada de dos muñecos vestidos de maragatos, llamados Juan Zancuda y Colasa, que marcan las horas golpeándola con un mazo.​ Se trata de una fachada en tres plantas, con el eje de simetría en el arco de medio punto que da acceso al edificio, la espadaña y el escudo real. En el conjunto escultórico destacan los elementos que hacen la función de gárgolas y los escudos de la ciudad y de los Marqueses de Astorga en la torre derecha e izquierda respectivamente.​ En su interior sobresale el salón de plenos, presidido por varias lápidas conmemorativas, que recuerdan unas a personajes ilustres como Manuel García Prieto, Pío Gullón Iglesias, Lope María Blanco de Cela, Manuel Gullón y García Prieto y Marcelo Macías, y otras las fechas más destacadas de la Historia de la Ciudad. El edificio fue rehabilitado en el año 1987, por Andrés Lozano. La ciudad cuenta con otros edificios de interés cultural y arquitectónico ubicados, principalmente, en el casco antiguo. Entre ellos destacan el Santuario de Fátima, antiguamente llamado iglesia de San Julián, de cuyo origen románico conserva cuatro capiteles en la portada, la iglesia de San Bartolomé, también iniciada en el románico, con reformas posteriores y decoración interior barroca, en cuyo atrio se celebraban los concejos hasta la construcción del edificio del Ayuntamiento, la iglesia de Santa Marta, dedicada a la Patrona de la ciudad, que se levantó en el año 1741, sobre una iglesia anterior con fachada de rasgos neoclásicos e interior barroco, el Convento de Santa Clara, que vivió momentos difíciles en el año 1810, durante los sitios de Astorga, cuando el General José María de Santocildes se hizo fuerte entre sus muros ante el ataque de las tropas francesas, pero que en el año 1816, acogió de nuevo a la comunidad, a la que no le afectaron las disposiciones de la desamortización por dedicarse a la enseñanza,​ la iglesia y convento de San Francisco, del Siglo XIII, sobre el cual los Padres Redentoristas construyeron un nuevo edificio, de ahí que el convento original entra a engrosar el patrimonio perdido de la ciudad,​ y el Convento de Sancti Spíritus data del Siglo XVI, en el interior de la iglesia presenta decoración barroca. De carácter religioso son también el Seminario Mayor, obra del año 1756, con fachada de tres alturas y trazas herrerianas, que cuenta con tres claustros cerrados y capilla neoclásica, la iglesia de Santa Colomba de Puerta de Rey, ubicada desde el Siglo XVII, aunque el edificio existente es fruto de numerosas reformas posteriores, en las cercanías del desaparecido Convento de San Dictino, la capilla de la Vera Cruz, del Siglo XV, pero reconstruida en el año 1816, la iglesia de San Pedro de Rectivía, surgida a la vera del Camino de Santiago, que presenta traza moderna y fachada cubierta de mosaicos instalados en los años noventa,​ y la iglesia de San Andrés, construida en ladrillo a principios del Siglo XX, por Hernández Álvarez-Reyero, influenciado por Gaudí, según las pautas de la arquitectura historicista, con trazas de estética gótica, y que alberga en su interior un retablo barroco de la desaparecida iglesia de San Miguel. Otra de las edificaciones erigidas bajo influencia modernista es la Casa Granell, construida entre los años 1910 y 1915, por Antonio Palacios Ramilo, autor entre otras obras, del Palacio de Comunicaciones de Madrid, por encargo de un empresario chocolatero. Otras construcciones de interés son el Hospital de las Cinco Llagas, que fue uno de los hospitales de peregrinos más importantes de la ciudad, sus orígenes se remontan al Siglo XI, y sobre el cual se construyó un edificio en el Siglo XVIII, del que tan solo se conserva la portada,​ y la Celda de las Emparedadas, pequeño espacio entre la capilla de San Esteban y la iglesia de Santa Marta que utilizaron en la Edad Media las mujeres que se emparedaban toda su vida por penitencia, cuenta con una ventana enrejada que permitía la claridad y sobre ella se lee la inscripción " acuérdate de mi condición, pues esta será la tuya. yo ayer, tu hoy ".


Patrimonio perdido
Hubo en Astorga, tanto en el interior de la ciudad como en las afueras, un gran número de conventos y de hospitales o albergues para peregrinos debido a la importancia que tuvo no solo como lugar de paso hacia Santiago de Compostela sino como encrucijada de caminos. La mayoría de estos edificios ha desaparecido no quedando ni el recuerdo de un vestigio, tan solo la seguridad de que existieron gracias a las descripciones y documentos que hablan de ellos. En el año 1872, también desapareció el castillo, morada de los Marqueses de Astorga, dejando únicamente el rastro del nombre de una calle, calle del Castillo. La documentación histórica con que los estudiosos han podido tener noticia del patrimonio desaparecido se debe a las crónicas escritas por viajeros e historiadores de uno u otro campo que desde el Siglo XVI al XX, se ocuparon de perpetuar hechos y curiosidades sobre la ciudad. Ofrecen además fuentes fidedignas los archivos que conservan las cofradías y algunos conventos incluso de otras poblaciones, así como el archivo de la Catedral de León, con abundantes legajos informativos.​ No apoyan sin embargo los datos las posibles referencias que habrían proporcionado los archivos, Municipal y Catedralicio, destruidos o desaparecidos durante la Guerra de la Independencia Española, las desamortizaciones y la Guerra Civil Española, y que también forman parte del patrimonio perdido.


Encrucijada de Caminos
Debido a su situación y devenir histórico, Astorga es desde época antigua un enclave de encuentro y partida de caminos, de trasiego de pueblos y culturas.​ Durante la época romana estuvo conectada con las principales ciudades del momento a través de varias vías de comunicación. Ya en las llamadas tablas de Astorga del Siglo III,​ aparecen citadas diversas rutas en las que se menciona Asturica. También en el Siglo III, el Itinerario de Antonino señala el entramado de comunicaciones que unían la ciudad con Bracara Augusta - Braga, Lucus Augusti - Lugo, Augusta Emerita - Mérida o Caesaraugusta - Zaragoza, prácticamente hacia los cuatro puntos cardinales de la provincia Tarraconense, y por el cual transitaban las tropas, los viajeros y se transportaban los productos, principalmente el oro de Las Médulas. ​Desde el sur, la llamada vía de la Plata unía Mérida con Astorga, Iter ab Emeritam Asturica y Siglos después, coincidiría en algunos puntos con la Cañada Real de la Vizana, por la cual se desplazaban los rebaños trashumantes en su viaje desde Extremadura hacia las montañas leonesas.​ Actualmente, forma parte de una de las principales vías de comunicación que vertebran el occidente español, entre Gijón y Sevilla, a través de la N-630 y la autovía Ruta de la Plata / autopista Ruta de la Plata, diversas instituciones fomentan este eje como ruta turística con la denominación de Ruta de la Plata,​ lo que ha generado disensiones, puesto que la evidencia histórica define su recorrido exclusivamente entre Mérida y Astorga, y la Asociación de Pueblos de la Vía de la Plata, presidida por la alcaldía de Astorga, lleva a cabo desde el año 2006, acciones de protesta contra la extensión artificial de la Vía. ​Hacia el este, la calzada que unía Asturica con Legio, y que luego continuaba hacia Caesaraugusta, fue utilizada como Camino de Santiago, y pasó a ser la base de la actual N-120. Por su parte, hacia el oeste, la calzada hacia Lucus Augusti y Gallaecia también se convertiría, Siglos después, en un tramo del Camino de Santiago que, saliendo de Astorga, atraviesa Foncebadón, Ponferrada y Villafranca del Bierzo, entre otros lugares.​ Alrededor de estas rutas principales se fueron tejiendo otros caminos como los de la arriería o los de las razzias, utilizados tanto por los musulmanes Tarik, Muza o Almanzor como por las tropas francesas durante la Guerra de la Independencia Española. Todos ellos tuvieron siempre una circulación que les dio vida y que contribuyó al intercambio de gentes y culturas, así como a la introducción de los diferentes estilos artísticos. Actualmente, Astorga recoge la historia de alguna de estas vías de comunicación en el Museo de los Caminos, creado en el año 1962.
Camino de Santiago
De las distintas rutas de peregrinación a Santiago de Compostela, la más utilizada y conocida desde la Edad Media es el Camino Francés. Su recorrido llega a Astorga desde la localidad de San Justo de la Vega, entrando en la ciudad por la antigua puerta del Sol, hoy desaparecida. El caminante sigue por San Francisco, antigua calle de las Tiendas, plaza Mayor, Pío Gullón, antes Rua Nueva, Santiago Crespo, Santiago, antiguamente Caleya Yerma, y desemboca frente al Palacio Episcopal, la iglesia de Santa Marta y la Catedral. Desde allí, el peregrino continúa por Leopoldo Panero, San Pedro, para llegar a la iglesia de San Pedro, de construcción moderna y ya en el arrabal de Rectivía. Cruzando la N-VI, el camino sigue hacia el puerto de Foncebadón. Durante la Edad Media, la ciudad contaba con un buen número de albergues u hospitales para los peregrinos. Alguno, como el Hospital de San Juan Bautista, en el que según la tradición pasó unos días de convalecencia San Francisco, dio lugar a una institución moderna benéfico-asistencial, pero la mayoría de ellos fueron desapareciendo a lo largo de los Siglos, no quedando más que su recuerdo y alguna descripción del inmueble y su historia en la documentación conservada. Hasta finales de los años ochenta, los peregrinos encontraban refugio y hospedería gracias a la congregación de los Hermanos de Nuestra Señora de Lourdes,​ pero desde entonces dichos servicios son atendidos, por un lado por la Asociación de Amigos del Camino de Santiago de Astorga,​ que después de ofrecer su asistencia en varias sedes mantiene desde el año 2006, el albergue Siervas de María, con un total de 162 plazas,​ y por otro lado por el albergue San Javier, abierto en el año 2003, y gestionado por la Asociación Cultural Vía de la Plata, que ofrece 95 plazas.​ La Asociación de Amigos recibió en el año 2007, de manos de la Junta de Galicia, el premio Elías Valiña, que reconoce la labor promocional de las rutas jacobeas,​ y en el año 2010, para conmemorar el Año Santo Jacobeo, llevó a cabo la iniciativa retrato peregrino, a través de la cual recogió en una página web un retrato fotográfico de los peregrinos que pasaron por el albergue ese año.
Lengua
El idioma hablado en el municipio es el español o castellano, pero hasta el Siglo XX perviven en el habla cotidiana, tanto de Astorga y su entorno como de Maragatería, numerosas formas provenientes del leonés que pertenecían a la variante Occidental del Asturleonés.​ Fonéticamente, algunos de los principales rasgos eran la diptongación de /o/ y /e/, la conservación de los diptongos decrecientes, la inflexión de la vocal tónica, la sustitución de la /o/ final por la /u/ o la conservación de la /f-/ inicial latina. En aspectos morfológicos, destacaba la escasez de prefijos, y por el contrario, la abundancia de sufijos, especialmente los diminutivos, y en cuanto a su sistema verbal, la carencia de tiempos compuestos y la colocación de los pronombres personales detrás del verbo. ​En los últimos años diversos colectivos como La Caleya y Faceira, han llevado a cabo labores de defensa y promoción del Patrimonio Lingüístico Leonés mediante distintas actividades, como la organización de cursos de lengua leonesa, charlas divulgativas o certámenes literarios.​ 
Indumentaria Tradicional
Una parte importante del folclore maragato es su indumentaria tradicional. El traje típico de arriero, en uso durante los Siglos XVIII, XIX y principios del XX, es notable entre el vestuario tradicional por mantenerse su uso diario hasta una fecha tardía, se categoriza entre los trajes de oficio, pues es el que vestían al viajar, y se caracteriza por ser muy funcional, con materiales y formas que protegían de la intemperie y facilitaban la actividad arriera, y por evolucionar muy poco con el paso del tiempo, resultando totalmente diferente a los trajes del resto de Comarcas Leonesas, al contrario que el femenino, que progresivamente ha perdido variedad y singularidad. ​El traje masculino estaba formado por camisa, chaleco, almilla, bragas o calzones, cinto para días festivos y el baile, bordado según la categoría social, polainas, zapatos, sombrero y capa. Algunas de estas prendas, como la almilla o las bragas parecen remontarse al Siglo XVI o XVII, según distintos autores, ​ estas últimas presentan cierta singularidad respecto a las usadas en otras comarcas de España por ser del tipo calzón ancho o bombacho, encontrando únicamente parecido en el traje típico de Mallorca. ​El traje femenino es una evolución del traje antiguo, influenciado por la indumentaria de zonas limítrofes y carente de la originalidad del vestuario masculino, pero que conserva una gran riqueza en cuanto a prendas y complementos se refiere. Lo forman la falda blanca, el zagalejo en paño de varios colores, según la categoría social de la persona, la faltriquera, bolsillo interior, el manteo, el mandil bordado en seda o felpilla, según la categoría social, el jubón y el pañuelo del cuello, el pañuelo de la cabeza, distinto el de soltera del de casada, la mantilla y manto para ceremonias religiosas, las cintas y puntas blancas, los zapatos y las joyas arracadas o gargantillas, pendientes y anillos. Una excepción a esta tipología es el traje de las mayas, jóvenes danzantes, más vistoso y colorista que el tradicional de maragata, destacando el rojo, verde y blanco.